jueves, noviembre 27, 2003

La familia Serrat


 La familia Serrat

ISABEL OBIOLS
27 NOV 2003 - 00:00 CET

Dicen que madre no hay más que una, pero familias hay tantas como uno quiera conformar. O pueda, que hay veces en que los tiempos no parecen muy propicios al cultivo del arte de la amistad. La teoría de la familia adoptada -los hermanos de plástico, que dicen unos amigos- apareció ayer en la presentación del libro Joan Manuel Serrat (a los 60 años), escrito por la periodista Margarita Rivière, también de casi 60 años. La teoría la formuló otro periodista, Joan Barril, que afirmó tener algunos años menos y pertenecer, sin embargo, a una misma "sensibilidad"; a un mismo conjunto de afinidades electivas.

La información pura y dura de esta crónica diría que el libro en cuestión es una reedición actualizada de la biografía que Rivière dedicó a Serrat en 1998; que ha sido publicado por Algaba en una edición ilustrada con fotografías y precedida por un prólogo de Mario Benedetti, y que Rosa dels Vents ha sacado la traducción catalana, Serrat i la seva època (sin aparato fotográfico y sin prólogo de Benedetti).

A Margarita Rivière le habían encargado una de esas biografías 'personales' y el músico le entregó las letras de sus canciones

Una información más extensa sobre el acto de presentación diría que los primos Serrat, Rivière y Barril se encontraron en una de las salas del Palau de la Música Catalana de Barcelona en una celebración sencilla que terminó con un brindis con cava, como los buenos encuentros en familia; que los tres mostraron su preferencia por el color negro en sus respectivos ropajes y las gafas de trazos minimalistas, y que transmitieron a la concurrencia la sensación de estar en buena forma.

Tres datos que confirman esta última apreciación: la periodista sugirió la posibilidad de ir añadiendo epílogos al texto más o menos cada cinco años, el mismo lapso de tiempo que ha dejado pasar ahora; una asistente despistada preguntó en voz alta a su vecina si Barril iba a presentar uno de sus propios y frecuentes libros, y Serrat mismo explicó que se dedica a escribir, por una necesidad "higiénica", impresiones e historias sobre su propia vida para legarlas a sus hijos y nietos, aunque no para que sean publicadas en unas memorias.

Hay algo de memoria, sin duda, en el libro de Rivière a pesar de que no se trata de una biografía "personal" e "íntima", sino de una biografía "sobre los hechos". En este caso, un texto construido en buena parte a partir de las letras de las canciones de Serrat. Cuando empezó el trabajo, confesó la periodista y escritora, "no era una serratiana total". 

Le habían encargado una de esas biografías personales, fue a hablar con el músico y él, añadió, le entregó papeles con todas sus letras. En total, eran 245 canciones, y fue de allí de donde empezó a tirar del hilo. Cuando se ha puesto a escribir este epílogo que se cierra con un continuará... 

Serrat ya tiene 300 y sigue produciendo. Una de las últimas aportaciones es una nueva adaptación de Ara que tinc vint anys, la segunda tras aquella en que proclamó Fa vint anys que tinc vint anys. La nueva se titula Fa vint anys que dic que fa vint anys que tinc vint anys. Una cadena de títulos para una canción muy viva que ha provocado una errata -"un lapsus poético", según se encargó de apuntar el propio Serrat antes de que nadie lo mentara- en el prólogo de Benedetti, con quien colaboró en el disco El sur también existe.

"Los dos veníamos de mundos opuestos", recordó Margarita Rivière afinando un poco más la teoría de la familia extensa y transversal, "pero participamos de una misma revolución en la libertad de las costumbres, de pensamiento y de vestimenta". El libro traza un retrato de un personaje, pero también de un mundo y una época que él ha ido capturando pedazo a pedazo en sus discos a modo de cronista social, político, cultural y sentimental.

Hablando de esa generación que tenía 20 años en los sesenta, la de los Beatles y la de Serrat, la periodista dijo que quizá "la herencia más importante" que deje sea la de la música. Para empezar a apuntalar esa teoría un poco atrevida, constató que a Serrat se le está poniendo formato de clásico, tanto por una edición ilustrada como la presentada ayer, como por su último trabajo, el disco Serrat simfònic, que ha grabado con el director Joan Albert Amargós y la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya.

Joan Manuel Serrat -"el Serrat esponja, el Serrat catedral, el Serrat metro [de medir] y el Serrat cóctel seco y dulce" que definió Barril- explicó por qué escribe, como quien dice en secreto, sobre su vida. Lo hace, dijo, para que sus descendientes sepan "qué pensó y qué hizo" su padre; o sea, para la familia en sentido estricto. Cuando lo dice, cabe preguntarse si no habrá sido del todo sincero en las canciones que ha dejado a la familia extensa. 

Pero él mismo despejó las dudas al comentar las impresiones que tuvo cuando leyó por primera vez la biografía "sobre los hechos" de Rivière. Fue una mezcla de pudor y de recuerdos: "Lo abría y no lo podía leer seguido demasiado rato. 

Cada trozo me sugería y evocaba una cantidad de memoria que no podía digerir". Una señal, añadió, de que el libro de Rivière es "una guía perfecta" de sí mismo y de su memoria.