domingo, septiembre 02, 2001

RECUERDOS 2001 Entrevista con un músico excepcional. Ricardo Miralles, el alma sonora de Serrat

RECUERDOS 2001

Entrevista con un músico excepcional. Ricardo Miralles, el alma sonora de Serrat

El pianista y arreglador acompaña ahora a Alberto Cortez, pero siempre se lo recuerda como gran soporte del artista catalán

2 de Septiembre de 2001

¿Quién pudo haber olvidado -si lo escuchó alguna vez- el clima de aquellos primeros temas del disco de 1969 "Joan Manuel Serrat": "La paloma", "El titiritero", "Poco antes de que den las diez"? 
Quién no atesora todavía, tras el paso de tres décadas, canciones como "Tu nombre me sabe a hierba" (por Dios, no yerba , como reza en alguna recopilación ulterior), "En nuestra casa", "Balada de otoño", "Poema de amor" o "Mis gaviotas"?

Todas ellas llevan el sello Miralles. Ricardo Miralles, desde el piano, supo entretejer en aquellos fines de los años 60 y principios de los 70 miles de notas, cadencias y comentarios musicales junto con un grupo instrumental que sonaba como la mejor música de cámara en el reino de lo popular.

Miralles acompañaba a Serrat en su doble rol de pianista y director musical desde aquel ignoto disco en catalán "Per Sant Joan", hacia fines de los 60, hasta el de "Los bienaventurados", en la década del 80.
Habían producido el encantamiento de miles de jóvenes ansiosos de buena música y mejor poesía cuando apareció el disco "Dedicado a Antonio Machado, poeta", con "Cantares", "Retrato", "Las moscas", "La saeta", "A un olmo seco"... 

Desde entonces, todo el mundo gozó al corear aquellos versos del poeta andaluz: "Caminante, no hay camino/se hace camino al andar". Después llegarían nuevas y emblemáticas, como "De parto", "Arena y limo", "Decir amigo"...

Vendría más tarde el maravilloso "Para piel de manzana", con "El carrousel del Furo", "Conversando con la noche y con el viento", "A ese pájaro dorado", "La casita blanca", que nunca más nos regaló Serrat en sus recitales. Les seguiría "En tránsito", con "Una de piratas", "Porque la quería", "Las malas compañías", "No hago otra cosa que pensar en ti", "Hoy puede ser un gran día", que el músico poeta rescata a medias en sus encuentros con la gente que lo ama.

Una elección difícil
Hacia mediados de los 80 aparecerían "Cada loco con su tema" y las canciones "Algo personal", "De vez en cuando la vida" y "Sinceramente tuyo". 
Y, hacia el final, "El sur también existe", dedicado al uruguayo Mario Benedetti, donde disfrutaríamos de aquel irrepetible "Una mujer desnuda y en lo oscuro", precedido por "Hagamos un trato" y "Los formales y el frío"...

¿Con cuál quedarse de toda esa sorprendente, antológica temática hecha poesía y canción, que enriqueció como nadie el cancionero en español de todos los tiempos?
Ricardo Miralles lo sabe, seguramente, pero jamás lo ha de proclamar. 
Le basta con haber sostenido con inagotable imaginación ese maravilloso cancionero con su bagaje de testimonio, ternura, humor y lirismo.
Para emprender esa gesta, Miralles estaba preparado sin saberlo. El lo cuenta, a instancias de LA NACION.

"Estudié armonía, contrapunto y composición con el maestro Joaquín Zamaçois en el Conservatorio Municipal de Barcelona. 
Empecé a los 8 y estuve allí hasta los 18. Pero a los 15 ya había andado con la orquesta de fiestas de mi padre (trompetista que aún vive) por los pueblos. 
Recuerdo que casi siempre cerrábamos la actuación de esos bailes con tangos orquestales, pero por cierto "berretas". Empecé tocando también la trompeta, pero entre todos me llevaron al piano. La consolidación de aquel aprendizaje en el conservatorio la logré después de los 18, al tocar en salones nocturnos. 

En esa época conocí a Teté Montoliú. Oficié incluso de lazarillo. El desde el piano me impregnó del aroma jazzístico."
-Te tentó el jazz...
-Sí. Cuando ya tenía 20. Y toqué muchísimo en Barcelona y Madrid. 
Aprendí mucho de Pedro Iturralde y Clide Humpton, de gente americana en el Whisky 
Jazz Madrid y en el Tamboree de Barcelona. Era jazz moderno, aunque me interesa el tradicional, sólo para escucharlo. 

Llegó entonces a mi entorno, mientras estaba en Palma de Mallorca, el movimiento de la Nueva Cançó a través de Pi de la Serra, a quien había acompañado en un disco. 
Pi me presentó a Joan Manuel en aquel tiempo del servicio militar. 
Por ese tiempo había firmado contrato como director musical y asesor del sello Discofón, que se manejaba muy a la antigua. 
Fue una lucha. Yo apuntaba a la música de Miles Davis y ellos miraban para atrás. 
Pero fue una época muy bonita.

-¿Qué pasó con Joan Manuel?
-Pues que yo estaba de vacaciones en la Costa Brava y Teté acompañaba, improvisando, sobre lo que Joan Manuel hacía en guitarra. 
Allí vino el episodio de Eurovisión en el que, como tú sabes, Joan Manuel se negó a cantar en castellano. 
La repercusión de esto empujó más a la fama a Joan Manuel, que ya tenía prestigio. 

Y como Teté se dedicaba al jazz y Serrat precisaba un pianista me preguntaron si me interesaría acompañarlo. 
Dije que sí porque, además, se duplicaba el sueldo de lo que me pagaban en la discográfica. Allí empezó mi historia de veinte años con él.

-Y, enseguida, América latina...
-Enseguida. Entramos por Río de Janeiro, a un gran festival de la canción popular. El concursó con "Penélope", que lleva música de Calderón. 
Pues allí surgieron varios contratos. 
Era la época en que triunfaban Sandro y Piazzolla con su "Balada..." y con el quinteto que tenía con Agri, Manzi, Cacho Tirao y Kicho Díaz. 

Eso me dio vuelta la cabeza por su inspiración y su hondura. 
También me llegó lo de Salgán y su estilo mozartiano y juguetón junto a De Lío.
-Pero lo tuyo con Serrat ¿intuías que era algo trascendente?
-Eramos jóvenes y entre nosotros reinaba un clima cordial. 
Pero lo tomábamos como un juego mientras se trabajaba en los arreglos. 

Yo tenía un block con pentagramas y hacía mis anotaciones mientras él tocaba la guitarra y cantaba cada tema. 
Entonces no se grababa nada en cassettes, como hoy, sino que la cosa era personal y directa. 
Entonces me ponía a elaborar como me habían enseñado en el conservatorio. 

Como me gusta mucho la música clásica, algo había aprendido. Incluso había gente que me llamaba "el sinfónico", porque manejaba bien el sector de cuerdas. 
Yo decidía, porque tampoco había productor (que muchas veces no saben nada). 
Nos preguntábamos con Joan Manuel sobre esto o aquello; él proponía, yo también, y nos entendíamos. 

Yo buscaba la variedad tímbrica y de conceptos rítmicos y armónicos en los arreglos, a veces con varios aciertos, a veces con menos. 
Nunca hubo problemas. 
Respetábamos el trabajo de cada cual.

-¿Por qué y cuándo ocurrió tu ruptura con Serrat?
-No fue exactamente eso. Cuando se estaba gestando el disco "Material sensible" en la discográfica -no sé por influjo de quién (nunca se sabe)- me proponen la dirección artística, pero no el rol de arreglador. 
Esto me sorprendió y me di el gusto de decir que no.
Entonces nos separamos. 

Después Joan Manuel hizo "Utopía", "Sombras de la China"... con otros. 
Pero, eso sí, él siempre me manda, a través de su oficina, su último disco. 
El contacto no se perdió nunca. 
A tal punto que cuando murió José María Bardají, que arregló "Material sensible", el hijo me convocó al recital de homenaje a su padre pidiéndome que yo acompañara a Serrat porque a "papá, me dijo, le hubiera encantado". 
Fue entonces cuando a Joan Manuel le agarró esa angina.
-Vale decir que no tuviste disputas con Serrat.
-No tuve problemas con él. 
Cada artista tiene que cuidar su carrera. 

Por eso, seguramente él o su entorno decidieron que no haga yo los arreglos. 
Y yo no quise quedarme como simple director musical.
-Debe de haber sido fascinante verlos trabajar a los dos.
-Joan Manuel hacía sus canciones con su guitarra. 

Me preguntaba sobre algunos acordes algo raros y yo le explicaba. 
El tiene un talento innato para crear. 
Y yo estaba allí para despejar dudas. 
Yo siempre escribí para cada instrumento y luego venía el copista a pasarlo en las particellas. 
La exigencia era saber leer música. 

No como hacen los flamencos, que improvisan. 
Y lo hacen muy bien. 
Nosotros, en cada gira, fuimos cambiando la instrumentación. 
Desde el comienzo de una canción hasta los arreglos y ensayos pasaban dos meses y medio, generalmente.
El don de inventar

-De entre los discos ¿tienes alguno de tu preferencia?
-Si pienso en lo más logrado, me quedo con "El sur también existe". 
Lo que se logró allí tiene mucho valor. 
En un momento me sobrecogió esa canción por su significado. 
En realidad, no tengo muy presente todo. Tampoco soy dado a escuchar lo que hice. 
Sé que hay cosas que quedaron muy bonitas. Uno disfrutó con ese don de inventar melodías; sonaba muy fresco. 

Creo que con Joan Manuel me unía haber nacido en el mismo sitio y muchas otras coincidencias. 
Nunca tomamos lo nuestro como un trabajo. Yo lo asumí como cosa propia. 
No lo consideraba un encargo sino algo mío. 
En esa época estábamos muy lejos de lo que pedía el mercado discográfico. 
Nada tuvimos que ver con la exigencia de la moda. 
Además nunca me buscaron para estar en otra cosa. 

Sí me convocó, por ejemplo, Soledad Bravo para hacer un disco.
-¿A qué te consagraste en los últimos años?
-Desde 1989 me dediqué a la enseñanza en la Escuela de Música Creativa de Madrid. 
Allí venían muchos pianistas de la música clásica buscando adaptarse a la música popular. 
Por otro lado, formamos un dúo jazzístico contemporáneo con Horacio Icasto. 

Fue una época muy fructífera. 
Ofrecimos conciertos para televisión en "Jazz entre amigos". 
Con el jazz se hace poco dinero. 
De todos modos me encantaría hacer más cosas. 
En la enseñanza hay cosas implícitas pero olvidadas. Uno aprende enseñando. 
Yo veo en los jóvenes mucha técnica, mucha soltura, pero falta el concepto; no saben utilizar lo que han aprendido. 

Si uno estuviera bien pagado valdría la pena consagrarse a la enseñanza.
-¿Cómo se entabla tu vinculación con Alberto Cortez?
-En 1993 me llamaron para unas galas en España. Santiago Reyes estaba con Cortez. Allí surgió entonces "Lo Cortez no quita lo Cabral", con Facundo. 
Hicimos una gira por todo el país, desde Misiones hasta Ushuaia. Alberto es un tipo muy querido. 
En cuanto al trabajo, fue distinto que con Serrat. 
Aquí ya había arreglos hechos que yo podía retocar. Y me adapté. 
En estas giras últimas con Alberto tocamos con músicos de aquí. 

De lo que hicimos con Cortez, lo que más me place son los cinco discos de "Canciones desnudas".
-¿Compones?
-Compuse mucho para cine. 
Allí caben muchos estilos. 
Incluso en varios policiales para los que escribí. 
Por esto soy miembro de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas. 
Para eso debo pagar mi cuota... 

Llevo 21 películas. Una con José Sacristán. 
Me encanta la preparación de una película, las escenas, el montaje. 
Es un mundo lejos de la música popular, donde hay muchos cholulos. 
Traté de hacer el trabajo lo mejor posible. Creo que los directores españoles no son muy amantes de la música. 
Yo admiro el lenguaje contemporáneo sin llegar a la atonalidad.
Qué te hace feliz como músico?
-Entre otras cosas, el reconocimiento de la gente de mi profesión. 
Me tratan muy bien. Eso es lo mejor.

-¿Cómo asumes la música de América latina?
-Me gustan mucho el tango y el folklore, que han alcanzado una altura increíble, casi como la cubana o la brasileña. 
El tango tiene profundidades de la música clásica. Del folklore, me encanta el Cuchi Leguizamón. 
Para mí fue un honor estrecharle la mano. A él le gustó lo que hago en el piano.
-¿Tocas clásicos?
-Sí. Bach, Beethoven. 

Más que tocar, los leo. Sobre todo, el Clave bien temperado, de Bach, y las sonatas de Beethoven. 
También me interesan Bela Bartok, Ravel, Mahler, Shostakovich, Schoenberg, Messiaen, Penderecki. Las vanguardias me atraen siempre.

René Vargas Vera

domingo, abril 23, 2000

Los amores furtivos de la Casita Blanca.



Los amores furtivos de la Casita Blanca.

En el día de Sant Jordi de 2000 pasaron por sus camas 33 parejas
El libro contable hallado tiene 335 páginas, una por día hasta noviembre del primer bisiesto del siglo XXI

HÉCTOR MARÍN@HMarin8
12/11/2016 04:30

Durante la Nochevieja que dio paso al nuevo milenio, mientras todas las multinacionales del mundo contaban con expertos informáticos preparados para un posible colapso llamado efecto 2000, el meublé (amueblado) más famoso de España hizo su mayor facturación del año: 1.061.100 pesetas (algo más de 6.000 euros de hoy). Una cantidad en la que ya están descontadas las 1.000 pesetas en comisiones para los taxistas por llevar a algunas de las 120 parejas que celebraron el cambio de año en el más legendario de los establecimientos en el que se alquilaban habitaciones por horas para que las parejas tuvieran sexo con todas las garantías de anonimato.

El 23 de abril del 2000, día de Sant Jordi, en el que los enamorados se regalan rosas y libros en Cataluña, la Casita Blanca facturó 282.650 pesetas. De las 33 parejas que aquel día se acostaron en el meublé decano de Barcelona, 24 llegaron en coche, una en moto, cinco en taxi y tres a pie, que entraron por la puerta trasera, la de la calle Bolívar.

Es infrecuente poder tener acceso a un libro de contabilidad de un meublé (la Casita Blanca en este caso), un espacio arraigado a la memoria histórica de Barcelona que ha generado literatura, abundantes leyendas urbanas, dos películas (una de Sílvia Munt; otra de Carles Balagué) y una canción de Joan Manuel Serrat. Atesora uno de estos volúmenes contables el Museu d'Història de Barcelona (Muhba). Es el único que pervive. Y su lectura, comprueba Crónica, es un viaje por el estilo y la conducta de la infidelidad de una Barcelona quizás hoy desaparecida.

Es indudable que a la Casita Blanca, antes de ser expropiada y derribada por el Ayuntamiento en enero de 2011, acudían también parejas estables, ya fuera por cumplir una vieja fantasía o por romper la rutina, pero la mayoría eran amores furtivos: un ejecutivo con su secretaria, la vecina del ático con el del tercero... Un buen meublé es un lugar en el que los infieles no verán ni serán vistos por otros. El término, que puede remitir a algo ilegal y trasnochado propio del siglo XX, es el origen de los actuales hoteles para parejas o Love hotelsen los que se practica sexo extraconyugal.

La condena de Al Capone fue su contable. Por evasión fiscal fue apresado y se supo todo. Ahora son unos viejos documentos de contabilidad los que muestran los secretos más inconfesables del gran nido del amor clandestino de la Ciudad Condal. Las hojas contables de la Casita están anilladas a un carpesano Centauro rojo. El tomo está descolorido. Recoge el tránsito al detalle de amantes durante 11 meses. Es la contabilidad del año 2000 -el último de las pesetas- de enero a noviembre. Tiene 335 páginas. A una por día de un año bisiesto en que faltaba el mes de diciembre. Es la impresión de un programa de contabilidad. La jornada está dividida en turnos de trabajo. En las casillas taxis, Bolívar, motos y coches está anotada con detalle la entrada de los clientes. La administración recoge también las categorías de las habitaciones alquiladas y las consumiciones del bar: la X (por xampany, champán) valía 3.000 pesetas, la W (whisky) salía por 1.200, la R (refrescos y cervezas) costaba 450 y una misteriosa B tenía un precio de 3.500. En la última columna estaba la recaudación. Funcionaba como un reloj suizo.

Barcelona recordará la Casita como un lugar de empleados hieráticos concentrados en proporcionar discreción a la aventura extramatrimonial de una noche. Un espacio donde un juego de cortinas permitía ocultar el coche antes de que un laberinto, con una secuencia de puertas, evitara que las parejas se topasen con nadie en los pasillos o el minúsculo ascensor. Una finca de decoración burguesa y aire señorial en la que los ceniceros llevaban el escudo de la empresa. Un establecimiento pulcro que ofrecía a sus clientes colonia sin olor para evitar que la fragancia pudiera delatarlos en casa. El objetivo era que el visitante tuviera certeza de la intimidad. Tanto confiaba el cliente en el local, que el negocio duró un siglo tras sobrevivir a la Guerra Civil y al franquismo.

Era un negocio que empezó como marisquería con derecho a siesta o lo que se terciara. Mientras en la primera planta se degustaban mejillones a la marinera, las parejas se echaban en las camas de la segunda tras la comilona. El mítico edificio, ya sin marisco, fue construido en 1912. "La revolución tiene el Fossar de les moreres, el artu tuvo y vuelve a tener al Liceu, el amor inconfesable tiene la Casita Blanca", escribió un cronista barcelonés de la época. La frase quedó recogida en la página web del establecimiento, que sigue operativa y redirige a otros meublés y hoteles.

Mediodías y tardes eran las franjas más animadas de lunes a jueves, según el libro. Pero la verdadera euforia se desataba durante las noches del fin de semana. Los viernes y sábados la actividad del juego de tres botones de la mesilla de noche -para pedir algo al camarero, para salir, para solicitar un taxi- se trasladaba de la hora de la comida a la de la cena. Dos turnos se juntaban en uno durante las horas centrales del día en el fin de semana, de poca actividad. El precio de la habitación era, el año 2000, de 4.700 pesetas, menos que en un hotel. Existían cartones promocionales que, una vez sellados varias veces, proporcionaban un descuento de 2.300 pesetas.

La recaudación caía en picado los domingos. Las tardes de futbol no fueron especialmente fuertes para el centenario negocio en sus últimos coletazos. Aunque no siempre fue así: hubo un tiempo en el que un panel informaba de los resultados de la jornada de Liga para que los maridos, al volver a cenar a casa los domingos, pudieran decir a sus mujeres: "¡Ha ganado el Barça con un golazo de Kubala!".

El sábado del clásico Barcelona-Real Madrid del 21 de octubre del 2000, en el que Luis Figo volvió al Camp Nou como rival y se le dio la bienvenida con una cabeza de gorrino, 174 parejas pasaron por la Casita y la caja superó las 721.500 pesetas, incluidas propinas (6.900) y consumiciones (78.750), según averiguó el cronista barcelonés Carles Cols. El libro de contabilidad demuestra que en los meublés conviene llevar las cuentas con pulcritud para evitar problemas con el fisco y daños colaterales: si se publica que Hacienda los investiga, puede que haya clientes que dejen de aparecer por temor a toparse con un inspector. El volumen de la Casita fue localizado por trabajadores del Muhba.

Entraron con linternas en la oscuridad del inmueble, ubicado cerca de la plaza Lesseps, en el distrito de Gràcia. Era el 4 de abril de 2011. Encabezaba la incursión Josep Bracons. Las habitaciones estaban desvencijadas. Faltaban grifos, colchones, pantallas de televisión, piezas que aparecieron después a la venta en el mercado de los Encantes. Lo mejor se lo habían llevado propietarios y trabajadores. Tras atravesar un espacio laberíntico, se encontraron en el sótano el taller de mantenimiento. Prácticamente, una ferretería: "Casillas y etiquetas de todos los recambios posibles para reparar cualquier avería sin tener que llamar al fontanero del barrio y evitar el riesgo de que cotilleara sobre lo visto", relata Bracons. Iban en busca de objetos para la colección de actualidad del museo. Se centraron en los porticones de la finca, iconos de la discreción y estimuladores de la imaginación del transeúnte. Sin suerte. Cuando ya parecía que habían perdido el viaje, ocurrió lo impensable: accedieron a las oficinas de la Casita y, entre sacos de documentos de papel pasados por la trituradora por orden de los dueños, hallaron un libro olvidado de contabilidad.

Poco se conoce de la sociología del cliente del meublé más famoso de Barcelona. Manda la discreción. Se dice que en su mayoría eran de mediana edad y clase media-alta pero lo único que se sabe con certeza es que, tras el fin de la actividad, algunos siguieron acudiendo durante semanas al establecimiento para alquilar una habitación porque ignoraban que el Ayuntamiento lo había cerrado. El solar de aquella finca lo ocupan hoy un parque y un mural, sin honores para un espacio inolvidable.

El volumen del histórico meublé rescatado por el museo supone el fin de una época. En Barcelona, que concentra el mayor número de este tipo de establecimientos en nuestro país, destacan ahora los meublés El Regàs, La Paloma y La França. Pero el hallazgo de las cuentas de La Casita, tras el cierre de El Pedralbes por dificultades económicas, es el epílogo a un tiempo de mitad del siglo pasado en el que eran habituales los atracos a meublés por la sencilla razón de que nadie denunciaba: el bandido sorprendía al hombre en calzoncillos en brazos de su amante.

'Y en sus pasillos extravió unos calzoncillos'

(Letra de la canción de Joan Manuel Serrat)

En ese abrevadero

amable y romántico,

el amor fue amo y señor

y hoy bajo su alero

no anidan más pájaros

que las palomas donde da el sol. /

Quizá le llamaban La Casita Blanca

por tener terraza de sábana inquieta

o quizá porque

el amor furtivo

tiene ojos de amigo

y pluma de poeta

y en sus pasillos

extravió unos calzoncillos. /

Cuidó gentilmente

y por un precio módico

aquel desliz madrugador,

cuando ella con la compra

y usted con el periódico

desayunaban incierto amor

o cuando una boca murmuró al oído

el lenguaje tibio de la ropa blanca. /

Cuando los bolsillos

rebosaban besos.

La Casita Blanca

le proporcionaba

algo discreto

donde encerrar un secreto. /

Un mundo de espejos

a media luz pálida

y un perfume familiar

que se acurrucan contra

la puerta metálica

que ha clausurado la autoridad. /

Los vecinos hablan... Las brujas retozan...

y un par de pichones huye al descampado

y un viejo ex cliente,

pura sensatez,

hace bloques de

pisos amueblados

en un tono rosa. /

Pero aquello era otra cosa.

viernes, agosto 20, 1999

RECUERDOS 1999 RICARDO MIRALLES, ARREGLADOR DEL CANTAUTOR CATALAN DURANTE 20 AÑOS


 RECUERDOS 1999

RICARDO MIRALLES, ARREGLADOR DEL CANTAUTOR CATALAN DURANTE 20 AÑOS

No era sencillo comunicarse con Serrat
Actualmente es el director musical del show Cortezías y Cabralidades. 
Además de prestigioso arreglador, es un gran pianista y compositor. 
Aquí, cuenta por qué dejó de trabajar con Serrat.

20/08/1999 - 0:00 

Para que toda mesa se sostenga, hacen falta tres patas. 
En el caso del espectáculo que protagonizan Alberto Cortéz y Facundo Cabral, el sostén musical lo provee nada menos que Ricardo Miralles. 
Que es pianista, compositor y uno de los mejores arregladores del mundo. 

Así lo demuestran, por dar sólo un ejemplo de su tremendo currículum, sus veinte años y discos con un tal Joan Manuel Serrat, de cuya gloria y sonido fue pieza clave. 
De su relación con Serrat le quedó un prestigio intacto y un cierto sabor amargo.
Fueron veinte años juntos, hasta el 89. 

Desde entonces nos hemos visto muy poco. 
Y mantenemos una relación distante pero cordial. 
Eramos jóvenes. 
Si nos hubiéramos conocido ahora hubiese sido más fácil la relación. 
Me sentí un poco defraudado, porque puse la misma energía y amor que si hubiese sido para mí. 

Pero hubo muy buenas cosas, por encima de discusiones de juventud en que no estoy seguro de haber tenido siempre razón. 
Creo que, cuando yo estaba con él, el trabajo estaba mejor terminado que lo de ahora, que me parece un poquito... plano. 
El mío era un trabajo diferente.
Por qué era diferente?
Por mi estilo. 
Mi manera de trabajar, mi personalidad. 

Me siento orgulloso de que mi estilo se reconozca al escucharlo. 
A lo mejor he escrito más para los músicos que para la gente que compra discos. 
Pero Joan Manuel no tenía tanto interés en lo musical. 
Nunca fue muy demostrativo: si no se quejaba es que estaba todo bien.
No siempre se comprende el rol y el aporte que pueden hacer algunos arregladores.

Si hay un país latino que sabe qué es un arreglador, es Argentina. 
En España no está tan claro. 
Allí se confunde con productor. 
Y han desaparecido los arreglos desde que los teclados y las PC están en manos de cualquiera. 
Hay poca exigencia. 
Se hacen canciones con tres tonos y arreglos para la hermana. 
Antes alguien tenía que crear un acompañamiento. 

Un servicio artesanal para que la gente cante encima, bien o mal. 
Antes lo hacían músicos. 
Y ahora, cualquiera con una computadora.
Desde que los caminos de Serrat y Miralles se bifurcaron, nada volvió a sonar igual para el poeta catalán. 

Pero Miralles -55 años, un matrimonio con una profesora de filología inglesa y tres hijos- sigue siempre adelante sin mirar atrás

.¿Cómo hacés para arreglar un tema?
En general me lo pasan en un casete.
Entonces lo oigo, lo desgrabo y me siento al piano a tocar sobre el tema. 
Luego agarro papel. 
Quizás escriba una introducción, y tiro para adelante: armo una parte de piano, apunto los contracantos y la armonía, y finalmente orquesto según el tipo de canción, su estética y su texto.

No debe ser fácil estar trabajando para alguien que no aprecia o sintoniza tu arte...
Bueno, cuando ves que la canción dio para hacer volar el rollo melódico, y que la voz no entra en su sitio, que no le da y... te hace mal.
Hablando de arregladores, Miralles evoca al Peter Rugolo de Stan Kenton, al Michel Legrand de la primera época, a Gil Evans, Don Sebesky y algún otro.
Chico Buarque me parece el cantautor más grande de toda la historia de la canción. También me gustan mucho Jaques Brel, Gilbert Becaud o George Brassens

.¿Qué es finalmente un arreglador?

Un arreglista es un músico que en lugar de escribir obras, escribe arreglos. 
No hay que hacer nada raro, y ponerse al servicio de la canción. 
Se puede ser novedoso pero no extraño. 
En los 70 había mucho trabajo para arregladores, tanto que había individuos que decían que sí a cuatro discos a la vez, y así no puedes cumplir con nada. 
A veces veo arreglos que ni sacan la melodía, ponen los acordes del compositor y el título en letra gótica. 
No es justo ni honrado que eso se cobre como arreglo

.¿No querés hacer algún disco solo?

Cuando se hacen cosas para lo demás, si ponés mucho, también estás haciendo tu música. 
No siento la necesidad de proyectarme en ese sentido. 
Pero si sale un encargo, se hace. han salido y hecho, como sus obras para piano, cuartetos o las Tres piezas para grupo de cámara, estrenada en Londres en 1994. 
Pero no puedes escribir pensando en la posteridad mientras te espera la familia, desliza. 
También escribió música para más de veinte películas, y es miembro de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de España.

La primera vez que vine a la Argentina fue en el 69. 
Escuché a Piazzolla en el Regina. Quedé impresionado. Y lo mismo con Salgán. 
Mi padre tenía una orquesta: al final de una fiesta de pueblo, los músicos tocaban tres o cuatro tangos, con batería y todo. 
Pero hasta que no vine aquí no sabía qué tenía esa música de viveza
.¿Y qué pensás de músicos clásicos como Daniel Barenboim haciendo tango?
Es un acercamiento a lo popular que me enternece. 
Significa que quiere la música de su país y le reconoce su valía que, vamos, ha demostrado gente como Salgán o Piazzolla.

En fin, difícil la posición del arreglador.
Por ejemplo, Joan Manuel sabía lo que quería pero no la manera de transmitirlo. 
Era muy difícil la comunicación. 
Pero tengo que agradecerle que en contra de las casas de discos defendió mucho mi trabajo. 
Porque cuando las cosas no van muy bien, el artista nunca tiene la culpa, sino los de atrás. En un momento lo mío parecía estorbar. 

Pude haberme quedado, pero para ir por el mundo trabajando tengo que hacer mi música. 
Me di el gusto de irme antes que seguir cobrando por no hacer lo mismo. 
Pero me sentía mal en el escenario tocando ciertas cosas, con sequencer y esas mierdas, como apretar un botón al marcar cuatro. 
Me fui, y ahora estoy encantado. 
Pero no suelo escuchar mis discos. 
Coño, a veces me averguenzo. Pero otras me digo: esto no está tan mal.

ElClarin

RECUERDOS 1999 RICARDO MIRALLES, ARREGLADOR DEL CANTAUTOR CATALAN DURANTE 20 AÑOS


 RECUERDOS 1999

RICARDO MIRALLES, ARREGLADOR DEL CANTAUTOR CATALAN DURANTE 20 AÑOS

No era sencillo comunicarse con Serrat
Actualmente es el director musical del show Cortezías y Cabralidades. 
Además de prestigioso arreglador, es un gran pianista y compositor. 
Aquí, cuenta por qué dejó de trabajar con Serrat.

20/08/1999 - 0:00 

Para que toda mesa se sostenga, hacen falta tres patas. 
En el caso del espectáculo que protagonizan Alberto Cortéz y Facundo Cabral, el sostén musical lo provee nada menos que Ricardo Miralles. 
Que es pianista, compositor y uno de los mejores arregladores del mundo. 

Así lo demuestran, por dar sólo un ejemplo de su tremendo currículum, sus veinte años y discos con un tal Joan Manuel Serrat, de cuya gloria y sonido fue pieza clave. 
De su relación con Serrat le quedó un prestigio intacto y un cierto sabor amargo.
Fueron veinte años juntos, hasta el 89. 

Desde entonces nos hemos visto muy poco. 
Y mantenemos una relación distante pero cordial. 
Eramos jóvenes. 
Si nos hubiéramos conocido ahora hubiese sido más fácil la relación. 
Me sentí un poco defraudado, porque puse la misma energía y amor que si hubiese sido para mí. 

Pero hubo muy buenas cosas, por encima de discusiones de juventud en que no estoy seguro de haber tenido siempre razón. 
Creo que, cuando yo estaba con él, el trabajo estaba mejor terminado que lo de ahora, que me parece un poquito... plano. 
El mío era un trabajo diferente.
Por qué era diferente?
Por mi estilo. 
Mi manera de trabajar, mi personalidad. 

Me siento orgulloso de que mi estilo se reconozca al escucharlo. 
A lo mejor he escrito más para los músicos que para la gente que compra discos. 
Pero Joan Manuel no tenía tanto interés en lo musical. 
Nunca fue muy demostrativo: si no se quejaba es que estaba todo bien.
No siempre se comprende el rol y el aporte que pueden hacer algunos arregladores.

Si hay un país latino que sabe qué es un arreglador, es Argentina. 
En España no está tan claro. 
Allí se confunde con productor. 
Y han desaparecido los arreglos desde que los teclados y las PC están en manos de cualquiera. 
Hay poca exigencia. 
Se hacen canciones con tres tonos y arreglos para la hermana. 
Antes alguien tenía que crear un acompañamiento. 

Un servicio artesanal para que la gente cante encima, bien o mal. 
Antes lo hacían músicos. 
Y ahora, cualquiera con una computadora.
Desde que los caminos de Serrat y Miralles se bifurcaron, nada volvió a sonar igual para el poeta catalán. 

Pero Miralles -55 años, un matrimonio con una profesora de filología inglesa y tres hijos- sigue siempre adelante sin mirar atrás

.¿Cómo hacés para arreglar un tema?
En general me lo pasan en un casete.
Entonces lo oigo, lo desgrabo y me siento al piano a tocar sobre el tema. 
Luego agarro papel. 
Quizás escriba una introducción, y tiro para adelante: armo una parte de piano, apunto los contracantos y la armonía, y finalmente orquesto según el tipo de canción, su estética y su texto.

No debe ser fácil estar trabajando para alguien que no aprecia o sintoniza tu arte...
Bueno, cuando ves que la canción dio para hacer volar el rollo melódico, y que la voz no entra en su sitio, que no le da y... te hace mal.
Hablando de arregladores, Miralles evoca al Peter Rugolo de Stan Kenton, al Michel Legrand de la primera época, a Gil Evans, Don Sebesky y algún otro.
Chico Buarque me parece el cantautor más grande de toda la historia de la canción. También me gustan mucho Jaques Brel, Gilbert Becaud o George Brassens

.¿Qué es finalmente un arreglador?

Un arreglista es un músico que en lugar de escribir obras, escribe arreglos. 
No hay que hacer nada raro, y ponerse al servicio de la canción. 
Se puede ser novedoso pero no extraño. 
En los 70 había mucho trabajo para arregladores, tanto que había individuos que decían que sí a cuatro discos a la vez, y así no puedes cumplir con nada. 
A veces veo arreglos que ni sacan la melodía, ponen los acordes del compositor y el título en letra gótica. 
No es justo ni honrado que eso se cobre como arreglo

.¿No querés hacer algún disco solo?

Cuando se hacen cosas para lo demás, si ponés mucho, también estás haciendo tu música. 
No siento la necesidad de proyectarme en ese sentido. 
Pero si sale un encargo, se hace. han salido y hecho, como sus obras para piano, cuartetos o las Tres piezas para grupo de cámara, estrenada en Londres en 1994. 
Pero no puedes escribir pensando en la posteridad mientras te espera la familia, desliza. 
También escribió música para más de veinte películas, y es miembro de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de España.

La primera vez que vine a la Argentina fue en el 69. 
Escuché a Piazzolla en el Regina. Quedé impresionado. Y lo mismo con Salgán. 
Mi padre tenía una orquesta: al final de una fiesta de pueblo, los músicos tocaban tres o cuatro tangos, con batería y todo. 
Pero hasta que no vine aquí no sabía qué tenía esa música de viveza
.¿Y qué pensás de músicos clásicos como Daniel Barenboim haciendo tango?
Es un acercamiento a lo popular que me enternece. 
Significa que quiere la música de su país y le reconoce su valía que, vamos, ha demostrado gente como Salgán o Piazzolla.

En fin, difícil la posición del arreglador.
Por ejemplo, Joan Manuel sabía lo que quería pero no la manera de transmitirlo. 
Era muy difícil la comunicación. 
Pero tengo que agradecerle que en contra de las casas de discos defendió mucho mi trabajo. 
Porque cuando las cosas no van muy bien, el artista nunca tiene la culpa, sino los de atrás. En un momento lo mío parecía estorbar. 

Pude haberme quedado, pero para ir por el mundo trabajando tengo que hacer mi música. 
Me di el gusto de irme antes que seguir cobrando por no hacer lo mismo. 
Pero me sentía mal en el escenario tocando ciertas cosas, con sequencer y esas mierdas, como apretar un botón al marcar cuatro. 
Me fui, y ahora estoy encantado. 
Pero no suelo escuchar mis discos. 
Coño, a veces me averguenzo. Pero otras me digo: esto no está tan mal.

ElClarin

domingo, diciembre 27, 1998

CON ALLENDE SIEMPRE… (1998)



 CON ALLENDE SIEMPRE… (1998)
27/dic/2016

Alfredo Sant -Jean Domic
Foto 1 : Serrat

Con Allende siempre…” fue el nombre escogido para la jornada, realizada en el Estadio Nacional el viernes 4 de septiembre de 1998. Esta vez se trató de la conmemoración de los 25 años de la muerte del Presidente, frente a un gran marco de público de unas sesenta mil personas presentes en el coliseo deportivo. Actuaron quince artistas y conjuntos de Chile, Argentina y España. Desde este último país llegó el trío entre Ana Belén, Víctor Manuel y Joan Manuel Serrat, ya reconocidos como elenco luego de su gira internacional “El gusto es nuestro”, compartida con su colega Miguel Ríos. Y también desde España llegó María del Mar Bonet, cantautora de la escena catalana.

Por Chile pusieron las canciones artistas como Congreso y el elenco entre los hermanos Isabel y Ángel Parra, así como sus respectivas hijas Tita y Javiera Parra. Y no sólo música hubo en el programa, en el cual también se hicieron presentes el actor Franklin Caicedo y el poeta Raúl Zurita. Más avanzada la jornada salieron a escena el fundamental cantante y autor Patricio Manns, el cantautor argentino Piero, el grupo de hip-hop Tiro de Gracia como únicos representantes de una nueva generación, los siempre populares Sol y Lluvia, el rockero y cantante argentino León Gieco y, para el cierre, Isabel Aldunate, una de las voces emblemáticas del movimiento del Canto Nuevo de los ’70 y ‘80.

Los invitados dijeron:
“El homenaje a Allende representa, más que una militancia que uno tenga hoy en día, el homenaje a una persona inteligente, profunda, generosa. Hay una cosa de ideales que están abrazados, que son más importantes que las personas. Creo que es un acto que sobre todo está caracterizado por una gran generosidad: recuperar valores positivos” (Horacio Durán, de Inti-Illimani, La Segunda, viernes 4 de septiembre de 1998).

“Desde hace muchísimos años que me siento unido a Chile, específicamente desde el año 71 cuando estuve en el Festival de Viña y tuve la oportunidad de saludar al Presidente, en Valparaíso. He sabido todas las peripecias de este pueblo, he llorado con sus penas y he reído con sus alegrías durante muchos años. Y aquí estoy” (Víctor Manuel, El Mercurio, viernes 4 de septiembre de 1998).

La prensa dijo:

Foto 2: En grupo tocando

El aval de su viajado tour ‘El gusto es nuestro’ permitió a Ana Belén, Víctor Manuel y al propio Serrat montar un espectáculo más ambicioso […] Los cantantes españoles volvieron a demostrar su oficio en melodías probadas como ‘Toca madera’ o ‘Contamíname’. Y aunque el trío dejó guardadas canciones más alusivas a Chile y Allende, un viejo hit como ‘Tu nombre me sabe a hierba’ los llevó de vuelta a los mismos primeros años ‘70 homenajeados en la jornada, redondeando un cuadro de época con aire a revista ‘Ritmo’ más que a Editorial Quimantú. 

La presencia del longevo grupo Congreso fue una acertada muestra del rumbo metafórico que debió adoptar la canción disidente en Chile desde 1973 en adelante, y el tono melancólico de una melodía como ‘Vuelta y vuelta’ fue la mejor instantánea de la época. Pero una mayor contingencia acabó de instalarse con la familia Parra y el perfil de un canto claramente más afilado por el exilio. 

Sólo provistos de guitarras, Isabel, Tita, Angel (padre e hijo) y Javiera Parra mostraron un programa hecho de saludos a Allende que, pese a la fiesta de cueca chora de ‘El chute Alberto’, puso en juego un cohesionado espíritu de canción contestataria” (David Ponce, El Mercurio, sábado 5 de septiembre de 1998).


sábado, octubre 24, 1998

RECUERDOS 1998 SERRAT LE CANTA A LA PRINCESA


 RECUERDOS 1998
SERRAT LE CANTA A LA PRINCESA

Joan Manuel Serrat es el contador de historias por excelencia, en sus canciones la frontera entre la poesía y la canción no es muy clara: en eso coinciden poetas y músicos. Por eso, cada disco suyo es una buena noticia.
Esta vez el disco se llama Sombras chinas a partir de hoy se encuentra en todas las tiendas de discos del país.

Por: REDACCION EL TIEMPO
21 de septiembre 1998, 12:00 a. m

Este compacto, según el escritor Joan Barril, se hizo a fuego lento. Es un disco de matices, porque la mirada de Serrat, con el tiempo, es como la mirada calidoscópica de la mosca o como la mirada certera del águila .

La carta de presentación de Sombras chinas es Princesa, una canción en la que se evidencia el paso del tiempo, donde el catalán ya no es el joven enamorado que trata de seducir a una bella mujer, sino el padre preocupado que ve salir a su hija de la casa.

En su nuevo disco Serrat evidencia el paso del tiempo, un disco para los que fueron jóvenes con Mediterráneo y aceptaron el paso del tiempo con Utopía.

miércoles, enero 04, 1995

jueves, julio 14, 1994

RECUERDO 1994 Serrat llega a Chile



RECUERDO 1994 Serrat llega a Chile

Serrat ha mantenido una larga relación con Chile. Éste es un recuerdo de su llegada al país en el año 1994.

jueves, abril 21, 1994

1994 Serrat - Chile

Serrat año 1994 - Chile

Serrat ha mantenido una larga relación con Chile. Éste es un recuerdo de su llegada al país en el año 1994.

jueves, agosto 20, 1992

RECUERDOS 1999 RICARDO MIRALLES, ARREGLADOR DEL CANTAUTOR CATALAN DURANTE 20 AÑOS


RECUERDOS 1999

RICARDO MIRALLES, ARREGLADOR DEL CANTAUTOR CATALAN DURANTE 20 AÑOS

No era sencillo comunicarse con Serrat
Actualmente es el director musical del show Cortezías y Cabralidades. 
Además de prestigioso arreglador, es un gran pianista y compositor. 
Aquí, cuenta por qué dejó de trabajar con Serrat.

20/08/1999 - 0:00 

Para que toda mesa se sostenga, hacen falta tres patas. 
En el caso del espectáculo que protagonizan Alberto Cortéz y Facundo Cabral, el sostén musical lo provee nada menos que Ricardo Miralles. 
Que es pianista, compositor y uno de los mejores arregladores del mundo. 

Así lo demuestran, por dar sólo un ejemplo de su tremendo currículum, sus veinte años y discos con un tal Joan Manuel Serrat, de cuya gloria y sonido fue pieza clave. 
De su relación con Serrat le quedó un prestigio intacto y un cierto sabor amargo.
Fueron veinte años juntos, hasta el 89. 

Desde entonces nos hemos visto muy poco. 
Y mantenemos una relación distante pero cordial. 
Eramos jóvenes. 
Si nos hubiéramos conocido ahora hubiese sido más fácil la relación. 
Me sentí un poco defraudado, porque puse la misma energía y amor que si hubiese sido para mí. 

Pero hubo muy buenas cosas, por encima de discusiones de juventud en que no estoy seguro de haber tenido siempre razón. 
Creo que, cuando yo estaba con él, el trabajo estaba mejor terminado que lo de ahora, que me parece un poquito... plano. 
El mío era un trabajo diferente.
Por qué era diferente?
Por mi estilo. 
Mi manera de trabajar, mi personalidad. 

Me siento orgulloso de que mi estilo se reconozca al escucharlo. 
A lo mejor he escrito más para los músicos que para la gente que compra discos. 
Pero Joan Manuel no tenía tanto interés en lo musical. 
Nunca fue muy demostrativo: si no se quejaba es que estaba todo bien.
No siempre se comprende el rol y el aporte que pueden hacer algunos arregladores.

Si hay un país latino que sabe qué es un arreglador, es Argentina. 
En España no está tan claro. 
Allí se confunde con productor. 
Y han desaparecido los arreglos desde que los teclados y las PC están en manos de cualquiera. 
Hay poca exigencia. 
Se hacen canciones con tres tonos y arreglos para la hermana. 
Antes alguien tenía que crear un acompañamiento. 

Un servicio artesanal para que la gente cante encima, bien o mal. 
Antes lo hacían músicos. 
Y ahora, cualquiera con una computadora.
Desde que los caminos de Serrat y Miralles se bifurcaron, nada volvió a sonar igual para el poeta catalán. 

Pero Miralles -55 años, un matrimonio con una profesora de filología inglesa y tres hijos- sigue siempre adelante sin mirar atrás

.¿Cómo hacés para arreglar un tema?
En general me lo pasan en un casete.
Entonces lo oigo, lo desgrabo y me siento al piano a tocar sobre el tema. 
Luego agarro papel. 
Quizás escriba una introducción, y tiro para adelante: armo una parte de piano, apunto los contracantos y la armonía, y finalmente orquesto según el tipo de canción, su estética y su texto.

No debe ser fácil estar trabajando para alguien que no aprecia o sintoniza tu arte...
Bueno, cuando ves que la canción dio para hacer volar el rollo melódico, y que la voz no entra en su sitio, que no le da y... te hace mal.
Hablando de arregladores, Miralles evoca al Peter Rugolo de Stan Kenton, al Michel Legrand de la primera época, a Gil Evans, Don Sebesky y algún otro.
Chico Buarque me parece el cantautor más grande de toda la historia de la canción. También me gustan mucho Jaques Brel, Gilbert Becaud o George Brassens

.¿Qué es finalmente un arreglador?

Un arreglista es un músico que en lugar de escribir obras, escribe arreglos. 
No hay que hacer nada raro, y ponerse al servicio de la canción. 
Se puede ser novedoso pero no extraño. 
En los 70 había mucho trabajo para arregladores, tanto que había individuos que decían que sí a cuatro discos a la vez, y así no puedes cumplir con nada. 
A veces veo arreglos que ni sacan la melodía, ponen los acordes del compositor y el título en letra gótica. 
No es justo ni honrado que eso se cobre como arreglo

.¿No querés hacer algún disco solo?

Cuando se hacen cosas para lo demás, si ponés mucho, también estás haciendo tu música. 
No siento la necesidad de proyectarme en ese sentido. 
Pero si sale un encargo, se hace. han salido y hecho, como sus obras para piano, cuartetos o las Tres piezas para grupo de cámara, estrenada en Londres en 1994. 
Pero no puedes escribir pensando en la posteridad mientras te espera la familia, desliza. 
También escribió música para más de veinte películas, y es miembro de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de España.

La primera vez que vine a la Argentina fue en el 69. 
Escuché a Piazzolla en el Regina. Quedé impresionado. Y lo mismo con Salgán. 
Mi padre tenía una orquesta: al final de una fiesta de pueblo, los músicos tocaban tres o cuatro tangos, con batería y todo. 
Pero hasta que no vine aquí no sabía qué tenía esa música de viveza
.¿Y qué pensás de músicos clásicos como Daniel Barenboim haciendo tango?
Es un acercamiento a lo popular que me enternece. 
Significa que quiere la música de su país y le reconoce su valía que, vamos, ha demostrado gente como Salgán o Piazzolla.

En fin, difícil la posición del arreglador.
Por ejemplo, Joan Manuel sabía lo que quería pero no la manera de transmitirlo. 
Era muy difícil la comunicación. 
Pero tengo que agradecerle que en contra de las casas de discos defendió mucho mi trabajo. 
Porque cuando las cosas no van muy bien, el artista nunca tiene la culpa, sino los de atrás. En un momento lo mío parecía estorbar. 

Pude haberme quedado, pero para ir por el mundo trabajando tengo que hacer mi música. 
Me di el gusto de irme antes que seguir cobrando por no hacer lo mismo. 
Pero me sentía mal en el escenario tocando ciertas cosas, con sequencer y esas mierdas, como apretar un botón al marcar cuatro. 
Me fui, y ahora estoy encantado. 
Pero no suelo escuchar mis discos. 
Coño, a veces me averguenzo. Pero otras me digo: esto no está tan mal.

ElClarin

lunes, junio 22, 1992

1992 Serrat y Millares


1992 Serrat y Millares

Ahora ya sé por que esta foto dice que interrumpió a Serrat y Millares estar juntos
Porque se habían separado y la explicación está en los recuerdos más abajo de Millares

Disculpe el señor, en 1992, fue la canción que unió a Serrat y Ricard Miralles. Disculpe el señor si le interrumpo, pero en el recibidor hay un par de pobres que preguntan insistentemente por usted. JAVIER SALAS

viernes, abril 05, 1991

Close-Up Of Joan Manuel Serrat 1991


 RECUERDOS 1991

Close-Up Of Joan Manuel Serrat 1991

Close-up of Spanish singer Joan Manuel Serrat outdoors, Barcelona, Catalonia, Spain, 1991. (Photo by Gianni Ferrari/Cover/Getty Images)

jueves, mayo 31, 1990

martes, mayo 29, 1990

1990 Joan Manuel Serrat Por fin Serrat su vuelta a Chile 1990






Video de Pere Mas


Serrat regaló a Aylwin un libro sobre la historia de Cataluña, después de una reunión con el presidente que se prolongó durante 35 minutos. "Estoy absolutamente dispuesto a colaborar con el Gobierno democrático y con los intereses del pueblo chileno en el momento que se requiera", dijo al término de la visita.Tras 17 años de ausencia, el cantante catalán llegó el jueves a Chile, país en el que tuvo prohibida su entrada durante la dictadura de Pinochet, y lo primero que hizo fue visitar la cárcel de Santiago de Chile, donde, sobre una precaria tarima y con una guitarra prestada, cantó a las víctimas, a los luchadores y a los presos políticos.

Después se reunió con Hortensia Bussi, la viuda del ex presidente Salvador Allende, con dirigentes políticos, sociales y de derechos humanos y con los amigos que dejó en Chile en sus visitas anteriores, en 1968 y 1972, durante la democracia. Ofreció una concurrida conferencia de prensa, visitó Valparaíso; ensayó para sus recitales de hoy y mañana en el estadio Nacional, el mismo que sirvió como campo de concentración para prisioneros políticos en 1973; recorrió algunos barrios, y, sobre todo, revivió sus sueños y nostalgias. "Vengo a recuperar el tiempo perdido y a incorporarme al Chile de 1990", dijo Serrat al bajar del avión que le trajo desde Paraguay. Su relación con Chile ha sido "profunda, amarga, abierta por la herida del pronunciamiento del 11 de septiembre de 1973", confesó a los periodistas.

Después del golpe militar, Serrat evitó viajar a Chile, a diferencia de otros cantantes, "para no dar carta de normalidad a un Gobierno no sólo anormal, sino inconstitucional". Sus temas fueron proscritos en los días del terror represivo y su nombre era estandarte clandestino. Los carteles que inundan hoy Santiago con la imagen del catalán dicen: "¡Por fin! Serrat en Chile". No es un lema casual. En dos ocasiones la dictadura impidió su entrada al país. En 1983, en el primer intento, Serrat firmó en la Embajada chilena en Argentina un documento en el que se comprometió bajo juramento a no intervenir en política durante su estancia en Chile. Aun así, cuando ya estaban anunciados sus recitales, el régimen dictó un decreto prohibiendo la entrada de Serrat por emitir juicios "contrarios al supremo Gobierno". El segundo intento fue durante la concentración final de la oposición en el plebiscito de 1988, cuando Chile votó no a la perpetuación de Pinochet en el poder. En la pista de aterrizaje del aeropuerto de Santiago, Serrat fue informado de que su prohibición de entrada seguía vigente. Serrat mandó un mensaje grabado, que escuchó más de un millón de personas en el acto masivo. "Pronto, muy pronto volveremos a estar juntos de nuevo, cuando Chile sea lo que siempre fue: un país ejemplo de libertad, respeto mutuo y paz", decía



jueves, mayo 24, 1990

1990 Recuerdos: Serrat vuelve a Chile - Estadio Nacional 1990


Recuerdos : Estadio Nacional - Abril 1990
Serrat vuelve a Chile

55.000 personas aplaudieron a Serrat en Chile

MANUEL DÉLANO, - Santiago - 01/05/1990
Cerca de 55.000 personas asistieron, aplaudieron y cantaron en los dos recitales que ofreció Joan Manuel Serrat en su reencuentro con Chile, el sábado y domingo pasados, en el Estadio Nacional de Santiago.

Al subir al escenario del que estuvo proscrito por la dictadura de Pinochet, Serrat pidió permiso para "retomar el canto que dejé colgado hace más de 17 años". La prensa alabó de forma unánime el espectáculo que ofreció el cantautor catalán, quien ayer retornó a España.

El mismo Serrat describió el clima: "Hubo una hermosa y necesaria complicidad con el público", que cantó junto con él sus temas, obviando las deficiencias; del sonido, le pidió cinco veces; que volviera al escenario y lo despidió con antorchas en la noche de¡ domingo. "Cuando yo gozaba, el público gozaba. Cuando yo subía, el público subía, y así nos fuimos", dijo.
"De pie, el Estadio Nacional ovacionó a Serrat", tituló el conservador diario El Mercurio, aunque afirmó que tuvo menos püblico del esperado. El tabloide La Epoca, que colocó en portada una foto en color de¡ cantante, sostuvo que "un gran espectáculo mostró Serrat".

Al comenzar a cantar, Serrat pidió perdón a los chilenos. "Disculpen si tardé, pero no fue cosa mía", dijo. Y agregó: "Mis agradecimientos a todos ustedes, un abrazo para los que están y un recuerdo imborrable para los que no están, para los que volveremos a ver por el exilio, para los que aún permanecen encerrados en las cárceles,los presos políticos de la dictadura".

"Defensor de la democracia"El presidente Patricio Aylwin y su esposa, Leonor Oyarzun, estaban entre los asistentes: "Vine a ver a un artista defensor de la democracia", dijo. Aylwin, como la mayoría del público, tarareó Volver a los 17, un tema compuesto por Violeta Parra, que Serrat interpretó en homenaje a los cantantes populares chilenos y porque reune a dos generaciones.

El número de años, además coincide con el período en que Serrat no pudo volver a Chile. Los asistentes, en su gran mayoría adultos, acompañaron los temas clásicos de Serrat -Mediterráneo, Tu nombre me sabe a hierba, Aquellas pequeñas cosas- y terminaron bailando.Serrat participó en un foro ayer con el mundo de la cultura chilena y, antes de regresar, se entrevistó con el ministro de Educación, Ricardo Lagos; el jueves pasado se había reunido con Aylwin.

Pero de todos sus encuentros, los más emotivos fueron con los presos políticos. Después de visitar a los detenidos del régimen anterior en la cárcel de hombres, recibió un pedido similar de las presas políticas. Serrat accedió y, además de Mediterráneo, les cantó Romance de Curro el Palmo a las presas.

Ellas pidieron a los periodistas que dijera el que la música de Serrat las acompañó en la cárcel y, antes, en "los momentos alegres y difíciles, de soledad, cuando nos tuvimos que enfrentar al período de dictadura. Para que vean que estas terroristas también tenemos sensibilidad...".


Información de http://www.elpais.com/

viernes, mayo 11, 1990

1990 CONCIERTO DE JOAN MANUEL SERRAT (1990)



CONCIERTO DE JOAN MANUEL SERRAT (1990)

En el repertorio de las emociones musicales fuertes vividas en la historia de los grandes conciertos realizados en Chile desde fines de los ’80 en adelante, la actuación de regreso de Joan Manuel Serrat en el país en 1990 tiene un lugar de privilegio ganado por derecho propio. “Por fin… Serrat” es el sencillo y elocuente nombre que recibió ese concierto, y la frase sintetiza todo el significado de la jornada. Proscrito y literalmente impedido de entrar a Chile por los militares durante la dictadura, Serrat se reencontró con su público el 28 y 29 de abril de 1990 en el Estadio Nacional.

En un Estadio Nacional dispuesto de manera distinta, con el escenario enfrentado a la tribuna bajo marquesina, el autor catalán puso al día su relación con el público chileno con el propio Presidente Patricio Aylwin presente entre la audiencia, mientras el espíritu de la época se vivía en cánticos entonados por la gente como el de “Y ya cayó, y ya cayó” alusivos a la dictadura.

Serrat había llegado dos días antes y renunciaba a todo trato especial en este regreso, solicitando ingresar a Chile como cualquier persona corriente, sin ser recibido en el salón VIP del aeropuerto como había ocurrido en Argentina y Paraguay, dos paradas previas de su gira. El 30, después de sus conciertos y en respuesta a una invitación de Ricardo Lagos, Ministro de Educación, se reunió con intelectuales y artistas en el Ministerio, en una jornada similar a la que había vivido dos décadas antes. Y ya en escena el cantante recreó en vivo canciones como “Defensa de la alegría”, una emotiva “Penélope”, “Mediterráneo”, “Bienaventurados”, “Para la libertad”, “A quien corresponda”, “Se equivocó la paloma”, “Lecciones de urbanidad”, incluidas algunas en catalán como “La luna” y una versión para “Volver a los 17”, de Violeta Parra, en medio de un Estadio Nacional iluminado por miles de espontáneas antorchas. Seis veces tuvo que despedirse del público, en un viaje durante el cual por fin empezó a retomar un vínculo que a partir de entonces nunca ha dejado de ser continuado con su público chileno.

El Presidente dijo:

“Vine a ver a un artista defensor de la democracia” (Patricio Aylwin, Presidente de Chile, al llegar al concierto de Serrat).


Serrat dijo:

“Aquí me tienen, por fin. Por ganas yo no me quedaba. Aquí me tienen, feliz y complacido de tener un contacto con ustedes después de estar diecisiete años separados. Por estar aquí y al ver a vuestro Presidente le expreso mis más buenos deseos para todos ustedes. Para lo que viene, para los que no están, para los que están sólo en nuestros recuerdos, imborrables, pero, a pesar de todo, ya no están. Un recuerdo para esos que no volveremos a ver más, para los que el exilio mantuvo fuera de sus casas y quién sabe si los volveremos a tener aquí. Para los que aún permanecen encerrados en las cárceles, como los presos políticos, que en algún tiempo más tendrán que estar junto a todos los hombres libres de buena voluntad” (el saludo de Serrat en medio de su concierto de regreso en Chile, Fortín Mapocho, domingo 29 de abril de 1990).


La prensa dijo:

“De pie, el Estadio Nacional ovacionó a Serrat. Fue el gran protagonista de la noche, en un show pensado para tenerlo a él, sus versos y su música, como los centros de atención insobornables de cada velada […] Los 25 mil del Nacional se retiraron tranquilos y felices. Su encuentro con Serrat resultó rotundo, imborrable, emocionante. ¿Alguien podría exigir más?” (Iván Valenzuela, El Mercurio, domingo 29 de abril de 1990).