domingo, marzo 14, 2021

LUIS GARCÍA GIL | ESCRITOR “Serrat era un rebelde, pero sus canciones no transmiten ningún tipo de violencia”


 LUIS GARCÍA GIL | ESCRITOR

“Serrat era un rebelde, pero sus canciones no transmiten ningún tipo de violencia”
El autor gaditano publica con Efe Eme el libro ‘Serrat y los poetas’, donde recorre todos y cada uno de los discos en los que el cantautor catalán recoge versos para ponerles música
Foto. Luis García Gil posa con un ejemplar de su nuevo libro sobre Serrat. / JESÚS MARÍN
JOSÉ ANTONIO LÓPEZ
14 Marzo, 2021 - 06:00h
El escritor y poeta Luis García Gil (Cádiz, 1974) vuelve otra vez su mirada a Joan Manuel Serrat. Lo hace en un libro en el que, casi verso a verso, profundiza en la relación del cantautor catalán con los poetas a los que puso música o a los que cantó en sus discos con las músicas de otros. Serrat y los poetas (Efe Eme) es un detallado, muy detallado, recorrido por ese Serrat capaz de andar tantos caminos llenos de versos, rimas y, por supuesto, musicalidad y ritmo.
–¿Qué le ha hecho regresar a Serrat? ¿Quedó algo pendiente en sus anteriores libros sobre el cantante catalán?
Con Serrat es verdad que soy bastante reincidente, he escrito mucho sobre él, pero es que he escrito en total unos veinte libros en los que la temática es bastante variada. No me gustaría que se me encasillara ni como escritor de cantautores ni como biógrafo semioficial de Serrat, que no lo soy. Es verdad que mi primer libro fue sobre Serrat, que para mí es una figura primordial e influyente de la música popular española. Es mucho más que un cantautor, engloba muchos mundos. Serrat te lleva a muchos lugares diferentes porque su obra, como ya dijo Joan Barril, es como una catedral de canciones, siempre se encuentra algo nuevo. Entonces, volver a Serrat siempre es un placer, un privilegio. En este caso, trabajar con Efe Eme es otro privilegio porque es una editorial musical que publica muy bien, edita muy bien, que cuida muy bien los libros.
Por mi cabeza siempre rondaba centrarme en el Serrat cantor de poetas. Y hay una parte de la obra de Serrat que siempre me ha interesado mucho, que es la que tiene que ver con la poesía cantada. Creo que no se ha reivindicado a Serrat suficientemente como cantor de poetas; se ha reivindicado, pero ponerlo sobre la mesa en un libro, en una monografía, no se había hecho.
–Había cierto vacío, para entendernos.
–Creo que sí. Cuando haces un libro que estudia toda la carrera de Serrat, te das cuenta que hay una parte primordial que es la poesía. Igual que hice el libro de Mediterráneo porque es el gran disco de Serrat, la piedra angular sobre la que gira todo su cancionero, realmente sus discos de poeta, sobre todo el de Machado y Hernández, han significado tanto en la memoria musical de España que consideraba importante ponerlo por escrito.
Y luego, también, uno siempre aspira al libro pedagógico. Puede sonar pretencioso, pero no debería serlo tanto. Es decir, un libro que sirva de brújula para los colegios, para los profesores de Lengua y Literatura, para enseñar poesía de la mano de Serrat, que ha sido alguien muy preocupado por acercar la poesía a la gente. Ese concepto de divulgar la poesía es evidente que, gracias a Serrat, lo ha conseguido con una revolución que desde luego no ha conseguido nadie en este país. Ni Paco Ibáñez, que era mucho más minoritario, ni Raimon, todavía más minoritario en el ámbito catalán cantándole a Espriu, ni Amancio Prada, al que admiro profundamente. Nadie consiguió en su momento la trascendencia que logró Serrat poniéndole música a versos de poetas.
–¿Quizás también porque se encontraba en el momento adecuado, en la época adecuada?
–Claro, sí, pero también había que hacer ese ejercicio de riesgo. Teniendo en cuenta que él entendía la canción como algo muy abierto, musicalmente me refiero. Trabajando con Ricard Miralles como arreglista, él no le pone música a los poemas de Machado de una forma ortodoxa, sino que lo hace de una manera realmente heterodoxa y polémica en su momento.
–¿Innovadora?
–Claro, porque son arreglos que a lo mejor hoy pueden sonar... desde el año 1969..., pero en aquel momento eran arreglos potentes, eran arreglos donde contaba la melodía, contaba la instrumentación; no se trataba de recitar a Machado cantándolo, se trataba de darle otra cosa. Dicen que la poesía de Machado ya lleva incorporada su música, pero Serrat le otorgó otra cosa.
Tú puedes
leer a Machado que ese ejercicio no se pierde con Serrat, sino que se redobla. Es verdad que cuando leemos los poemas de Machado musicados por Serrat, inevitablemente la música se nos aparece.
–El libro está hecho casi verso a verso, y es verdad que hay un pequeño tratado de poesía, de una determinada poesía.
–Si Serrat le pone música a un poeta determinado, hay que hablar de ese poeta.
–Eso destaca en el libro: se sitúa al poeta en su contexto.
–Claro, no puede ser Machado, como decían en la Chile de Pinochet, el letrista de Serrat. Machado es muy importante, tremendamente importante, y en este caso Serrat se acerca al poeta con admiración, veneración y mucho respeto. Y yo, antes que admirador de la canción, soy admirador de la poesía. Leo mucha poesía y la poesía forma parte de mi vida; en mi caso, Antonio Machado y Miguel Hernández eran poetas transitados antes de escucharlos en la voz de Serrat, o por lo menos tenía referencias de ellos. Es verdad que Serrat es un impacto de adolescencia, pero yo sabía ya quién era Machado. Pero es cierto que a mí Serrat me descubre la poesía catalana, que la desconocía. Joan Salvat-Papasseit es un poeta ácrata catalán al que le pone música en el año 1977, en un disco fantástico que se llama Res no és mesquí (Nada es mezquino). Ese poeta lo incorporo a mis referencias gracias a Serrat. Y luego otros poetas catalanes como Josep Carner, Pere Quart, Joan Vergés, Joan Margarit incluso, aunque ya lo conocía, que también van apareciendo gracias a Serrat.
–Fue una manera de acceder a una poesía catalana no muy conocida entonces.
–Efectivamente. Yo reivindico mucho al Serrat bilingüe. Igual que me molesta que al catalanismo ortodoxo y radical le moleste Serrat. El momento en que Serrat canta a Machado es un momento de ruptura con muchas cosas. Por un lado, es un reconocimiento del Serrat en lengua española, ya es una ruptura con el movimiento de la cançó, que quería que Serrat le cantara a Espriu. En ese momentos, Serrat se siente heredero de una doble cultura, la que emana de Cataluña, la Cataluña mestiza de su padre Josep, pero luego también está la madre Ángeles que es aragonesa. El mundo de Serrat es muy variado, representa un poco la riqueza de una persona que charnega, que bebe de muchos lugares, desde la copla hasta la canción francesa pasando incluso por las referencias anglosajonas tímidamente reflejadas en su cancionero pero que están ahí: Beatles, Dylan... Hay muchos Serrat.
Entonces, la poesía de Machado fue un impacto en su propia obra porque le influye incluso como cantautor. Nadie imaginaría a Lluís Llach o a Raimon poniéndole música a Machado, entre otras cosas porque a la nova cançó le parecía herético cantar en castellano. Parece que la lengua española es la lengua de Franco.
–Pero a veces se pone en su sitio, como con Eurovisión.
–Yo creo que fue muy importante en su carera Lasso de la Vega, su promotor, porque en ese momento él considera que tiene que dar un salto hacia Latinoamérica, donde va a ser un símbolo importante, donde lleva a estos poetas en su equipaje y van a ser trascendentes en aquel continente.
–Y recoge otros poetas, y otras músicas a Machado, como ‘Las moscas’ de Alberto Cortez.
–Sí, sí, Alberto Cortez fue precursor. De hecho, Serrat lo tuvo en cuenta en el disco de Machado con Las moscas y con Retrato o el de Hernández con la Nanas de la cebolla, también de Cortez. Eso da una idea de la generosidad de Serrat con sus compañeros de camino y vale también para Miguel Poveda cuando canta Para la libertad; es decir, que cuando algo está ya hecho bien, no vengas tú a hacerlo. Cuando escucha Retrato y Las moscas, Serrat es consciente de que se ha hecho una gran trabajo y no tiene que meterle otra música.
–En el libro destaca la honestidad de Serrat. También por cosas como estas que le honran.
–Y le dignifican en una época en la que él tenía veintitantos años, un joven que tiene muy claro que Alberto Cortez ha hecho un trabajo previo importante. Serrat siempre le ha citado en los conciertos como autor de la música. Y en el disco catalán, que es menos conocido, también utiliza a otros cantautores catalanes que los incorpora porque piensa que ya está bien hecho. Él le da su personalidad interpretativa.
–Su timbre, dice usted en el libro...
–Su timbre, su timbre... Para bien o para mal, que también ha sido pasto de imitadores y demás. Pero, claro, escuchas a Serrat y lo identificas enseguida. De hecho, cantar como Serrat es muchas veces caer en la parodia. Como Serrat sólo canta Serrat.
–En el libro se incorporan muchas charlas personales con Serrat que van salpicando las distintas páginas. Imagino que el libro no sería igual sin esas palabras.
–No, claro. En este caso consideraba fundamental que Serrat colaborara después de tantos años de relación a través de los otros libros. Es el primer libro mío que cuenta con testimonios de Serrat, que ya tocaba (ríe). Sí es verdad que en el caso de hilar fino con estos poemas, en la relación suya con la poesía, era muy importante que Serrat me fuera salpicando de anécdotas ese recorrido. Me llamó un poco la atención, cuando yo fui repasando toda esa entrevista con él, que yo tenía la sensación de que no había contado nada nuevo, o nada que yo no supiera, pero los sabios, la gente con tanta sabiduría, te engañan totalmente. Nada de lo que Serrat te dice es algo que haya que no considerar: te lo cuenta de una forma, te lo dice de una manera y te lo matiza de una forma tan certera, que al final te das cuenta de todo lo que ha contado sin que pareciera que lo había contado. La verdad es que le saqué mucho jugo a todas esas conversaciones.
–¿Y cómo convive el Serrat que se nutre de los poetas con el Serrat que crea sus propios poemas, sus propios versos?
–En el primer libro de Serrat sí diferencio un poco la poesía propia de la poesía cantada, e incluso de la relación de Serrat con otros textos, que también ha puesto música a un cuento de Marsé, a un artículo de Joan Barril, a un microrrelato de Galeano..., el ejercicio de Serrat es bastante diverso a la hora de dar forma a algo para que se convierta en canción.
Y respecto a su propia poesía, Serrat parte de la nova cançó, empieza a escribir textos que son deslumbrantes para la edad que tiene, en sus primeras canciones en catalán, luego da el salto al castellano y ahí, digamos, que Vázquez Montalbán nos quería hacer ver que a Serrat le costaba encajar la rima, que se traducía un poco a sí mismo, y la verdad es que no, que en castellano él entra con la misma soltura que en catalán. Ese es el milagro Serrat, que, como ya dijo Aute, quizás sea la única figura de la canción mundial que ha sido capaz de escribir dos obras maestras en dos lenguas distintas, no vas a encontrarte otro. Tiene un doble mérito. ¿La poesía de Serrat? Está en su propio origen, en sus primeras canciones ya se percibe esa poesía. Serrat encuentra la voz propia desde el primer disco en catalán.
A medida que Serrat va incorporando los poetas a su cancionero se produce una simbiosis en la que se ve que hay canciones de Serrat en las que se nota esa influencia machadiana. Machado es un poeta que le influye para hacer canciones. Por un lado, lo escoge porque esos poemas le hubiese gustado haberlos escrito y cantado, y directamente les pone música, pero luego su propio cancionero, por ejemplo Fiesta, tiene mucho que ver con el mundo de He andado muchos caminos. Muchacha típica, un retrato muy machadiano también. Esa capacidad de sublimar lo pequeño, lo nimio, como hacía Machado, eso está perfectamente explicado en textos de Serrat. Todo ese mundo del poeta le influye para bien. Luego, Miguel Hernández es otro poeta muy importante pero que, quizás, le influye menos.
–Hay un capítulo del libro que cobra desgraciadamente actualidad, que es el de Joan Margarit, recientemente fallecido.
–Con Joan Margarit tenía muy buena relación, estuvo también en la presentación que hicimos del Serrat, cantares y huellas en Barcelona. Incluso le escribí para este libro, pero el hombre ya estaba enfermo y no pudo colaborar. Es un poeta muy importante, muy significativo, que tenía por fuerza que cruzarse con Serrat.
–¿Se imagina hoy día un concierto con los jóvenes recitando poesía?
–Los tiempos son otros, claro. La cuestión generacional es importante, pero también la traslación de generación en generación. A mí me pasaba, mi hermano José Manuel escuchaba a Serrat y yo he cogido Serrat como herencia. Antes, aunque también había esa rebeldía, la música que escuchaban tus padres tenía un valor, y al final, en los tiempos que corren ahora, los niños imponen su música en casa. Es una percepción casi sociológica. Antes, mi padre se ponía a escuchar música y yo ponía el oído. Eso te queda dentro para ser un melómano. Vivimos unos tiempos en los que la música popular está siendo abandonada a su suerte, no se estudia en los colegios, se cae mucho en el folklorismo barato. Aquí se crea una escuela de carnaval, que me parece muy bien, pero cuando tenemos a Falla que tampoco se estudia en los colegios... Vamos a tratar de introducir primero la canción como fenómeno global, hacer llegar a la juventud la música, que ya poco a poco iremos rastreando el flamenco, el carnaval... Creo.
Y hay otra cosa importante que Serrat nos transmite: Serrat era un rebelde en su momento, de pelo largo, ya de por sí su estética era contestataria, pero claro, no tiene que decir que hay que ponerle una bomba a nadie, ni sus canciones transmiten ningún tipo de violencia. A mí me parece importante el arte como algo revolucionario, pero, como ha demostrado Serrat, esa revolución se puede hacer sin violencia verbal, como ha sucedido con el rapero. Una cosa es que él no tenga que ir a la cárcel, pero otra cosa es dar por sentado que determinado tipo de arte, entre comillas, sea bueno para la juventud que lo consume. Cuando un joven escuchaba a Serrat, sabía que estaba proponiendo de una manera muy clara un rotundo desprecio al franquismo y un cambio de sociedad total y absoluto, y lo hacía con belleza, con lirismo; con intensidad y profundidad se llegaba a la gente joven. Y cabe recordar que Serrat padeció la falta de libertad de expresión, que tuvo que exiliarse durante once meses en 1975 por decir que no se podía tolerar que en España hubiera pena de muerte.
–Serrat no fue el precursor en cantarle a los poetas, ¿pero ha sido el mejor?
Pienso que sí. Tengo una grandísima valoración hacia los primeros discos de Paco Ibáñez, me parecen fantásticos, míticos, y es más, sin Paco Ibáñez creo que no hubiera venido Serrat. Lo mismo digo de Alberto Cortez, una figura emblemática. Para mí, Serrat es el que mejor lo hace y, sobre todo, el que lo hace con mayor impacto popular. Al final, lo más importante no es solo hacer bien las cosas, sino llegar al público, y hay poemas, como La saeta, que han cogido una trascendencia en la que, primero, es la canción, pero luego se convierte en marcha procesional. Eso a Serrat le impacta mucho. Se ha perdido el poema, ha quedado la música y la gente joven no sabe que es de Serrat. Pero ha conseguido uno de sus objetivos, que la música suene como parte de un patrimonio inmaterial de la memoria de la gente y en la que la figura del autor se haya desdibujado un tanto. Ese logro de Serrat con La saeta es muy llamativo.

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