jueves, agosto 12, 2004

Joan Manuel Serrat (fragmento de reportaje de Samuel Gelblung en Revista Gente y la Actualidad

Joan Manuel Serrat

(fragmento de reportaje de Samuel Gelblung en Revista Gente y la Actualidad
23.04.1970)

—Una vida como tantas. Sin penas grandes, sin ambiciones, con una especie de sabiduría de la resignación que te va moldeando un poco y que te lima las puntas oseas para que no choques contra el mundo. Hasta que tomás conciencia de que tu destino debe cambiar, que hay más cosas de lo que tu pequeña filosofía te permite ver, que tienes que buscar una otra verdad porque el alma te lo pide, porque una voz interior te pone en la garganta un montón de cosas que decir y el oído les da forma musical; entonces tenes ganas de hablar cantando... y de ir por las calles cantando, y no quieres oír miserias sino cantadas con notas armoniosas para que no parezcan tal. . . Y la punta de los dedos quiere rasgar la guitarra y no empuñar el soplete que mi padre azuzaba todo el día para que mi hermano mayor y yo pudiésemos ir a la escuela y no tener que trabajar como los chicos vecinos; y después un libro, y otro, y un intento adolescente de pergeñar poemas con sabor infantil en el idioma que tú no comprendes por qué no lo habla todo el mundo, ya que es el que has aprendido y el único que oyes. . . La adolescencia con descubrimientos diarios, con el beso de aquella niña que nunca imaginaste, con pelo largo y medias de muselina y tacones y gusto a rouge y colorete; con la política que ya sabés que se trata de estar a favor o en contra, con García Lorca a escondidas y con Machado, que sabés murió desterrado de su amada Andalucía, en Francia, donde deben morir tedos los poetas, o con las escapadas, con el pelo un poco más largo para que tus orejas, que crees enormes, no se vean, y con el acné y con un físico demasiado esmirriado para pensar algún día integrar el Atlético de Bilbao, que era mi ilusión. La juventud, con un camino incierto, con el arte en tus manos y en tus entrañas y en tu mente y con la inseguridad del dia que empieza mañana, con el primer grabador en que oyes tu voz y no te parece tan mala, y con los primeros viajes con el tío Arturo, un hombre que se juega por ti, un judío que se arriesga a llevarte en una gira y a televisión y que aunque con un fracaso total sigue pensando que el triunfo es tuyo; y el primer viaje a París para cantarles a tus hermanos españoles que fueron por la ruta del franco para olvidar la miseria; y los primeros aplausos de meseros, obreros y sirvientes, y un retorno a tu realidad cotidiana sin un duro que no sea prestado, pero contento, pues estás en lo tuyo. Y comienzas una y otra vez, te tomas examen todos los días, le pones notas a tus propios poemas, y a los de Machado, y los oyes y te gustan y no entiendes cómo no gustan a los demás, pero sabes que algún día todo cambiará, fiero te asustas, pues adviertes que ya tienes 22 años y que te queda menos tiempo que antes, porque la vida corre. . . Y de pronto el primer éxito, el primer aplauso en tu tierra, en un baile del pueblo. Es el momento en que has ajustado todos los detalles, la voz no se va más de ocho octavas que, es tu limite, mezclás el grave y el agudo con facilidad, sin sobre saltos, justo en el momento acertado. . . Y te parece que todo cambia, aunque el cambio va a ser tan duro como la misma búsqueda. . .

fragmento de reportaje de Samuel Gelblung en Revista Gente y la Actualidad
23.04.1970

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