domingo, octubre 31, 2010

ELOGIO DE LA SOMBRA


ELOGIO DE LA SOMBRA

Centenario de Miguel Hernández

Ante tanto infortunio y mala suerte hoy nos queda el consuelo de que su lucha, desde su vida y obra, no fue estéril, como él mismo vaticinó en otro de sus más recordados poemas

31.10.10 - JOSÉ MANUEL MARTÍNEZ CANO

Un día como ayer, hace cien años, vino al mundo en Orihuela el poeta y dramaturgo Miguel Hernández Gilabert, estigmatizado y maldito por la cultura y propaganda franquista hasta la muerte del dictador y, posteriormente, recuperado hasta mitificarlo como coherencia de una vida éticamente vinculada al compromiso literario, creativo, que tuvo en su palabra los dardos más acerados para denunciar la injusticia del ser humano ante la desdicha, la opresión y la infamia, que él mismo sufriría en sus carnes durante su etapa carcelaria que acabaría en el Reformatorio de Adultos de Alicante, un 28 de marzo de 1942, al morir abandonado a su suerte y por no querer el régimen franquista 'otro caso Lorca', de tuberculosis, con la connivencia de la todopoderosa iglesia que en su entorno más íntimo lideraba Luis Almarcha, otrora prócer de aquel jovencísimo Miguel Hernández al que le prestó su biblioteca y las trescientas pesetas para publicar su primer libro, 'Perito en lunas' (1933), aun advirtiendo «no van por ahí mis gustos», a lo que el joven Miguel respondió «no le he pedido consejo, sino ayuda», desvelando ya el carácter indómito del escritor oriolano, como demostró ante este sotánico cuervo en su lecho de herido grave al no querer adjurar de sus creencias aun yéndole la vida en ello.

Con satisfacción, unos y otros, sobre todo los que hacen de la poesía un código ético y estético de la vida, obligados están a recordarlo en esta centenaria efeméride y, sobre todo, a leerlo nuevamente o a escuchar su palabra a través de cantautores como Serrat, Morente, Poveda, Paco Ibáñez, Víctor Jara…, que en un claroscuro de intenciones varias, algunas oportunistas, arrojan luz sobre la fatídica sombra que se cernió sobre su vida: "Soy una abierta ventana que escucha, / por donde va tenebrosa la vida. / Pero hay un rayo de sol en la lucha / que siempre deja la sombra vencida." ('Eterna sombra') Versos de uno de sus últimos poemas, donde en esa lucha del bien y el mal, la vida o la cárcel, aun desposeído ya de su libertad y sin esperanza alguna entrega este epitafio hermoso y esperanzador, dejando entreabierta la puerta a la esperanza, a aquellos que continuarán su obra, la que empezó en los pastos de Orihuela, cuando escribía sus primeros poemas en los lomos de las cabras y en su humilde casa de la calle de Arriba, temiendo a que llegase su padre y le maltratase por tener la luz encendida, o durante su estancia en Madrid, mientras ejercía diversos oficios mal pagados de mecanógrafo o redactor de enciclopedias taurinas, en pensiones de mala muerte y más tarde en el frente, desde las trincheras, pues Miguel Hernández nunca fue un escritor de retaguardia, como Alberti y otros, sino que desde el fuego cruzado más directo sufrió y vio el fragor de la batalla y caer a compañeros del Quinto Regimiento. Y finalmente, desde ese 'turismo penitenciario', como han llamado los críticos y estudiosos a ese trayecto entre doce penitenciarías, escribió buena parte de su testamento final, 'Cancionero y romancero de ausencias' (1938-1941), libro póstumo que no pudo ver publicado y que contiene toda la desgracia que el poeta acumuló tras sí: la muerte de su hijo Manuel Ramón, la guerra perdida, sus ideales machacados por la fuerza bruta del mal llamado 'nuevo orden', su enfermedad, la ausencia de los suyos y el abandono de otros que también creía suyos.

Hay un trecho importante hasta entonces, cuando Miguel Hernández empezó su fulgurante carrera literaria, desde que publicase su primer poema ('Pastoril') en 1930 y en Madrid fuese acogido por la élite intelectual del momento -Neruda, Bergamín, Aleixandre, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Altolaguirre, Carmen Conde, Gaya, Navarro Tomás…- y García Lorca, aunque este último renegase del oriolano por su triste aspecto indumentario, como diría Machado. Descubrió los tesoros estéticos de la escuela de Vallecas, Alberto Sánchez, Benjamín Palencia y Maruja Mallo, pintora con la que descubrió el amor más sensual y sexual, como queda reflejado en ese libro cenital de nuestra literatura amorosa, 'El rayo que no cesa' (1936), también compartido con María Cegarra y Josefina Manresa. Cuando se liberó de los templos, 'Sonreídme', fue derecho a 'Vientos del pueblo' (1937) y a 'El hombre acecha' (1937-1939) ya una inflexión sobre la derrota, pero un alegato de rebeldía y grito contra aquel neocatolicismo de Ramón Sijé y la revista 'El Gallo Crisis'.

Afortunadamente en todo el territorio español se está recordando con dignidad a Miguel Hernández y el las librerías pueden verse sus obras, tanto críticas como en ediciones facsímil y quizá, esta ha sido la asignatura pendiente del año que conmemora su nacimiento, ver representado su teatro, pues aunque es más literario que escénico bien valdría haber realizado algún montaje de alguna de sus seis piezas. De todas formas Miguel Hernández es por excelencia uno de los más grandes poetas de la literatura española y figura en la canónica tetralogía del siglo XX (I. Gibson) junto a Juan Ramón, Lorca y Machado, además de habernos legado una visceral y esclarecedora correspondencia.

Ante tanto infortunio y mala suerte hoy nos queda el consuelo de que su lucha, desde su vida y obra, no fue estéril, como él mismo vaticinó en otro de sus más recordados poemas: «Para el hijo será la paz que estoy forjando. / Y al fin en un océano de irremediables huesos / tu corazón y el mío naufragarán, quedando / una mujer y un hombre gastados por los besos». ('Canción del esposo soldado').


Imagen e información http://www.laverdad.es/albacete/

El Serrat más emotivo rinde su máximo tributo a Miguel Hernández


El Serrat más emotivo rinde su máximo tributo a Miguel Hernández


El cantautor catalán Joan Manuel Serrat durante el último concierto que ofrece de su gira "Hijo de la luz y de la sombra", un homenaje a la obra del poeta Miguel Hernández en el Teatro Circo de Orihuela, ciudad natal del poeta.


Un emocionado Joan Manuel Serrat consiguió poner en pie anoche a todo el Teatro Circo de Orihuela donde concluyó su gira "Hijo de la luz y de la sombra", homenaje al universal poeta oriolano, Miguel Hernández, en el día que se cumplieron los cien años de su nacimiento.

Con pantalón vaquero, camisa azul marino y chaqueta negra apareció en el escenario para interpretar "Llego con tres heridas" en el que ha sido el segundo concierto en la ciudad natal del célebre escritor, tras el que se celebró la pasada anterior arropado por más de mil personas.

Ante un auditorio repleto, Serrat entonó los versos hernandianos tras su paso por más de 37 localidades españolas, en una gira que arrancó el pasado mes de abril en Elche, ciudad que otorgó al literato el único premio poético que recibió en vida en 1931 por su poema 'Canto a Valencia'.

En medio de la oscuridad y alumbrado por un tenue foco, Serrat se dirigió al público, llegado desde diferentes puntos de la provincia de Alicante, para presentar un concierto "cerrado" y monográfico en el que, según dijo, "no caben canciones sin su firma -Miguel Hernández- para no desvirtuar este proyecto".

Cargado de energía y con una magnífica puesta en escena, el cantante recorrió las diferentes facetas de la vida del poeta, desde su poesía más temprana con 'La palmera levantina', a sus creaciones más drásticas como 'El hambre' o su definitoria 'Hijo de la luz y de la sombra'.

En un espectáculo en el que primó el carácter 'íntimo', Serrat marcó el punto de inflexión con la interpretación de 'El niño yuntero', canción incluida en el primer disco monográfico que dedicó al poeta en 1972, en la que el cantautor muestra su más sincera admiración hacia el escritor oriolano entre una ola de aplausos.

A diferencia de otros conciertos, el público, mayoritariamente oriolano, reaccionó al grito de 'bravo' tras la presentación del tema 'Elegía', dedicado a su amigo Ramón Sijé, cuando Serrat pronunció "En Orihuela su pueblo y el mío...", una frase que arrancó los más sentidos aplausos de los asistentes.

A lo largo de casi dos horas, se sucedieron veinte canciones que siguiendo un orden aleatorio de los discos 'Miguel Hernández' (1972) e 'Hijo de la Luz y de la Sombra' (2010),
ya disco de platino, provocaron numerosas ovaciones del público al son de la mítica 'Para la libertad', ilustrada en el fondo del escenario con imágenes representativas de la Transición.

Precisamente estos montajes audiovisuales, realizados por directores como Manuel Gutiérrez Aragón, José Luis Garci o Isabel Coixet, han ahondado en los problemas universales del Hambre o la Guerra, que son una constante en la obra del poeta.

Una denuncia social a la que Serrat se refirió en los versos con los que introdujo algunas de las canciones, y de los que se valió únicamente para vertebrar su actuación.

Ante los espontáneos "te queremos" o "tú vales mucho", el 'Noi del poble sec' mostró su faceta más enérgica con las interpretaciones de 'Dale que dale', 'Si me matan, bueno' o 'Uno de aquellos'.

"Terminamos aquí pero nos llevamos a Hernández a dar una vuelta por el mundo", concluyó el cantautor catalán en referencia a la gira que le llevará en fechas posteriores a Latioamérica.




Imagen de http://fotos.lainformacion.com/arte-cultura-y-espectaculos/

Joan Manuel Serrat, íntimo


Joan Manuel Serrat, íntimo

El artista, que en noviembre regresa al país, habla del amor, de su familia y de la mujer en general


Cuatro presentaciones en Buenos Aires y una en Córdoba harán que vuelva a encontrarse con sus fans argentinos en noviembre. Un ritual que se repite año a año a sala llena. En esta nota no hablará de su álbum sino del amor, la pareja y la mujer en general, incluyendo sus hijas y sus nietas. Una confesión a corazón abierto de Joan Manuel Serrat, el cantante español que es amado en nuestro país.

Tiene 67 años, un poco menos de pelo, algunas arrugas más. Y la misma alma que tanto aman los argentinos. Es parte de su alma el poder hablar de las cosas más serias, las que realmente importan, con una sonrisa iluminando su cara. Subió a un escenario por primera vez en 1965. Se exilió en México porque dijo lo que el Poder no quería escuchar, y se casó en 1978 con Candela Tiffon. Tiene tres hijos (dos mujeres y un varón) y dos nietas. Lo demás es historia conocida: sus canciones. Mejor dicho, sus poemas.

SUS POEMAS

En sus poemas, precisamente, la mujer es un personaje constante. Como si fuera un homenaje a esa mitad de su vida sin la que un hombre no puede vivir. Para Serrat marido, padre y abuelo "Una relación de pareja, lo primero que tiene que tener para serlo es claridad, transparencia. Y no puede existir si tú no quieres a la otra persona. Y en el querer aparece un abanico muy amplio de posibilidades. Va desde el afecto más fraternal hasta la lujuria más desbordante. A lo largo de todo este abanico se mueve una relación de pareja que, cuanto más clara y más generosa y más respetuosa sea, mejor".

Su hija María tiene 30 años y en primera instancia estudió Farmacia. Según su padre fue una estudiante brillantísima. Pero dejó la profesión y estudió Comunicación Social. Hoy, se dedica al periodismo deportivo y cubrió todos los campeonatos mundiales de motociclismo en Moto GP. Cuando habla de su drástico cambio de profesión, Serrat dice que "se enamoró del mundo exterior".

Candela, su otra hija
de 23 años, es la que está más cerca de la vocación de su padre: estudia Arte Dramático. "Pero nunca se sabe", comenta Serrat
.

Sus nietas tienen 14 y 8 años y son hijas de Queco, su hijo varón, fruto de una relación anterior. Vive en Madrid y es productor de tevé. A los 67 años Joan Manuel vive, todo el tiempo, la experiencia de que las jovencitas pasaron de verlo como "guapo" a llamarlo "señor".

EL ESPEJO


"Lo que pasa es que el espejo es la realidad -reflexiona-. Y en el alma tú tienes otro que no coincide con el espejo. No coincide hasta el día en que asumes que el del espejo no solo es la realidad, sino que es la realidad imposible de modificar. Entonces, te gastas el dinero en cirujano plástico o te gastas el dinero en cosas más divertidas. Yo nunca he ido al cirujano plástico. Me he gastado el dinero en placeres".

Así como es inevitable que las jovencitas lo llamen "señor", también es inevitable que la generación de sus madres lo sigan viendo como "guapo" y tengan fantasías con él. Imposible olvidar que las argentinas se sintieron sus novias con "La mujer que yo quiero". Sus compañeras de lucha con "Para la libertad" y hasta su madre cuando lo operaron de cáncer. Pero ¿cómo es el Serrat cotidiano, el que comparte con Candela Tiffon cada día de su vida?.

"Mi mujer cocina muy bien y a veces me deja cocinar a mí -revela-. Yo sí cocino. El problema está en que soy un poco desordenado en mi cocina, lo cual a mi mujer no le gusta. Por eso tengo que esforzarme mucho. No solo en lo que cocino, sino en aprender el orden de la cocina. Pero estoy en ello: soy un muchacho aplicado. También cambié pañales y he dado el biberón. Los sábados y domingos, cuando no está la muchacha, hago las camas".



Informaciòn http://www.eldia.com.ar/edis/20101031/espectaculos21.htm
Imagen de www.laverdad.es/ (Termino de la gira en Horihuela)

España evoca a Miguel Hernández, “poeta del pueblo”, a 100 años de su natalicio


(Miguel Hernández murió en la cárcel a los 31 años como preso político. Una vida corta en la que logró un grandioso trabajo poético. Sobre estas líneas se muestra una de las fotografías más famosas del poeta que circula en Internet)

España evoca a Miguel Hernández, “poeta del pueblo”, a 100 años de su natalicio

Instituyen el Año Hernandiano en honor de quien es considerado símbolo de la República

El Instituto Cervantes de Madrid dedicó 12 horas de lectura en voz alta a sus versos

Murió encarcelado por el franquismo, que lo acusó de traidor; ahora, la familia exige declararlo inocente

Periódico La Jornada
Domingo 31 de octubre de 2010, p. 3

La vida y obra del poeta alicantino Miguel Hernández fueron recordadas este sábado durante un homenaje que se le ofreció en el Instituto Cervantes de esta capital, al conmemorarse en centenario de su natalicio. Durante 12 horas continuas escritores, actores, músicos y familiares del poeta leyeron versos de quien es considerado uno de los mejores vates de España del siglo XX, símbolo de la República y víctima de la Guerra Civil española.

Con el título de La voz de la palabra, desde el mediodía hasta la medianoche, sus versos resonaron en el homenaje colectivo organizado por el ayuntamiento madrileño y la Unión de Actores. También se realizaron actividades infantiles con cuentacuentos, además de teatro, música y danza.

El homenaje comenzó con un fragmento de La elegía, poema dedicado a Luis Almarcha Hernández. En el auditorio resonó: “Un manotazo duro, un golpe helado,/ un hachazo invisible y homicida,/ un empujón brutal te ha derribado”, grabadas por Paco Rabal, fallecido en 2001.

Entre quienes participaron en este homenaje estuvieron Carmen Caffarel, directora del Instituto Cervantes; Jorge Bosso, secretario general de la Unión de Autores; Pilar Bardem, presidenta de Artistas Intérpretes Sociedad de Gestión; el cantante Luis Eduardo Aute, además de Rosa Moreno Hernández, María José Hernández y Lucía Izquierdo, sobrina, nieta y nuera del poeta, respectivamente.

En Elche, Alicante, concluyó también el tercer Congreso Internacional acerca de Miguel Hernández, con la conferencia Viento del pueblo y la poesía oral, del catedrático Juan Cano Ballesta.

Vida herida

Miguel Hernández nació en Orihuela, Alicante, el 30 de octubre de 1910. Niño autodidacta que se rebeló contra su destino de cabrero, fue poeta de los pobres y del pueblo, de la reivindicación social y de un compromiso que lo llevó a la cárcel terminada la Guerra Civil española. El 30 de octubre habría cumplido 100 años. Pero murió a los 31, en la prisión de Alicante, por tuberculosis.

España conmemora este 2010 el Año Hernandiano y ha recuperado la memoria de uno de los poetas más importantes del siglo XX español, a quien el franquismo quiso censurar, incluso muerto.

Es recordado con homenajes por toda la geografía española, la publicación de sus obras completas, la gira de Joan Manuel Serrat con Hijo de la luz y de la sombra, que se completa con 18 cortos de destacados cineastas como Manuel Gutiérrez Aragón, Isabel Coixet y José Luis Garci.

Un congreso internacional sobre la vigencia de su obra y la exposición La sombra vencida, en la Biblioteca Nacional, están entre las actividades que lo han reivindicado, además del Premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández, creado por el gobierno.

La del poeta fue siempre una voz herida por las dificultades: el esfuerzo por ser reconocido por una generación de intelectuales en la que no todos lo apoyaron, la tragedia de la pérdida de un hijo y la Guerra Civil española. Una vida corta en la que logró un grandioso trabajo poético.

Obligado a seguir el empleo de su padre, dejó la escuela en su Orihuela natal a los 14 años para dedicarse al cuidado de cabras. Pero por las noches leía, con un interés muy vivo por la poesía.

Su amistad con el canónigo Luis Almarcha Hernández y con los integrantes de un grupo literario en Orihuela alimentaron con libros su ansia autodidacta.

Como “pastor un poquito poeta”, como se definió en una carta enviada a Juan Ramón Jiménez pidiéndole en 1931 que leyera sus versos, marchó a comienzos de la veintena a un Madrid en el que le costó ser reconocido y aceptado por muchos de los integrantes de la Generación del 27, entre ellos Federico García Lorca. Sus verdaderos amigos fueron Vicente Aleixandre y su admirado Pablo Neruda, otra de sus fuentes de inspiración, como Jorge Guillén.

No había cumplido aún los 26 años cuando escribió El rayo que no cesa, magistral poemario con el amor por tema.

Supo conjugar lo íntimo con lo político, la emoción vivida en privado con la arenga pública. Escribió sobre el deseo sexual, sobre los sentimientos profundos, sobre el compromiso social y político y sobre el desaliento de una Guerra Civil que duraba demasiado.

Fue un “poeta universal”, porque su obra se conoce en el mundo; un “poeta necesario, porque refleja un periodo terrible de la historia española” y un “poeta de la memoria, porque su muerte lo convierte en símbolo de la misma para España”, según Rovira.

Se afilió al Partido Comunista, se alistó en la contienda y se convirtió en el poeta de trinchera que escribió versos como los de la Canción del esposo soldado. Con la guerra en marcha, en marzo de 1937 regresó temporalmente a Orihuela para casarse con Josefina Manresa. En diciembre nació Manuel Ramón, su primer hijo, quien murió a los 10 meses. A él le dedicó Hijo de la luz y de la sombra, entre otros poemas recogidos en Cancionero y romancero de ausencias.

Del desaliento que le provocó la guerra habló en El hombre acecha, poemario en el que la militancia política cobra relieve.

En enero de 1939 nació su segundo vástago, Manuel Miguel, a quien dedicó ya desde la cárcel las famosas Nanas de la cebolla, así como cuatro cuentos escritos en papel higiénico: El potro oscuro, El conejito, Un hogar en el árbol y La gatita Mancha y el ovillo rojo, cuatro metáforas de la libertad que ya nunca recobraría.

Terminada la guerra y con la derrota republicana sobre su espalda intentó huir de España a través de Portugal. Pero la policía lusa lo entregó a la Guardia Civil. Lo mandaron a las cárceles de Huelva, Sevilla y Torrijos, en Madrid.

Luego, por sorpresa, lo dejaron libre, y en lugar de huir de España, como otros, regresó a Orihuela junto a su mujer y su hijo. Allí lo detuvieron en septiembre de 1939. Sin haber cumplido los 29, comenzaron para él dos años de suplicio, de cárcel en cárcel.

En enero de 1940, un tribunal militar lo condenó a muerte por “chivato traidor” y “por escribir versos y ser el poeta del pueblo”. La pena capital le fue conmutada por 30 años de prisión gracias a la intercesión de amigos afines al régimen. Pero el 28 de marzo de 1942, la tuberculosis acabó con él en la enfermería de la prisión de Alicante. Tenía 31 años.

La condena a muerte nunca fue anulada, y 100 años después de su nacimiento, su familia aspira a que el Tribunal Supremo la revise y se demuestre su inocencia. Para ello presentó en julio nuevos documentos, entre ellos los de otro proceso sumarísimo contra el poeta que se desconocía hasta entonces.

En marzo, el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero entregó a la familia una Declaración de Reparación y Reconocimiento Personal del poeta.
Pero para su familia “no es suficiente”. Quiere que los jueces “dicten lo que tienen que dictar: inocente”.




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Epicentro de emociones


ORIHUELA
Epicentro de emociones

31.10.10 - 01:06 - PILAR M. MACIÁ ORIHUELA
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La ciudad congregó a amantes de la poesía en los actos con motivo del centenario hernandiano.

Cientos de personas celebran los cien años de la llegada a la vida del poeta del pueblo.


'Pasión por el poeta'
, el lema elegido para conmemorar los cien años de la llegada al mundo del más universal de los oriolanos, se hizo más real que nunca ayer en las calles de la ciudad que vio nacer a Miguel Hernández. Amantes de su obra, de su vida, de sus ideas, de la figura de un hombre que murió joven pero que dejó tras de sí una obra marcada por una existencia tan intensa como trágica, se dieron cita «en Orihuela, su pueblo y el mío», para devolver a los rincones más hernandianos los versos que él escribió mientras pasturaba con las cabras en la sierra, mientras amaba, mientras viajaba o mientras combatía en el frente republicano durante la Guerra Civil.

La casa natal junto al convento de San Juan, pero sobre todo aquella en la que vivió con su familia en la calle Arriba, fueron el epicentro de las emociones de los que la visitaban. Más concurrida que nunca, los visitantes recorrieron las habitaciones de camas con cabeceros de forja con sigilo, salieron al patio y se inspiraron junto a su higuera para cantar, para recitar e incluso para llorar al autor de 'las nanas de la cebolla'. Homenajes íntimos, espontáneos que salieron del alma de quienes los realizaron.

Miguel Hernández le devolvió a Orihuela ayer la vida que su poeta perdió entre las rejas del Reformatorio de Adultos de Alicante cuando sólo contaba 31 años
. A escasos metros del Rincón Hernandiano la Lotería Nacional realizó su sorteo del sábado también con el objetivo de celebrar este cenario, mientras que en el Parque de La Ocarasa se sucedieron las actividades de la Asociación Orihuela 2M10 en torno a la falla experimental que quemarán esta media noche, actos que se sucedieron durante toda la jornada.

El Rincón Hernandiano también acogió a la Asociación de Aficionados Vega Baja, quienes desde la Fundación Cultural Miguel Hernández organizaron una lectura de poemas en la que realizaron más de 500 contactos con radioaficionados de una veintea de países, y por la tarde, el Foro Social realizó su habitual lectura de poemas del último sábado de cada mes, aunque en esta ocasión fue especial dado que el día coincidía con el centenario del nacimiento del poeta. Por eso ayer los poemas elegidos para la lectura pertenecieron a la obra hernandiana y, en concreto, a 'El Rayo que no cesa'.



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El triste destino del poeta pastor


El triste destino del poeta pastor

30.10.10 - PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Pese a su prematura muerte, escribió algunos de los mejores versos de la literatura española



Lo cuenta Neruda en sus memorias, aquel documento situado inestablemente entre la poesía, el autohomenaje y la realidad. En 1934 el chileno llegó a Madrid como cónsul de su país y conoció a «todos los amigos de García Lorca y Alberti». Uno de aquellos amigos era un joven poeta llamado Miguel Hernández. «Yo lo conocí cuando llegaba de alpargatas y pantalones campesinos de pana desde sus tierras de Orihuela, en donde había sido pastor de cabras», escribe.

Neruda publicó los versos de Hernández en su revista 'Caballo Verde' y se convirtió en uno de sus protectores. También en una de sus influencias literarias. «Mi poesía americana, con otros horizontes y llanuras, lo impresionó y lo fue cambiando», afirma el chileno en sus memorias. A continuación, Neruda acuña definitivamente en ese libro una de las imágenes recurrentes de Hernández: la del poeta pastor, esa variante autóctona y exagerada del buen salvaje. «Miguel era tan campesino que llevaba un aura de tierra en torno a él», comienza Neruda. «Me narraba cuán impresionante era poner los oídos sobre el vientre de las cabras dormidas. Así se escuchaba el ruido de la leche que llegaba a las ubres, el rumor secreto que nadie ha podido escuchar sino aquel poeta de cabras».

A continuación le dibuja encaramándose a un árbol de la calle para imitar el trino de los ruiseñores. Tres años antes, el extravagante Ernesto Giménez Caballero -«gran estandarte, cartelista y jaleador», según Machado- había escrito un artículo en 'El Robinson literario de España' en el que llegaba a pedir directamente un rebaño para un Miguel Hernández recién aterrizado en Madrid: «Queridos camaradas literarios: ¿no tenéis unas ovejas que guardar? Gobierno de intelectuales: ¿no tenéis algún intelectual que esté como una cabra para que lo pastoree este muchacho?» Entre unos y otros, entre leyendas y hagiografías, se ha terminado construyendo la imagen de un Miguel Hernández puro y adánico al que le bastó su instinto para componer algunos de los más impresionantes poemas del siglo XX español. Sin embargo, esa idealización es bastante inexacta y efectista. Miguel Hernández nació tal día como hoy de hace exactamente cien años, en Orihuela. Su familia gozaba de una situación no tan humilde como suele contarse y su escolarización comenzó en una guardería privada. Después asistió al colegio Santo Domingo, donde obtuvo unas calificaciones más que notables, destacando especialmente en todo lo referente a la literatura y la escritura.

Clásicos y Siglo de Oro

Fue en 1925 -el poeta contaba quince años- cuando un revés en la economía familiar le obligó a dejar los estudios y ayudar a su padre con el ganado. A partir de entonces, la formación de Hernández fue totalmente autodidacta, pero no por ellos menos intensa. Se sabe que el joven pastor aprovechaba las largas horas de soledad en el campo para leer con voracidad y seguir estudiando.

También hay que señalar que, aunque Miguel Hernández pasase sus jornadas de trabajo aislado en el campo, tuvo acceso durante su época de formación a un ambiente libresco y cultivado. Se sabe que los primeros poemas de Hernández datan precisamente de la época en que es obligado a abandonar sus estudios. Por entonces, ya se reunía con frecuencia con dos de sus mejores amigos, Carlos Fenoll y Ramón Sijé, otros dos jóvenes letraheridos con los que comentaba sus lecturas y ponía en común lo que ellos mismos iban escribiendo.

El firmemente católico Ramón Sijé fue una influencia clave en la primera juventud de Hernández y en el despertar y afianzamiento de su vocación poética. Sijé, que en realidad se llamaba José Marín Gutiérrez, animó y aconsejó a su amigo en la redacción del que sería su primer libro, 'Perito en lunas'. El poemario se publicó en 1933, llevaba un prólogo del propio Sijé y su edición fue financiada por el canónigo de la catedral de Orihuela
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El sí de Juan Ramón

'Perito en lunas' no obtuvo demasiada repercusión y un año después de su publicación Miguel Hernández viaja a Madrid. Será entonces cuando comience a frecuentar a poetas como Alberti, Lorca, Rosales, Neruda o Aleixandre. También cuando comience a conseguir sus primeros triunfos en el mundo literario. Poco después de llegar a Madrid, publicó en la revista 'Cruz y Raya' un auto sacramental titulado 'Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras'. También entra a trabajar en la enciclopedia 'Los toros' de José María de Cossío, lo que le permite vivir en la capital con la seguridad de un salario fijo.

Ya instalado en Madrid, el poeta oficializa su relación de noviazgo con una joven de Orihuela llamada Josefina Manresa. En esta nueva etapa -influido entre otras cosas por el telurismo de Neruda y por la terrenalidad de Maruja Mallo-, Miguel Hernández se ha ido alejando de la influencia inicial de Ramón Sijé, que por su parte ha enlazado el ultracatolicismo con el criptofascismo. Hernández mira cada vez menos al espíritu para mirar más al mundo y trabaja en una obra de teatro que aborda la situación de los mineros y campesinos del país. La Nochebuena de 1935 muere en Orihuela Ramón Sijé, con sólo 22 años, a causa de una repentina infección intestinal.

En el número de enero de la 'Revista de Occidente' Miguel Hernández le dedica a su amigo una de las elegías más célebres y estremecedoras de nuestra poesía. Su comienzo es conocido: «Yo quiero ser llorando el hortelano / de la tierra que ocupas y estercolas, / compañero del alma, tan temprano. // Alimentando lluvias, caracolas / y órganos mi dolor sin instrumento, / a las desalentadas amapolas / daré tu corazón por alimento. / Tanto dolor se agrupa en mi costado / que por doler me duele hasta el aliento».

Aquel fue un momento clave en la carrera de Miguel Hernández. Junto a la elegía aparecían algunos poemas de lo que sería su siguiente libro, el impactante 'El rayo que no cesa'. Incluso el habitualmente imperturbable Juan Ramón Jiménez reaccionó al instante desde su tribuna de 'El Sol': «En el último número de la 'Revista de Occidente', publica Miguel Hernández, el extraordinario muchacho de Orihuela, una loca elegía a la muerte de su Ramón Sijé y seis sonetos desconcertantes. Todos los amigos de la poesía pura deben buscar y leer estos poemas».

Poeta soldado

En 'El rayo que no cesa' Miguel Hernández combina el dominio absoluto de una estructura estrófica clásica, el soneto, con el desarrollo, a plena máquina, de lo que sería su particular universo poético: ese territorio incendiado de amor, mundo y muerte. El gran poeta que Miguel Hernandez llegará a ser ya está presente en 'El rayo que no cesa': un libro repleto de imágenes fastuosas, giros surrealistas, alardes formales y magníficos acercamientos a los misterios cotidianos. Cuando estalla la Guerra Civil, Miguel Hernández se incorpora al Quinto Regimiento del Ejército Popular de la República. Será entonces cuando comience a perfilarse la segunda parte, siempre un poco desenfocada, de su leyenda. Primero fue el poeta pastor. Llegaba la hora del poeta soldado.

Durante la guerra, Miguel Hernández se casó con Josefina Manresa y vio cómo su primer hijo, Manuel Ramón, nacía para morir a los pocos meses. Poco antes de finalizar el conflicto, nació su segundo hijo, Manuel Miguel, que sería el destinatario de muchos de los últimos y más hondos versos del poeta.

Cuando la victoria del bando nacional era ya un hecho, Miguel Hernández renunció a huir del país en un avión que le ofrecía Rafael Alberti. Se dice que llevaban dos años sin hablarse. El enfrentamiento surgió cuando Hernández descubrió los banquetes que se daban los miembros de la Alianza de Intelectuales mientras en el frente los milicianos pasaban hambre. Miguel Hernández intentó huir a Portugal, pero fue detenido en Huelva por la policía de Salazar y entregado a la Guardia Civil. Fue trasladado a Madrid y en septiembre de 1939 un error hizo que le pusieran en libertad. Todavía hoy es difícil comprender por qué, en lugar de intentar entonces salir del país o ponerse a salvo, el poeta no tuvo mejor idea que irse a Orihuela. Fue una dramática reproducción del error que cometió Lorca volviendo a Granada. Una vez en su pueblo, no tardaron denunciarle y detenerle de nuevo. Esta vez fue juzgado y condenado a muerte, aunque la condena se le redujo más tarde a doce años de prisión.

En los pocos días de libertad de los que gozó entre ambas detenciones, Miguel Hernández tuvo tiempo de entregarle a su mujer los poemas que había escrito desde octubre de 1938. Ese libro se publicaría veinte años después bajo el título de 'Cancionero y romancero de ausencias' y es una obra mayor que contiene algunos de los poemas más hondos y emocionantes de toda nuestra literatura. Entre ellos, las conocidas 'Nanas de la cebolla' o el majestuoso tríptico 'Hijo de la luz y de la sombra' .

La guerra destrozó su vida y no jugó a favor de su literatura. Murió el 28 de marzo de 1942 en la enfermería de la prisión de Alicante, a causa de una grave afección pulmonar. Cuatro años después, su amigo Vicente Aleixandre le recordaba con mucho juicio en una carta dirigida a Juan Maderos: «Miguel era un alma libre que miraba con clara mirada a los hombres. Era el poeta del triste destino, que murió malogrando a un gran artista, que hubiera sido, que ya lo es, honor de nuestra lengua».




Imagen e Informaciòn http://especiales-alicante.laverdad.es/miguel-hernandez-aniversario/

El Serrat más emotivo rinde su máximo tributo a Miguel Hernández


El Serrat más emotivo rinde su máximo tributo a Miguel Hernández(Comunidad Valenciana)

31-10-2010 / 1:40: h


Elche (Alicante), 30 oct (EFE).- Un emocionado Joan Manuel Serrat ha conseguido poner en pie a todo el Teatro Circo de Orihuela donde ha concluido su gira "Hijo de la luz y de la sombra", homenaje al universal poeta oriolano, Miguel Hernández, en el día que se cumplen los cien años de su nacimiento.

Con pantalón vaquero, camisa azul marino y chaqueta negra ha aparecido en el escenario para interpretar "Llego con tres heridas" en el que ha sido el segundo concierto en la ciudad natal del célebre escritor, tras el que se celebró la pasada noche arropado por más de mil personas.

Ante un auditorio repleto, Serrat ha entonado los versos hernandianos tras su paso por más de 37 localidades españolas, en una gira que arrancó el pasado mes de abril en Elche, ciudad que otorgó al literato el único premio poético que recibió en vida en 1931 por su poema 'Canto a Valencia'.

En medio de la oscuridad y alumbrado por un tenue foco, Serrat se ha dirigido al público, llegado desde diferentes puntos de la provincia de Alicante, para presentar un concierto "cerrado" y monográfico en el que, según ha dicho, "no caben canciones sin su firma -Miguel Hernández- para no desvirtuar este proyecto".

Cargado de energía y con una magnífica puesta en escena, el cantante ha recorrido las diferentes facetas de la vida del poeta
, desde su poesía más temprana con 'La palmera levantina', a sus creaciones más drásticas como 'El hambre' o su definitoria 'Hijo de la luz y de la sombra'.

En un espectáculo en el que ha primado el carácter 'íntimo', Serrat ha marcado el punto de inflexión con la interpretación de 'El niño yuntero', canción incluida en el primer disco monográfico que dedicó al poeta en 1972, en la que el cantautor ha mostrado su más sincera admiración hacia el escritor oriolano entre una ola de aplausos.

A diferencia de otros conciertos, el público, mayoritariamente oriolano, ha reaccionado al grito de 'bravo' tras la presentación del tema 'Elegía', dedicado a su amigo Ramón Sijé, cuando Serrat ha pronunciado "En Orihuela su pueblo y el mío...", una frase que ha arrancado los más sentidos aplausos de los asistentes.

A lo largo de casi dos horas, se han sucedido veinte canciones que siguiendo un orden aleatorio de los discos 'Miguel Hernández' (1972) e 'Hijo de la Luz y de la Sombra' (2010), ya disco de platino, han provocado numerosas ovaciones del público al son de la mítica 'Para la libertad', ilustrada en el fondo del escenario con imágenes representativas de la Transición.

Precisamente estos montajes audiovisuales, realizados por directores como Manuel Gutiérrez Aragón, José Luis Garci o Isabel Coixet, han ahondado en los problemas universales del Hambre o la Guerra, que son una constante en la obra del poeta.

Una denuncia social a la que Serrat se ha referido en los versos con que ha introducido algunas de las canciones, y de los que se ha valido únicamente para vertebrar su actuación.

Ante los espontáneos "te queremos" o "tú vales mucho", el 'Noi del poble sec' ha mostrado su faceta más enérgica con las interpretaciones de 'Dale que dale', 'Si me matan, bueno' o 'Uno de aquellos'.

"Terminamos aquí pero nos llevamos a Hernández a dar una vuelta por el mundo",
ha concluido el cantautor catalán en referencia a la gira que le llevará en fechas posteriores a Latioamérica.
EFE 1011104 at/mmg/ap


Informaciôn http://www.abc.es/agencias/noticia.asp?noticia=572574
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¿Qué le pasó a Miguel Hernández?


¿Qué le pasó a Miguel Hernández?

Hay pocos poetas tan solitarios y conmovedores como Miguel Hernández en la historia española. Su altura lírica y su significación civil lo han acercado a nuestra educación sentimental, convirtiéndolo en el símbolo de los años dramáticos de la Guerra Civil y la represión de los vencedores. Pero es necesario meditar de manera más profunda el sentido de la soledad que domina sus poemas. No basta con apiadarse del pastor pobre que sufrió las cárceles del franquismo por su militancia comunista. Soportaba una herida anterior.

Miguel Hernández no pudo estudiar. Conviene recordar que no se trató de un problema económico, sino de la decisión de un padre reaccionario. En la España clerical que vio nacer a Miguel, la educación sólo era propia de los sacerdotes y de la clase destinada a dirigir el país. Desde muy joven el poeta vivió la tensión de las dos españas, pero como una herida interior, porque su firme vocación literaria, necesitada de estudio y diálogo con la modernidad, chocó con su propia ideología.

Guiado por el sacerdote Luis Almarcha y por intelectuales de inclinación fascista como Ramón Sijé y Ernesto Giménez Caballero, Miguel Hernández representó el papel devoto del pobre católico. Su figura de sencillo pastor-poeta fue utilizada como un arma contra los intelectuales de la República que habían perdido la inocencia. La imagen del buen cabrero suponía un testimonio para ridiculizar los esfuerzos republicanos en favor de la educación y la cultura. Miguel Hernández se vio así íntimamente enfrentado con los poetas a los que quería parecerse. Si Alberti estrenó en 1931 El hombre deshabitado, escenificando la crisis del hombre moderno, Hernández contestó en 1934 con el auto sacramental Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras para pedir respeto a la divinidad. Publicó también una Profecía sobre el campesino contra la reforma agraria, defendiendo el regreso al orden de los caciques y al seno de la Iglesia.

Todavía en 1935 escribe lo siguiente en el Silbo de afirmación de aldea: “Huele el macho a jazmines, / y menos lo que es todo parece / la hembra oliendo a cuadra y podredumbre”. Es decir, en el Madrid moderno los hombres son maricones y las mujeres putas. Se ha hecho mucha demagogia sobre la prevención que poetas como Alberti o García Lorca sintieron ante el autor pobre. Pero un mínimo conocimiento de la historia justifica la poca simpatía que despertaba un muchacho clerical y homófono que afirmaba escribir “con más cojones” que todos los poetas de España. Para comprender la soledad de Miguel Hernández hay que darse cuenta del enfrentamiento íntimo que sentía al verse obligado a despreciar aquello mismo que admiraba.

Tampoco lo tuvo fácil con las mujeres. El rayo que no cesa, publicado en 1936, es un libro de altísima calidad poética. Pero el ideal de mujer que propone, y que le hace sufrir una dura angustia sexual, es el de una aldeana castísima que se indigna si su novio se atreve a besarla en la mejilla. Esta ideología estaba ya fuera de lugar en la España representada por María Teresa León, María Zambrano o Victoria Kent. Las nuevas ideas eran incompatibles con la visión de la feminidad expresadas en versos como “tus piernas que implacables al parto van derechas”.
La conversión a la izquierda de Miguel Hernández fue repentina y tajante. La devoción que antes reclamaba como católico se convirtió en pureza dogmática dispuesta a dar lecciones de comunismo, lo que creó nuevas tensiones entre sus compañeros. Sólo al final de la guerra, como se ve en El hombre acecha, abjura de la agresividad y llama por sus nombres a los demás poetas en busca de un abrazo. Apuesta entonces por una palabra sosegada y leal a la vida. Es el tono de su Cancionero y romancero de ausencias, una de las cumbres de la lírica española.

Podremos comprender la dimensión del drama humano del poeta si advertimos que sólo en la derrota empezó a sentirse acompañado. Su mejor lección la escribió cuando no quiso dar lecciones. Sus viejos amigos fascistas le pidieron un gesto de acercamiento al Régimen para sacarlo de la cárcel. Él prefirió morir junto a sus camaradas. Esta es la verdadera significación histórica de la soledad y la compañía de Miguel Hernández. En su interior vivió y superó las contradicciones de lo que, años después, Gil de Biedma llamó “un intratable pueblo de cabreros”.



Informaciòn http://blogs.publico.es/luis-garcia-montero/
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100 años del nacimiento de Miguel Hernández

100 años del nacimiento de Miguel Hernández




100 años del nacimiento de Miguel Hernández
30-10-2010

Un día como éste, hace cien años, nació en Orihuela Miguel Hernández Gilabert, poeta. Murió con sólo 31 años pero dejó una obra fecunda que recordamos durante todo este año y que legó a las generaciones futuras.


Video e Informaciòn http://www.rtve.es/mediateca/videos/20101030/100-anos-del-nacimiento-miguel-hernandez/916342.shtml

"Miguel Hernández representó la República y el sacrificio"


Actores, escritores y políticos rinden homenaje al poeta

"Miguel Hernández representó la República y el sacrificio"


"Miguel Hernández fue alguien que históricamente representó la República y el sacficio de los que intentaron una democratización del país", afirmó el poeta Luis García Montero, en el marco del homenaje que se ha realizado al poeta alicantino en el Teatro Lara de Madrid, con motivo del centenario de su nacimiento.

El encuentro El verso que no cesa ha reunido a voces de la cultura y la política, que han recitado versos del poeta, y ha acogido, asimismo, una mesa redonda en la que tanto Montero como el político Alfonso Guerra han conversado sobre la trascendencia de la vida y obra de Hernández.

Montero señaló que estos valores que recogía Hernández en su obra han sido lo que le ha llevado a convertirse no sólo en un poeta importante, sino en una figura representativa de la historia de España. "Es lo que le llevó a las guitarras de los cantautores y a que los poetas le dedicaran versos", señaló. Según indicó, el dolor forma parte fundamental en su poesía y pronto entiende que la metáfora ha de usarse para contar la vida "en primer plano". En este sentido, explicó que Miguel Hernández utilizó su sabiduría estilística para mostrar la verdad.

El poeta precisó que "a veces la poesía no ensucia, sino que hace más noble la poesía". En sus palabras, en una época tan difícil de guerra fue la política la que le dijo a Miguel Hernández "vamos a dejar de mentir y a hablar con dignidad", algo que "le da magnitud" a su obra.

POETA DEL PUEBLO

El político Alfonso Guerra, por su parte, señaló que Miguel Hernández fue considerado el poeta del pueblo. "Él se colocaba en el frente abriendo trincheras, y los soldados llevaban un libro de poemas consigo", dijo. Según manifestó, Hernández perdura porque es un autor universal, que habla de cosas que parece que estuvieran pasando ahora. "Ahora la gente busca en las cunetas a la gente que perdió, como él describe".

En palabras del político socialista, Miguel Hernández representa los valores de la República. En su obra mantiene un compromiso moral y ético con la poesía y su oficio, y al leerlo "no se puede evitar hacerlo apenado, sientes pena por Miguel", según manifestó Guerra. "Era un cabrero --digan lo que digan-- con una gran acumulación poética. Según indicó, "escribía como los autores que leía --Quevedo o Calderon, por ejemplo--, un don que sólo tenía también Federico García Lorca", señaló.

Según explicó Guerra, además de ser uno de los mejores poetas del siglo XX, la figura del poeta representa ese deseo de transformación de la sociedad española. Nació en una familia rural de Alicante, cuyo padre despreciaba la cultura. Además, en una ciudad de 21.000 habitantes, donde más del 70 por ciento de la población era analfabeta, la mayoría del territorio estaba dominado por la Iglesia.

Desde el principio, mostró una manera de enfocar en la que su vida y su obra están unidas. En primer lugar, señaló que Hernández siente un amor por el oficio el poeta --no es un hombre de la burguesía--. "Cree que ese es su oficio, y eso lo distingue del resto", destacó Guerra.

Asimismo, indicó que otra visión de su obra deriva de la soledad en la que vivió su infancia en el campo. "Esa soledad hace que su sentido erótico-amoroso sea muy fuerte, y hace en su poemario lo que nadie ha hecho en la poesía española. Su integridad la expresa con toda claridad y, aunque a veces utiliza la metáfora para esconder el pudor, llega hasta el fondo de las cuestiones que no se habían abordado hasta ese momento en la poesía española", destacó.

'OBRAS COMPLETAS'

Con motivo del centenario del nacimiento del poeta, la editorial Espasa ha publicado las obras completas de Miguel Hernández, en la que reúne en dos volúmenes poesía, teatro, prosa y correspondencia. La editora de las Obras Completas,
Pilar Cortés, señaló que con esta edición se pretende llegar al público general y acercar así la obra de Hernández a cualquier lector. La introducción a los textos corre a cargo de Agustín Sánchez Vidal, catedrático emérito en la Universidad de Zaragoza.

En el acto, al que también acudió el ex dirigente comunista
Santiago Carrillo, los actores Tina Saiz, Juan Luis Galiardo, Cristina Rota, Emilio González Caba, Asunción Balaguer, Alberto San Juan, Marisa Paredes y Blanca Portillo, junto a Montero y Guerra, recitaron algunos de sus poemas de Hernández.



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Miguel Hernández, poeta de España y del mundo


(Miguel Hernández evocando a Ramón Sijé en Orihuela, en abril de 1936)

Miguel Hernández, poeta de España y del mundo
Por Agencias - Agencia - 31/10/2010


Nació en un pueblito perdido en España, donde trabajó de pastor, después descubrió la literatura y salió a las grandes ciudades.

Allí se encontró con la amistad y la política y, por seguirlas, desafió un régimen tiránico, terminando así en la cárcel donde murió, apenas a los 31 años. A estas pocas palabras podría reducirse la vida fugaz que surgió al mundo y se esfumó en las primeras décadas del siglo XX. Podría reducirse a ellas, claro, si no estuviera de por medio la poesía. Entonces, el 30 de octubre de 1910 nació en Orihuela, pequeña ciudad de Valencia, Miguel Hernández, poeta que definió el panorama poético de la época y que continúa teniendo una gran vigencia en la literatura en español. Sumó a su sensible producción poética una continua vocación política apoyada en ideas republicanas, en el momento en que los nacionalistas de España, con Franco a la cabeza, tomarían el poder y castigarían la insurgencia, por lo que su vida fue excesivamente breve. Ayer sábado se cumplió el centenario de su nacimiento y, para celebrarlo, poetas, escritores, instituciones y lectores de todo el mundo lo recuerdan mediante lecturas y homenajes.

En esa línea, el pasado viernes, en La Paz, la Carrera de Literatura de la Universidad Mayor de San Andrés, el Espacio Simón I. Patiño, la Embajada de España y la AECID organizaron un homenaje al poeta español, fallecido en 1942. Participó el Seminario de Literatura Española de la Carrera de Literatura, regentado por Patricia Alegría; también el poeta Juan Carlos Orihuela, Director de la Carrera; y el músico y poeta Vadik Barrón, quien musicalizó versos del español.

Conmemorando este centenario, nos comunicamos con Patricia Alegría y Juan Carlos Orihuela, para conversar sobre el impacto de una de las obras poéticas en español más importantes del pasado siglo.

Sobre cuál fue su primer acercamiento con el poeta, empieza Orihuela con una anécdota curiosa: “En lo personal, Hernández es un poeta que significa muchísimo para mí. Entré en contacto con él cuando era adolescente, gracias a Guillermo Bedregal, y desde entonces no sólo me lancé a leerlo con devoción sino que, eventualmente, me trasladé hasta Alicante, donde está el pueblo de origen de Hernández, curiosamente llamado Orihuela. Fue un viaje en el que, de alguna manera, fui también a conocerme a mí mismo, y sólo entonces caí en real cuenta de que el pueblo de Hernández llevaba como nombre mi apellido.

Primero fue la seducción por su obra y luego el reconocimiento, después también el interés por su vida. Una vida realmente muy breve, ya que él murió en marzo de 1942, seis meses antes de cumplir 31 años. Y para entonces ya era autor de una poesía tan intensa que me envolvió por completo”.

En la poesía de Hernández, en libros como “Viento del pueblo”, por ejemplo, se ve el mismo ardor que lo conduciría a batallar por la causa republicana y a morir, posteriormente, enfermo y encarcelado. La suya, sin embargo, es una poesía de fácil acceso que no requiere la formación académica que exige la de algunos de sus contemporáneos. El suyo es un caso más franco, directo, desnudo, que quizás proviene de su origen campesino. Al respecto, Alegría indica: “Hernández nació en un pequeñísimo poblado de una provincia menor en la España de entonces. En ese momento, las escuelas impartían como enseñanza obligada toda la poesía del barroco y el renacimiento, y evidentemente Hernández estaba al tanto de ella. Así, comenzó haciendo un trabajo en endecasílabos, octosílabos, tercetos, siguiendo la tradición del siglo de oro y después, poco a poco, se desligó de ella y encontró una voz propia, que se relaciona fuertemente con su militancia política y su postura frente a la realidad. Todo esto lo hace, sin embargo, desde una escritura sencilla, una poesía alejada del vericueto formal de la Generación del 27, de la que, sin embargo, varios críticos creen que forma parte. Creo yo que precisamente por eso, por la sencillez verbal con que encara la poesía, Hernández se desmarca de la Generación del 27. Claramente, tiene un manifiesto amor por el trabajo del barroco y el renacimiento, Garcilaso, Góngora, etc., pero por sobre ello late una poesía más bien desnuda, franca y directa. Hernández se sale del conjunto por ser, entre otras cosas, un poeta profundamente individual”.

Esta llaneza poética que muestra un individualismo quizás no conscientemente elegido por el poeta que en el orden político abrazó la causa del pueblo y la república, no se expresa como señal de una contradicción mayor: no fue Hernández un hombre que manejó la poesía por un lado y sus posturas políticas por otro.

Lejos de ello, puede apreciarse en su obra una visión integral que condiciona escritura y militancia con la misma rigurosidad e intensidad: Hernández vivió la poesía desde la vida y la vida desde la poesía.

* El artículo completo puede leerse en el suplemento Fondo Negro de La Prensa


Elegía
(fragmento
)

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
con quien tanto quería)
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

Miguel Hernández


Obra comprometida

Muerto a los 31, vivió los años definitivos de su vida bajo la sombra de la Guerra Civil, que desde 1936 hasta 1939 encegueció España. “No creo que pueda separarse la obra de Hernández de su vida”, sigue Orihuela. “Su poesía está altamente influenciada por la guerra. Desde muy joven, Hernández mostró una muy fuerte sensibilidad social, tanto en su poesía como en su teatro. No hay que olvidarse que fue casi enteramente un autodidacta y que terminó su educación formal a los 14 años, ya que su padre lo sacó de la escuela para que se dedicara al pastoreo. En ese momento, la que se convirtió en una brillante sensibilidad poética podría haberse visto en riesgo de desaparecer o no ser del todo explotada, de no ser por algunas relaciones que comenzó a tener.

Hernández se formó gracias a Ramón Sijé, también republicano y literato, y a cuya muerte Hernández dedicó el poema Elegía. Es él quien lo mantuvo en contacto con la literatura y quien fomentó el hambre de lectura y la gran inteligencia que tenía. Ello, sumado a las ideas revolucionarias del momento, convierten la obra de Hernández en su vida y viceversa”.

A finales de 1940, Hernández fue encarcelado por última vez. Solitario y privado de cuidados, enfermó de bronquitis y finalmente de una tuberculosis que terminaría por matarlo. Volviendo a su pueblo al final de la guerra, Hernández fue apresado y murió mucho antes de su tiempo, mostrando un espíritu consecuente no sólo con sus posturas políticas y ni siquiera sólo con su visión escritural y poética, sino también con una pulsión mucho más profunda, más original, aquella que lo unía y lo unirá para siempre al espacio bucólico, intocado, en el que nació y al que pretendió volver. No sólo en la vida, como lo afirma Patricia Alegría, sino también y sobre todo en la escritura.



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sábado, octubre 30, 2010

Llegó la hora de ver a Joan Manuel Serrat en Orihuela


Llegó la hora de ver a Joan Manuel Serrat en Orihuela

30.10.10


El primer disco que tuve fue “Ara que tinc vind anys” de Joan Manuel Serrat y llegó a mis manos por arte de birlibirloque, a través de un circunvecino. Su padre que era camionero y que hacia viajes a Barcelona lo había traído sin ningún motivo aparente, vaya usted a saber de donde había salido aquel vinilo, y su hijo me lo cambió por un par de peonzas.

En un lugar preferente de mi habitación estuvo expuesto aquel disco con la cara de un Serrat en la portada que parecía observarme. No lo pude escuchar durante meses, no tenía tocadiscos.

Al cabo de un tiempo, a mis catorce años, hice mi primer viaje a Barcelona y allí descubrí el mundo y la modernidad, desde la atalaya de las casas de mis primos que habían emigrado, y la vida de aquellos charnegos que después veía retratados en las magnificas novelas de Juan Marsé. Aquel viaje iniciático desde la tranquila provincia al bullicio de la gran ciudad me hizo cambiar la percepción de las cosas, de las gentes y de la multitud en el Camp nou. No me pregunten de qué equipo soy. Al regresar, tras el largo verano, mi santa madre se había metido en la aventura de comprarme un tocadiscos y dos microsurcos, uno de Miguel Ríos, otro de Adriano Celentano, que pagaría en doce meses mensuales de 125 pesetas que parecían y eran una millonada. Por fin pude oír “Ara que tinc vind anys”. Y esas cosas no se olvidan, como tampoco el primer amor y el beso que nunca dimos, eso no se olvida y ahí está en el recuerdo como la primera vez que vimos la inmensidad del mar, con la sorpresa, con el mismo asombro que los habitantes de Macondo contemplaron el hielo por vez primera que le trajo Melquíades.

En la soledad de aquellos años, la poesía que entonces era un arma cargada de futuro llegó hasta mí sin que yo la hubiera llamado y me vi envuelto entre versos de Miguel Hernández, Antonio Machado y García Lorca, que alimentaban mi espíritu y daban pátina a aquel tiempo de silencio. Hasta que pronto, otra vez, me encontraba con Joan Manuel Serrat y con su disco dedicado a Antonio Machado y aquellas moscas voraces que me evocaban tantas cosas, entre los españolitos que una de las dos Españas les helaba el corazón, tenían entonces yo dieciséis años y muchos sueños de esperanza y muchas gana de ser mayor para que a la puerta de un cine no me pidiera un triste inspector mi carné. Y felizmente me llegaba la mayoría de edad, allá por el 1971, cuando Serrat editaba aquel disco con la portada negra dedicado a Miguel Hernández, cuantas veces cuantas, pude oír y cantar: “Para la libertad sangro, lucho, pervivo. /Para la libertad, mis ojos y mis manos, /como un árbol carnal, generoso y cautivo, /doy a los cirujanos.”. Estos versos y esa musicalidad que tanto entendía me llegaban al alma, como de otra manera sentía los gritos de libertad con las canciones de los Rolling Stones o los Led Zeppelín. Sin embargo, la poesía de Machado y de Hernández ya tenían otra musicalidad, nueva y distinta. La misma que hoy tienen cuando regresó como el del tango con más de veinte años y las sienes caneadas y oigo los sorprendentes arreglos de esos discos de Joan Manuel Serrat. El ritmo natural de la poesía de Miguel ya de por sí es muy musical, cuando uno la lee en voz alta y sin embargo esos mismos poemas en la voz de Serrat alcanzan toda su plenitud sonora.

Con Joan Manuel Serrat y sus canciones- poemas ha ido uno navegando a lo largo y ancho del Mediterráneo y se ha montado en más una ocasión el carrusel del Furú, se ha placeado por Badalona en invierno y en verano, ha recordado esas pequeñas cosas que uno se cree que las mató el tiempo, le ha recordado a su suegra lo de señora, se ha encontrado con Penélope en una estación de cercanías, ha conocido a algún tío Alberto, se ha metido en la fiesta de san Juan o ha visto como pasaban las Musas mientras miraba por la ventana. Y con Joan Manuel Serrat, ahora cuando se cumplen cien años del nacimiento del poeta Miguel Hernández, nos volvemos a encontrar, con esa maravilla de disco que es “Hijo de la luz y de la sombra”. Con Joan Manuel Serrat hablé telefónicamente allá por diciembre de 2009 cuando preparaba este monumental disco, hablamos de cosas que no vienen a cuento, y quedamos en que nos veríamos en Orihuela. En Orihuela Actúa y cierra su exitosa gira Serrat, el próximo viernes y sábado. Ahora recordando aquel “Ara que tinc vind anys” que nunca compré, si puedo decir que “Hijo de la luz y de la sombra” es el último que he comprado. Ahora que ya cumplí más de veinte años. Ahora que llegó la hora de ver a Joan Manuel Serrat, en Orihuela, cantando a Miguel, con quien tanto quería.



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El pueblo devuelve la voz al poeta


El pueblo devuelve la voz al poeta

Lectores, asociaciones de ciudadanos e intelectuales impulsan los homenajes al escritor, de cuyo nacimiento hoy se cumplen 100 años

PAULA CORROTO MADRID 30/10/2010

Miguel Hernández nació un 30 de octubre de 1910 en Orihuela. Sólo 32 años después, en 1942, murió en el reformatorio de adultos de Alicante. Estaba enfermo de tuberculosis. Su cuerpo en aquellos días era ya el de un cadáver consumido. Su voz, tras arengar a las tropas republicanas durante la Guerra Civil y cantar poemas como Viento del pueblo, era un suspiro. Y, cuando finalmente se apagó, el régimen franquista se encargó de que no volviera a oírse durante cuarenta años.

Han tenido que pasar cien años desde su nacimiento para que esta voz fuerte y valiente vuelva a escucharse de nuevo. Y ha sido el pueblo, con los homenajes de su centenario que se cumple hoy, el que se ha encargado de devolvérsela.

"Todo lo que se ha hecho por Miguel Hernández durante estos meses ha sido un acto de justicia. Se le ha devuelto su voz y sus orígenes, y ha sido el pueblo el que se ha encargado de hacerlo. Ha sido un tsunami poético, algo que nunca había ocurrido en España, y, además, no todo ha sido institucional, sino que el pueblo es el que ha estado detrás", confirma a Público el catedrático de la Universidad Complutense y presidente de la Asociación de Amigos de Miguel Hernández, Francisco Esteve.

En la misma línea se expresa el investigador alicantino y presidente de la comisión ejecutiva del Año Hernandiano, José Carlos Rovira, para quien "los dos millares de actos que se han celebrado han puesto de manifiesto una identificación de nuestra memoria cultural y popular con el poeta".

Las primeras voces de Hernandez comenzaron a escucharse a finales de los sesenta y tomaron más fuerza a finales de los setenta, una vez muerto Franco. Eran los tiempos de los poemas cantados por Joan Manuel Serrat y Paco Ibáñez. Luego llegó la Transición y comenzó así a crearse "un caldo de cultivo, una conceptualización del poeta que ha brotado ahora con la creación de la fundación o de una cátedra en la Universidad Miguel Hernández de Elche. Porque durante la Transición todavía había cierta censura con el poeta", asegura Esteve.

Precisamente las ganas por recobrar a Hernández en este 2010 están detrás del éxito que ha conseguido Serrat durante su última gira, en la que vuelve a cantar los poemas del alicantino. Hoy tocará en Orihuela, y ayer, durante la presentación del concierto, señaló que cuando comenzó a trabajar en el disco Hijo de la luz y de la sombra confesó que podría ser "una apuesta arriesgada". Sin embargo, el resultado no ha podido ser mejor: "He logrado una comunión poética con el público muy grande", aseguró. Además de llenos absolutos.


La gente no olvida
Un enorme éxito se espera también para el día 2 de noviembre en el Senado. Actores como José María Pou, Nuria Espert y Juan Diego Botto participarán en una lectura de sus poemas. A través de una página web creada para la ocasión, ya han solicitado su asistencia más de 300 personas, y los organizadores, entre ellos Francisco Esteve, han tenido que cortar la entrada debido al elevado número de peticiones.

Para Pou esto significa que "el pueblo se ha sentido de nuevo identificado con una voz que les pertenece, ya que él fue el poeta popular, enfrentado a la figura de Federico [García Lorca], que se consideraba el culto y el de los corrillos literarios". El actor catalán, al que le encanta la Elegía a Ramón Sijé, también alaba que la iniciativa de muchos homenajes la haya tomado el pueblo: "Detrás de muchos actos están asociaciones vinculadas a los movimientos sociales, a las comunidades de vecinos, mucho más que a las instituciones, aunque también se haya contado con su respaldo. El pueblo recuerda que tuvo una muerte temprana en la cárcel".

El escritor y militante comunista Marcos Ana, de 90 años, de los cuales 23 se los pasó en la cárcel donde conoció a Hernández, se muestra orgulloso del recuerdo de su compañero. "El franquismo mató a una de las voces poéticas más importantes. Él fue la cima de la poesía épica, que escribió tanto a un lado de la vaguada de las trincheras como en la cárcel", explica. Ana, que participará hoy en un homenaje que tiene lugar en el Instituto Cervantes de Madrid, sólo pide que, tras las celebraciones, llegue la hora de la única reparación moral posible: la anulación de la sentencia a Miguel Hernandez "dictada por un tribunal ilegal".

La agonía que sufrió el poeta en la cárcel ha sido una de las partes de su vida que más se han resaltado durante estos meses. Incluso a través de su obra literaria, como se pone de manifiesto con la publicación de dos cuentos inéditos, que el poeta escribió a su hijo Manolillo en la celda. Escritos con mano temblorosa, a través de la historia de dos animales encerrados explica a su hijo en qué consiste la libertad y el deseo de tenerla. "Uno de ellos trata de una gatita que no puede escapar de un ovillo de lana, y en el otro son pajaritos que se encuentran en un nido del cual no pueden salir porque todavía son pequeños. Sin embargo, en los dos cuentos está la idea de que los animales recobrarán la libertad", cuenta José Carlos Rovira.

Éxito en las librerías
Estos cuentos no son los únicos textos que se han publicado este año sobre Hernández. La avalancha ha sido mastodóntica. Desde reediciones, como la de sus Obras Completas, de Espasa, publicado por primera vez en 1992, hasta biografías, como la de José Luis Ferris, Pastor de sueños. Y todos han tenido muy buena repercusión en las librerías. "Este año hemos doblado las ventas, casi triplicado, de los libros de Hernández", dice Susana, de la madrileña Hiperión. Chus Visor, de la editorial homónima, asegura que de la Antología, publicada por primera vez en 2005, han vendido "más que otros años".

Las ventas de la poesía del autor de las Nanas de la cebolla y los congresos sobre su figura, como el encuentro internacional que se clausura hoy el Elche, han traído como consecuencia, para el catedrático Francisco Esteve, que "se conozca de otra manera a este poeta. Por ejemplo, siempre se ha pensado que era un poeta muy espontáneo, pero no es cierto. Leía muchísimo, miraba muchos diccionarios. Su poesía es muy trabajada".

Dos facetas menos conocidas, la del dramaturgo y la del periodista de guerra, también se han puesto de relevancia durante estos meses. De este último aspecto, la profesora de la Universidad de Zaragoza, María Gómez y Patiño, comenta que el escritor "no relataba una crónica o un hecho concreto, sino que su periodismo podría calificarse como un periodismo humano. Sus crónicas resultaban humanizadoras. Poseía la sensibilidad de los buenos periodistas", como bien demuestran sus Crónicas de la guerra.

A los cien años de su nacimiento, Hernández ha vuelto a encontrarse con su pueblo. Al que, como dice Marcos Ana, "defendió hasta su último suspiro".



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"Me suena, ¿es un autor, no?"


"Me suena, ¿es un autor, no?"

Los adolescentes apenas conocen la figura del poeta

P.CORROTO MADRID 30/10/2010

"¿Es un autor, no?". La respuesta rápida, pero un tanto insegura, le sale a Álex, de 18 años, nada más oír el nombre de Miguel Hernández. Está fumando un cigarrillo junto a su amigo Fernando en la puerta de un instituto público de Madrid y la expresión de los dos chavales es la misma que si el profesor hubiera entrado en la clase con un examen sorpresa. "Pero, ¿ me suena, eh?", añade al instante. "Es que hace ya tiempo que lo dimos y fue de refilón", le ayuda su amigo.

Estas son las respuestas habituales recibidas por este periódico tras preguntar por el poeta en varios colegios madrileños. A todos les suena, todos creen saber que es un escritor, pero cuando se trata de nombrar alguna obra, el silencio gana la batalla.

Si acaso, algunos se acuerdan de Nanas de la cebolla y de la Elegía a Ramón Sijé. "Bueno, es que no tenemos una lectura obligatoria", se excusa Patricia, de 1º de Bachillerato, para quien, sin ninguna duda, Hernández forma parte de la Generación del 27.

No hay tiempo
Según los planes de estudio de la enseñanza secundaria y el bachillerato, la figura de Miguel Hernández no se empieza a estudiar hasta 4º de la ESO (16 años). En el manual de literatura de este curso se hace un recorrido desde el siglo XVIII hasta la actualidad. Sin embargo, como señala la jefa del departamento de Lengua del colegio San Saturio, Carmen Bazaco, "apenas hay tiempo para desarrollar algún autor". Uno de los obstáculos es que "muchas veces hay que enseñar nociones de lengua que ya deberían estar aprendidas de otros cursos, como los sintagmas". El resultado: la obra del alicantino pasa casi desapercibida. "Y de su figura como militante, ya nada de nada", añade esta profesora, que aparte de estos problemas con los planes de estudio, no se explica por qué los alumnos no retienen a Hernández.

"Sé que combatió en el bando republicano, pero nada más y que forma parte de la primera mitad del siglo XX", afirma contundente Miguel, estudiante de 16 años. Es lo que ha oído en la televisión o leído en internet. Nadie se lo ha enseñado en el colegio. "A la Guerra Civil casi nunca llegamos y si se da algo es la historia militar. Te quedas con Buero Vallejo y con Lorca", reconoce su amigo Álvaro.

Precisamente, del poeta granadino los conocimientos no escasean. Álvaro es capaz de recitar de corrido varias de sus obras: "Hombre, claro, Poeta en Nueva York, La Casa de Bernarda Alba o Bodas de sangre". Ahora bien, cuando se trata de Hernández, la mente se queda en blanco.

Sin embargo, durante los últimos meses, y con motivo del Centenario, no son pocos los colegios que han homenajeado a autor de El rayo que no cesa. El pasado mes de abril, en el distrito madrileño de Vallecas, 25 colegios públicos y concertados, cinco institutos y diez escuelas infantiles participaron en cerca de 300 actos sobre la figura del poeta. Y ayer, 170 alumnos de entre 16 y 17 años leyeron poemas del alicantino en el Salón de Plenos de la Diputación de Málaga. Para el escritor y militante Marcos Ana este es el camino a seguir con los jóvenes: "Miguel Hernandez es básico para construir nuestra memoria histórica. Recordarle viene bien para que los jóvenes sepan lo que ocurrió en España y que no vuelva a pasar". Una tarea pendiente de los planes de estudio.



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*SÓLO QUIEN AMA VUELA* Miguel Hernández / J.M. Serrat



Sólo quien ama vuela
(Miguel Hernández - Joan Manuel Serrat)


Sólo quien ama vuela.
Sólo quien ama vuela.

Amar... Pero ¿quién ama?
Volar... Pero ¿quién vuela?
Pero ¿quién ama?
Pero ¿quién vuela?
Sólo quien ama vuela.
Sólo quien ama vuela.

Un ser ardiente, claro de deseos, alado,
quiso ascender, tener la libertad por nido.
Quiso olvidar que el hombre se aleja encadenado.
Donde faltaban plumas puso valor y olvido.

Iba tan alto a veces, que le resplandecía
sobre la piel el cielo, bajo la piel el ave.
Ser que te confundiste con una alondra un día,
te desplomaste otros como el granizo grave.

Sólo quien ama vuela, Sólo quien ama vuela.
Conquistaré el azul ávido de plumaje,
pero el amor, abajo siempre, se desconsuela
de no encontrar las alas que da cierto coraje.

Los brazos no aletean. Son acaso una cola
que el corazón quisiera lanzar al firmamento.
La sangre se entristece de debatirse sola.
Los ojos vuelven tristes de mal conocimiento.

No volarás. No puedes volar, cuerpo que vagas
por estas galerías donde el aire es mi nudo.
Por más que te debatas en ascender, naufragas.
No clamarás. El campo sigue desierto y mudo.

Cada ciudad, dormida, despierta loca, exhala
un silencio de cárcel, de sueño que arde y llueve
como un élitro ronco de no poder ser ala.
El hombre yace. El cielo se eleva. El aire mueve.




Video de http://www.youtube.com/watch?v=ZUJrxnUn-vc

DISCO "HIJO DE LA LUZ Y DE LA SOMBRA" - SERRAT


Hijo de la luz y de la sombra (Joan Manuel Serrat)


1.Uno de aquellos o [Al soldado internacional caído en España] (Miguel Hernández - Joan Manuel Serrat)
2.Del ay al ay por el ay (Miguel Hernández - Joan Manuel Serrat)
3.Canción del esposo soldado (Miguel Hernández - Joan Manuel Serrat)
4.La palmera levantina (Miguel Hernández - Joan Manuel Serrat)
5.El mundo de los demás (Miguel Hernández - Joan Manuel Serrat)
6.Dale que dale (Miguel Hernández - Joan Manuel Serrat) *con Miguel Poveda7.Cerca del agua (Miguel Hernández - Joan Manuel Serrat)
8.El hambre (Miguel Hernández - Joan Manuel Serrat)
9.Tus cartas son un vino (Miguel Hernández - Joan Manuel Serrat)
10.Si me matan, bueno (Miguel Hernández - Joan Manuel Serrat)
11.Las abarcas desiertas (Miguel Hernández - Joan Manuel Serrat)
12.Sólo quien ama vuela (Miguel Hernández - Joan Manuel Serrat)
13.Hijo de la luz y de la sombra (Miguel Hernández - Joan Manuel Serrat)


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Homenajea Serrat al poeta Miguel Hernández en centenario de su nacimiento


Homenajea Serrat al poeta Miguel Hernández en centenario de su nacimiento
Redacción/SDP 30 de Octubre, 2010

El cantautor Joan Manuel Serrat cerró la gira "Hijo de la luz y de la sombra", hecha en homenaje del poeta Miguel Hernàndez presentándose en el Teatro Circo de Orihuela, la ciudad natal del escritor.

Miguel Hernández, considerado el miembro más joven de la llamada Generación del 27, tuvo una relevancia importante en la literatura española del siglo XX por la autenticidad de sus versos, reflejo de sus compromisos sociales y polìticos.
El cantautor Joan Manuel Serrat emprendió una gira alrededor de 37 ciudades españolas, la cual comenzó en abril pasado en Elche y concluyó hoy en Orihuela, ciudad natal de Hernández, autor de "El rayo que no cesa".

Serrat se mostró complacido por el éxito obtenido durante sus conciertos y mencionó el "lleno absoluto" de los conciertos. Se trata de la segunda ocasión en que Serrat homenajea a Miguel Hernández, pues en 1972 editó un disco monográfico basado en los textos del célebre autor.


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Miguel Hernández, a la tercera


Miguel Hernández, a la tercera

CARLOS PARDO 30/10/2010

No fue un poeta con suerte. Asociado a las (exactas) versiones de Serrat y a la lucha antifranquista, al El niño yuntero o Las nanas de la cebolla, parece que el destino de Miguel Hernández ha sido sufrir dos grandes injusticias poéticas, por no hablar de las personales... Primero se le trató con el desprecio que los poetas de buena familia (por ejemplo Lorca) reservaban a un poeta con fama de cabrero, porque la lucha de clases pervive hasta entre poetas de izquierdas. Los del 27 le llamaron "epígono genial". Genial, pero al fin y al cabo, un segundón, alguien sin formación académica...

La segunda injusticia le llegó con la democracia y la criba de la poesía comprometida. Alberti sí, el Neruda de las Odas también, pero Miguel Hernández era demasiado raro, demasiado vanguardista para los gustos de la poesía de la experiencia de aquellos años.

Aunque quizá hoy llegue la oportunidad de descubrir al poeta, deformado por los planes de estudio y paradójicamente vivo en los homenajes que se le están haciendo en su centenario. Porque Hernández tiene algo de actual. Es un poeta muy utilizable, como dice un amigo, otro poeta.

Algunos ejemplos. Fragmentación. La condensación neobarroca de su primer libro, Perito en Lunas, donde roza el chiste: "Ya va el río a regarles los azahares / alrededor de sus alrededores, / en menoscabo de la horticultura".

Atrevimiento. Hernández sabe forzar el verso para extremar el sentido, a despecho de la corrección gramatical: "Quiero minar la tierra hasta encontrarte / y besarte la noble calavera / y desamordazarte y regresarte" escribe en la famosa elegía a Ramón Sijé, de El rayo que no cesa.

Política. Se pone al servicio del pueblo sin perder un ápice de imaginación verbal. Como en el famoso Rosario, dinamitera de Viento del pueblo: "Dinamiteros pastores, / vedla agitando su aliento / y dad las bombas al viento / del alma de los traidores".

Minimalismo. También fue el poeta de los versos exactos, como salidos de una boca anónima. Así en su Cancionero y romancero de ausencias escrito en la cárcel: "En el fondo del hombre / agua removida".

Por estas razones y tantos buenos poemas, Miguel Hernández está más vivo que nunca.




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Faro de presencias hernandianas


Faro de presencias hernandianas

Desde el año 1950 ha recopilado miles de documentos del insigne oriolano cuyo centenario se cumple hoy, 30 de octubre

30.10.10 - JOAQUÍN SANTO MATAS ALICANTE

Cuando tanto se lleva escrito e indagado sobre Miguel Hernández, a menudo han convertido algunos autores sus obras en particulares romanceros y cancioneros de ausencias, relegando a un segundo plano de gratitudes al pródigo en resolver dudas o aportar su legado hernandiano inmenso, mutado a veces en látigo incomprendido cuando osa con afecto, desde el dato constatado y el documento irrefutable, rebatir a quien yerra, no públicamente sino en privado, lo que casi nunca admite el orgullo de buen grado.

También es cierto que hay otros escritores agradecidos, en recíproca actitud para con el que cede generoso todo el saber archivado en su densa biblioteca o en la memoria prodigiosa que posee, nítidos a la hora de manifestar en qué fuentes han bebido con mayor avidez.

Ese faro de quien anhela leer, saber, narrar y escuchar de Miguel es Gaspar Peral, genio vivo de la cultura alicantina, compilador del mayor fondo privado sobre el poeta que conocemos aquí y allá, una atalaya del hernandismo alicantino como lo define Aitor Larrabide que dio a conocer tan inmensa bibliografía en el número 220 de la revista ‘Anthropos’ dedicado al oriolano bajo el título de ‘Una nueva visión de su creación poética y la pluralidad de sus contextos’.

Fue ‘La Verdad’ proa intuitiva en publicar cuando corría el año 1933 aquel novicio ‘Perito en lunas’ inmerso en su colección ‘Sudeste’, salido del lápiz campestre de quien soñaba batallas de amor y campos de pluma que acabaron convertidos en ecos de sangre y cartas moribundas.

Peral conserva ediciones facsímiles de aquel libro como de los que fueron viendo la luz, en creciente combate y compromiso, hasta 1939 en que ya fuera de España le publica Manuel Altolaguirre en La Habana ‘Sino sangriento y otros poemas’.
Licenciado en Derecho no ejerciente, autor teatral y además experto en lo que la no reiteración me hace llamar ‘arte de Talía’, donde hace mucho tiempo publicó estudios sobre Carlos Arniches, comenzó hace justamente sesenta años a forjar su pasión por Miguel Hernández.

Escudriñando por una librería de Valencia comprará en 1950 un ejemplar de ‘El rayo que no cesa’, editado un año atrás por Espasa-Calpe en Buenos Aires, dentro de la Colección Austral. Desde entonces ha recopilado miles de documentos, desde libros hasta discos, pasando por revistas, opúsculos, recortes de prensa, carteles e imágenes gráficas que de un modo u otro tienen que ver con el poeta nacido junto al «Segura de oro caricioso que tu vega de amor cuida y consuela», parafraseándolo.
Con motivo del centenario, le falta tiempo y fuerza para poder catalogar con la precisión que requiere y de la que ha hecho siempre gala, lo que le va arribando aunque lo curioso es indagar en lo antiguo y más aún, por insólito, en lo que surgió durante la pasada dictadura.

En 1943, un año después de morir en el Reformatorio de Adultos de Alicante, le publicaba el poeta y crítico de arte Enrique Azcoaga el último de los sonetos de su libro ‘El canto cotidiano’ y que tituló ‘En la muerte de Miguel’, el primero tras la guerra civil, que pasó desapercibido por cualquier censura, con dos citas a Dios y este comienzo: «La tierra al recibirte habrá sentido/todo el calor del trigo más granado;/todo el amor de un hombre inacabado;/la gloria de un poeta conseguido».
Azcoaga había logrado con tan sólo veintiún años el Premio Nacional de Literatura por su primer libro ‘Línea y acento’ en 1933, a la par que Miguel sacaba a la luz su también obra primogénita. Ambos serían compañeros en las Misiones Pedagógicas, aquella ejemplar institución de la II República que llevó cultura general, orientación docente y educación urbana a los pueblos y aldeas más recónditos, sumidos en un hondo y vergonzante analfabetismo.

Cuando una presente y sesgada sombra del olvido decide recaer sobre la presencia viva del poeta en los pasados años de su oficial olvido, resulta interesante recalar en toda la bibliografía hernandiana surgida bajo el franquismo y que comienza en aquella selección de poesía y teatro que publicara Aguilar en 1952.
Ocho años más tarde hallamos números monográficos dedicados a su figura en tres revistas, la malagueña ‘Caracola’ y las madrileñas ‘Ínsula’ y ‘Cuadernos de Ágora’ aunque ya lo había recordado con anterioridad Alicante en el número 30 de ‘Verbo’ que se publicó en abril de 1956.

Y precisamente nos recuerda Gaspar Peral, que fue un activo concejal de Cultura entre 1961 y 1967, insuflador de aire fresco literario y pictórico sobre la escena alicantina, siendo por cierto sustituido en el cargo por José Vicente Beviá, cómo el 21 de junio de 1966 pronunció el pregón oficial de las Hogueras desde el balcón del Ayuntamiento y citó por dos veces a Miguel, al nombrar la palmera y la hoguera que el poeta llamó «alineación de bronce y geometría» y «Pentecostés de lenguas» respectivamente.

Como curiosidad de bibliófilo posee una relación de obras escritas en idiomas como el inglés, francés, italiano, checo u holandés amén de otras en lenguas muy restringidas como el nahuatl mexicano o las indígenas habladas en Filipinas, ya sean traducciones de sus poesías ya ensayos sobre su figura.

Fondo discográfico
Amplio y universal resulta también su fondo discográfico que comienza en 1966 con la grabación de unas poesías que editara igualmente Aguilar y termina este mismo año con Esmeralda Grao, Joan Manuel Serrat, Fraskito e Inés Fonseca, pasando por voces míticas como las de Paco Ibáñez o Alberto Cortez que pusiera música a las ‘Nanas de la cebolla’ en su apartamento de la playa de San Juan; o aquellos ‘Cien años de poesía. Poetas contemporáneos en sus versos’ donde se escucha al mismo Miguel Hernández recitando su ‘Canción del esposo soldado’: «Para el hijo será la paz que estoy forjando./Y al fin en un océano de irremediables huesos/tu corazón y el mío naufragarán, quedando/una mujer y un hombre gastados por los besos».

Próximamente está previsto se inaugure en la Lonja del Pescado una exposición organizada por el Patronato de Cultura de Alicante que muestre una parte significativa del aquí esbozado ‘Fondo Hernandiano de Gaspar Peral 1933-2010’ y que dejará justa constancia de la pasión de un hombre culto por el poeta y cuyo legado se rifan tantos estamentos

Miguel es dolor – «Ya es mi carne mi ruina y mi tormento»- y es pasión – «He poblado tu vientre de amor y sementera»-. Pero por encima de todo, es eso, el poeta de todos


Informaciòn http://www.laverdad.es/murcia/
Imagen de Fundaciòn Cultural Miguel Hernàndez