sábado, diciembre 05, 2009

Miles acompañaron a Víctor Jara hasta su tumba definitiva


Miles acompañaron a Víctor Jara hasta su tumba definitiva

05 de Diciembre de 2009, 03:05pm ET

SANTIAGO DE CHILE (AP) - Miles de personas acompañaron el sábado los restos del cantor popular Víctor Jara hasta el cementerio donde finalmente descansará en paz, a pesar de que aún se desconoce la identidad de los militares que lo asesinaron hace 36 años.

Joan Jara, su viuda de 82 años, encabezó la que a ratos se convirtió en una torturante romería que recorrió unas 40 cuadras, durante casi cinco horas.

La multitud en varias oportunidades se abalanzó hacia el vehículo fúnebre que transportaba el ataúd del cantor popular, actor teatral y luchador social comunista. La urna era la misma que lo contuvo por 36 años en un humilde nicho de un patio del Cementerio General.

Precedían la carroza grupos artísticos que bailaban batucadas o tocaban música folclórica, al tiempo que trataban de abrir paso al vehículo fúnebre.

Jóvenes comunistas, con sus clásicas camisas rojas, se entrelazaron los brazos para contener al público apostado a los largo del recorrido.

"Quiero verlo, quiero verlo", lloraba una mujer de unos 50 años, que había esperado por horas el paso del cortejo, pero que fue alejada del lugar al paso del vehículo fúnebre, que recién había sido cubierto de pétalos de flores al pasar frente a las pérgolas de vendedores de arreglos florales, a pocas cuadras del cementerio.

El calor primaveral no fue impedimento para que más de 6.000 personas, según la policía, acompañaran los restos del cantor, que salieron antes del mediodía desde un galpón de la Fundación Víctor Jara, creada por su viuda y que se convirtió en un centro de creación artística de las nuevas generaciones.

"Vine porque supe su historia y me apasionó, fue una gran persona", dijo a la AP Carolina Romero, de 22 años.

El ataúd de Jara estuvo expuesto desde el jueves, día y noche, para que el pueblo se despidiera del artista, que un 18 de septiembre de 1973 fue enterrado clandestinamente por Joan, luego que un funcionario del registro civil le avisara que el cuerpo acribillado de Jara yacía junto a centenares de cadáveres que llenaban el instituto forense de esta capital.

La violencia desatada por los militares tras el golpe liderado por el general Augusto Pinochet, un 11 de septiembre, dejó 1.197 detenidos-desaparecidos, y Víctor Jara estuvo a punto de ser uno más, si el funcionario público no lo hubiera reconocido y avisado a Joan.

Entre quienes acudieron a rendirle homenaje al galpón estuvo la presidenta Michelle Bachelet, dirigentes comunistas, y ex compañeros de trabajo de la Universidad Técnica del estado, hoy Universidad de Santiago.

Jara, de 40 años, murió torturado y acribillado en uno de los camarines del Estadio Chile, el primer campo de prisioneros habilitado por la naciente dictadura, que se prolongó hasta marzo de 1990, de acuerdo con informes oficiales.

Murió por "múltiples heridas de proyectil, en todo el cuerpo, cráneo, piernas, brazos, tórax, y que significaron un shock hemorrágico agudo", resumió a la AP el director del Servicio Médico Legal (SML), doctor Patricio Bustos. "Tenía también fracturas provocadas por otro tipo de objeto contundente, no por balas", agregó .

Los restos del cantor fueron exhumados el 4 de junio, y su identidad fue corroborada en un laboratorio estadounidense y sus huesos fracturados fueron examinados en el SML.

Resta conocer el informe balístico de la policía de investigaciones que establecerá el tipo de balas que lo mataron: si son de grueso calibre, corresponderían a los fusiles que usaban los conscriptos, o de armas de fuego cortas, lo que indicaría que los asesinos serían los oficiales a cargo del Estadio Chile. También puede ser una mezcla de ambos tipos de armas.

Joan, una ciudadana británica que recibió la nacionalidad chilena a mediados de año, lucía cansada, casi exhausta, pero tenaz como siempre, para acompañar a su esposo hasta su tumba definitiva, un mausoleo en tierra distante unos 200 metros del nicho donde fue sepultado por primera vez.

En la puerta este del Cementerio General se levantó un gran escenario y se instaló el ataúd, donde miles de personas le rindieron su último homenaje al artista, que luego era enterrado en privado por Joan, sus dos hijas y sus más cercanos.

Entre la muchedumbre había miles de adolescentes y jóvenes que nacieron en democracia y no conocieron directamente los rigores de vivir bajo la dictadura de Pinochet, que dejó 3.197 opositores muertos y 1.197 detenidos desaparecidos.

Joan salió al exilio con sus dos hijas el mismo 73, pero regresó años después y se consagró a mantener viva la memoria de Jara.

Hasta ahora hay un procesado como autor del homicidio, el conscripto José Paredes Márquez, reclutado seis meses antes de la sublevación militar para el servicio militar obligatorio, cuando tenía 18 años y era menor de edad. Firmó dos declaraciones admitiendo su participación en la muerte, pero luego se retractó.


Información http://www.univision.com/

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