viernes, abril 15, 2011

La vigencia de Miguel Hernández


La vigencia de Miguel Hernández

Por Ramón Fernández Palmeral


Nos hay más que leer el inencontrable (primera edición) poemario de "Viento del pueblo" para darnos cuesta de la vigencia del Migue Hernández en esta sociedad que ha entrado en crisis económica y de valores por el materialismo y la insolidaridad, un mundo globalizado, de capitalismo salvaje, de abusos del poder (en el engaño del bien común), para darnos cuenta de la actualidad de la potente poesía hernandiana.
Poemario que junto con de "El hombre acecha" fueron censurados durantel franquismos por la verdad que denunciaban, donde se mete con los amos, con los fascistas con los abogados, jueces y tiranos.

Sin embargo, hoy en día aunque no dispongamos de libros, si tenemos Internet, donde todo sus poemas pueden leerse, yo voy a entresacar algunas estrofas interesante.
Si Miguel viviera, sería un perseguido como lo es ahora Julian Assange, defensor de la transparencia, en Wikilear. Julian sólo es el mensajero, los culpables del espionaje son quienes dan origen a los "papeles". De siempre se ha sabido que las embajadas de todos los países del mundo son centrales de información o espionaje en el país donde se hubieran, además de otras acciones diplomáticas llamémosles blancas.

Con el poema del niño yuntero, vemos la explotación que se hacía de los niños trabajadores, lo mismo que se hace actualmente en cientos de países, no es más que el reflejo de la nueva esclavitud a que se someten los trabajadores con sueldos de hambre en países que llaman con risa "economías emergentes", emergentes para sanear los bolsillos de los especuladores, bancos y multinacionales.



Miguel Hernández defiende al pueblo, y a España de todo abuso, como en quel tiempo se pensaba del fascismo franquista. Sin conocer que el comunismo soviético estalinista llegó a ser peor por los deportados a Siberia. Escribió un poema en 1937:

Ah, compañero Stalin: de un pueblo de mendigos
has hecho un pueblo de hombres que sacuden la frente,
y la cárcel ahuyentan, y prodigan los trigos,
como a un inmenso esfuerzo le cabe: inmensamente.

De tal índole propagandístico eran los poemas bélicos, comprometidos, cívicos hernandianos, que su libros fueron censurados en la posguerra porque había versos que no gustaban al régimen franquista ni a la Iglesia católica.

Miguel nos cuenta sus vivencias con sus propias palabras de poeta nacido de la tierra, que lleva terrones en las alpargatas y va soltando raíces por las calles por la que pisa, pero dice la verdad de lo que ve y siente.

Leamos unos fragmentos de "El niño yuntero", que nos sigue conmoviendo:

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta...

¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.


De "Viento del pueblo", donde compara a los dóciles bueyes con la sociedad pasiva y conformista:

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy un de pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.

Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.

Quiere que los obreros españoles salgan de su mísera vida:

Las chozas se convierten en casas de granito.
El corazón se queda desnudo entre verdades.
Y como una visión real de lo inaudito,
brotan sobre la nada bandadas de ciudades.
(Rusia, "El hombre acecha", 1937)

Chimeneas de humo largo, sordo, grasiento,
acosan con penumbras a la creadora masa,
a la generadora masa que obra el portento,
el tractor con los dientes sepultados en grasa.
(La fábrica-ciudad, 1937)

Habla contra las armas, y sobre la firmeza de un hombre desarmado:

Las armas son un signo de impotencia: los hombres
se defienden y vencen con el hueso ante todo.
Mirad estas palabras donde me ahondo y dejo
fósforo emocionado.
Un hombre desarmado siempre es un firme bloque:
sabe que no es estéril su firmeza, y resiste.
Y los pueblos se salvan por la fuerza que sopla
desde todos sus muertos.

(Pueblo, "El hombre acecha" 1937)

Ataca a los poderosos y amos y denuncia a los hambrientos:


Los años de abundancia, la saciedad, la hartura,
eran sólo de aquellos que se llamaban amos.
Para que venga el pan justo a la dentadura
del hambre de los pobres aquí estoy, aquí estamos.

Nosotros no podemos ser ellos, los de enfrente,
los que entienden la vida por un botín sangriento:
como los tiburones, voracidad y diente,
panteras deseosas de un mundo siempre hambriento.

(Hambre, "El hombre acecha", 1937


A los hombre ricos, poderoso y abogados no le deja sin su denuncia:

Saludáis con el ano, no arrugáis nunca el traje,
disimuláis los cuernos con laureles de lata.
No paráis en la tierra, siempre vais de viaje
por un pais de luna maquinal, mentecata.
(Los hombres viejos I, 1937)


A los jueces tampoco los deja inmunes:

Os alimenta el aire sangriento de un juzgado,
de un presidio siniestro de abogados y jueces.
Y concedéis los pedos por audiencia de un lado,
mientras del otro lado jodéis, meáis a veces.
(Los hombres viejos II, 1937)


Sin pelos en la lengua insulta a la clase judicial de entonces, queda vigente hoy cuando vemos sentencias que son claramente de interés político:

Retretes de elegancia, cagan correctamente:
hijos de puta ansiosos de politiquerías,
publicidad y bombo, se corrigen la frente
y preparan el gesto de las fotografías.

Temblad, hijos de puta, por vuestra puta suerte,
que unos soldados de alma patética deciden:
ellos son los que tratan la verdadera muerte,
ellos la verdadera, la ruda vida piden.
(Los hombres viejos II, 1937)


Poemas que sirvieron a cantautores durante la Transición para llegar hasta la democracia. Poema cantado por Joan Manuel Serrat:

Para la libertad sangro, lucho, pervivo,
para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.
Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.
Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.
(El Herido II, El hombre acecha 1937)


Conclusión: Miguel más que un poeta que tiene imitadores, es un poeta que tiene admiradores, porque es un poeta lúcido, un poeta nacido de la tierra del pueblo y para el pueblo, donde encontramos cantos a la libertad, denuncias a los abusos, contra abogados, jueces, amos, hombre ricos, o sea, un poeta que parece que es de hoy. Aunque los poetas de hoy se dediquen más al malabarismo del parloteo sintáctico, que a decir las cosas sin pelos en la lengua, a veces, cómplices de una realidad social injusta y apocada a ir peor.


Alicante

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