viernes, mayo 08, 2015

Serrat llenó Fibes de «Aquellas pequeñas cosas»




Serrat llenó Fibes de «Aquellas pequeñas cosas»

Cumple cincuenta años sobre los escenarios, y quiso hacer parada en Sevilla para celebrarlo. Bajo el brazo, un nuevo disco, «Antología desordenada»

FRANCISCO PIÑERO- @franpineroR - Sevilla - 08/05/2015

Serrat cumple cincuenta años sobre los escenarios, y quiso hacer parada en Sevilla para celebrarlo. Bajo el brazo, un nuevo disco, «Antología desordenada». O mejor dicho, un personal resumen de su dilatada trayectoria que anoche desgranó a lo largo 21 canciones, ante un auditorio del Palacio de Congresos y Exposiciones lleno hasta el «Paraíso».
Joan Manuel Serrat ofreció un recital lleno de esas pequeñas cosas que tanto definen su carrera. Como una voz cálida, que evidenció su experiencia pero tornándose aún más cómplice.
Como un acompañamiento musical de delicadeza, a veces más cercano a una Big Band y otras al más puro sonido Serrat, pero siempre con sus cinco músicos «de confianza». Como una escenografía sencilla, sin cambios, ni siquiera para el «bis».
Como el esperado mensaje, ya fuera en inteligentes versos o en cercanos discursos. El telón trasero mostró, en cambiantes luces de neón pero durante todo el concierto, la firma del catalán. No hubo mejor símbolo, pues cada intervención del artista, que por cierto fueron numerosas, dio muestra de su ingenio. De que él era el espectáculo.
Desde el principio se metió al respetable en el bolsillo, cuando tras interpretar «El carrusel del furo», el tema de apertura, agradeció a los presentes por estar allí, en especial a «los sevillistas» por aquello de la UEFA. «Tienen mi autorización para encender el transistor siempre que no molesten al vecino», comentó entre risas.

Los «himnos»

Y, cómo no, un repertorio cuajado de éxitos donde no faltaron«Mediterráneo», «Para la libertad», «Penélope» o «Lucía». Hasta un tema en catalán recordando sus inicios: «Fa vint anys que tinc vint anys».
Hubo espacio para evocar a Machado, por ejemplo, en «Cantares», y para el Serrat más intimista, con esa verdad incómoda que narra en «Niño Silvestre» y que introdujo con una demoledora revisión de los casos de explotación y muerte infantil en el mundo. Pero también con la agradable melancolia de «Esos locos bajitos», en la otra cara de la moneda.
Un momento de gran intensidad fue el que se creó con «Algo personal», en el que la letra de este clásico de 1983 pareció funcionar a la perfección en el momento sociopolítico actual. Al menos así se comentó entre los asistentes, una vez culminó la sonora ovación del patio de butacas.
El álbum al que la gira va parejo esconde numerosos duetos, y ayer Sevilla disfrutó de uno muy especial, con Miguel Poveda. Precisamente con «Aquellas pequeñas cosas», y el elegante matiz flamenco que surgió de dicha fusión.
La segunda sorpresa estaba por venir, en forma de cierre, y con los sones de esa canción que puede incluso tener más significado para la ciudad de Sevilla que para el propio Serrat, si es que eso pudiera llegar a medirse.
Precisamente, el cantautor ha recibido un premio Demófilo 2015, galardón que ensalza ciertas excelencias en materia cofradiera, por su contribución a la música procesional con este tema, que le sirvió de guiño a la mitad del recital y tomó cuerpo en los últimos minutos.
«La Saeta» trajo el característico cantar del catalán a ese pueblo andaluz que tanto coreó sus canciones, aplaudió y se entregó al artista durante las dos generosas horas de duración de su espectáculo.
http://sevilla.abc.es/cultura/musica/20150508/sevi-concierto-serrat-cronica-201505080654.html
 


Joan Manuel Serrat: "Siempre hice lo que el corazón me dictó"



Joan Manuel Serrat: "Siempre hice lo que el corazón me dictó"

Viernes 08 Mayo 2015

El cantante Joan Manuel Serrat sumó hoy un nuevo reconocimiento, el Premio Iberoamericano de la Música Cortes de Cádiz (sur de España), a una carrera en la que ahora cumple cincuenta años y en la que, como en la vida, cree haber acertado, porque "siempre hice lo que el corazón me dictó".
"Encantado" y "con sentida emoción", según dijo en su discurso, Serrat recogió hoy en la Casa de Iberoamérica de Cádiz este premio por muchos motivos, entre otros por ser "un puente musical" entre Cataluña y España y entre España e Iberoamérica, un "referente" para varias generaciones a uno y otro lado del Atlántico y un defensor de valores éticos, morales y democráticos.
Tras visionar un vídeo en el que se le definía como "nuestro Jacques Brel, nuestro Bob Dylan", Serrat (Barcelona, 1943) explicó que se siente "orgulloso" de recibir un premio que lleva por nombre el de las cortes que alumbraron la Constitución de 1812, que marcó "un salto extraordinario" en la vida pública al recoger principios como la soberanía popular o que todos los individuos son "libres e iguales".
También agradeció que el premio reconozca en él a "un divulgador" de la poesía española.
Pero quiso matizar que él nunca se propuso divulgar la poesía española: "Le puse música a poemas de Machado, Hernández y otros, porque sus poesías me conmovieron, sonaban a las canciones que me hubiera gustado escribir", explicó para hacer después un alegato en favor de la lectura: "Un país que no lee, no progresa".
Sobre su papel en Iberoamérica, Serrat confesó que tiene "una deuda profunda" con América: "Más que tender puentes, hice míos los puentes que América me tendió".
El cantante también se refirió a otro de los motivos por los que le ha sido concedido el Premio Iberoamericano de la Música Cortes de Cádiz, su defensa de los valores éticos, democráticos y morales.
Defendiéndolos, actúa "en defensa propia", dijo después de explicar que "difícilmente los hombres avanzan de otra forma que no sea juntos".
Serrat, que contó también que siempre ha tenido "la necesidad imperiosa de querer y ser querido" y dedicó este premio a todos sus amigos "de aquí y allá" que le han descubierto "caminos", acabó su discurso marcando desde el atril el ritmo de unas alegrías de Cádiz.
Serrat sucede a Plácido Domingo y a José Antonio Abreu en los galardonados con este reconocimiento, una de las doce disciplinas con las que el Ayuntamiento de Cádiz distingue a talentos iberoamericanos con los Premios Cortes de Cádiz, que han cumplido esta edición catorce años.
En declaraciones a los periodistas, el cantante reconoció que no tiene "ningún propósito" de retirarse. Con "¡lo bien que me lo paso en el escenario!", resaltó. EFE
http://www.eldiario.ec/noticias-manabi-ecuador/355119-joan-manuel-serrat-siempre-hice-lo-que-el-corazon-me-dicto/

Serrat: «Yo hice míos los puentes que América me tendió»



Serrat: «Yo hice míos los puentes que América me tendió»

El cantante ha agradecido el premio «que lleva en su epígrafe el de las Cortes aprobadas en 1812 cuyos principios han sido un referente»
N. AGRAFOJO- 08/05/2015 a las 13:43:49h. -  Provincia , Cádiz

Tirititrán, trán, trán. Con estos sones flamencos, con el recuerdo del Cortijo de los Rosales y con Iberoamérica como protagonista ha recibido Joan Manuel Serrat el Premio Cortes de Cádiz de Música que cada año otorga el Ayuntamiento gaditano.

La Casa de Iberoamérica se ha vestido de gala y se ha llenado de personalidades para ver en directo a una de las principales figuras de la música española, que ha respondido con un gran cariño al reconocimiento de la ciudad. «Me alegro que todo esto esté pasando en Cádiz», reconocía el popular cantautor mientras alardeaba de la la amistad que tiene en esta ciudad.

Algunos de ellos estaban sentados entre el público, como el hijo de Antonio Martín de Mora, el empresario encargado del mítico Cortijo de los Rosales y que fue la persona que trajo al cantautor catalán a Cádiz por primera vez y que no ha podido reprimir las lágrimas ante el cariñoso recuerdo que ha tenido el músico hacia su padre. «El empresario del Cortijo de los Rosales que se ubicaba en el Parque Genovés, ahora engullido por el progreso de la ciudad, era un hombre de los que Antonio Machado hubiera definido como un hombre bueno», ha recordado Serrat.

También se han dejado ver en el acto los artistas Javier Ruibal y Pasión Vega, el escritor Luis García Gil, así como numerosas personalidades del mundo del arte, la empresa o la política. También han estado presente los alumnos de la Escolanía de San Felipe Neri, que han interpretado varios temas como broche de oro al acto y que ha entusiasmado al homenajeado.

El artista catalán también ha destacado su gratitud por recoger un Premio «que lleva en su epígrafe el nombre Cortes de Cádiz, cuyos principios han sido un referente y es extraordinario lo que ha representado para la sociedad. Lleva el epígrafe de este momento histórico que se anticipó a su tiempo». En este sentido, también ha puesto de relieve su relación con América: «Más que ser un puente hice míos los puentes que América me tendió. Mi oficio me llevó a América y se creó así un vínculo de amor», a la vez que ha reivindicado que «tenemos un presente en común en el que deberíamos profundizar».

Serrat, gran defensor también de la lengua catalana, también ha tenido palabras para agradecer su aportación a la recuperación de elementos del folklore catalán, un aspecto que ha valorado el jurado a la hora de otorga esta distinción. «Si uno se siente parte de un pueblo, defender estos valores es actuar en defensa propia. Defender lo que colectivamente somos y que nos pueda permitir avanzar», ha explicado.

La alcaldesa Teófila Martínez también le ha brindado un discurso emotivo y cercano para agradecer su labor y su defensa de los valores democráticos a lo largo de sus casi 50 años de carrera. «El secreto de un gran artista es superar los gustos generacionales y saber hablar al oído a todos los locos bajitos que llevamos dentro», ha asegurado Martínez en referencia a uno de sus grandes temas. «Muchas gracias, querido maestro, por hacer que con sólo escucharte, cualquiera pueda ser un gran día», ha finalizado.

http://www.lavozdigital.es/cadiz/201505/08/serrat-premio-cadiz-20150508134349-pr.html

miércoles, mayo 06, 2015

martes, mayo 05, 2015

Serrat repassa a Andorra mig segle de vida sobre els escenaris



Serrat repassa a Andorra mig segle de vida sobre els escenaris


Joan Manuel Serrat ha clos aquest dimarts a la nit la 21a Temporada de Música i Dansa d'Andorra la Vella MoraBanc

ANA / G.LL.T. Andorra la Vella ACTUALITZADA EL 05/05/2015 22:15


Joan Manuel Serrat ha estat l'encarregat de cloure la 21a Temporada de Música i Dansa d'Andorra la Vella MoraBanc. Ho ha fet aquest dimarts a la nit amb un concert que ha omplert el Centre de Congressos de la capital -les entrades es van esgotar fa dies- i en el qual el músic del Poble Sec ha repassat alguns dels temes més rellevants de la seva carrera artística.

El recital d'aquest dimarts forma part de la gira que Serrat va iniciar el mes de febrer a l'Amèrcia Llatina, per tal de commemorar els seus 50 anys sobre els escenaris, i que ha estat precedida per la publicació de l'àlbum "Antologia desordenada", on repassa mig centenar de temes molt especials de la seva trajectòria. El d'Andorra, de fet, ha estat el primer concert del cantautor català a Europa en el marc d'aquesta gira.

La 21a Temporada de Música i Dansa d'Andorra la Vella MoraBanc va començar a principis de gener amb el concert del violinista Joshua Bell i l'Academy St Martins in the Fields. El 31 de gener va ser el torn de Vicente Amigo, que va homenatjar el seu amic i "compadre" Paco de Lucía, amb el concert "In memoriam Paco de Lucía". La tercera proposta va ser la de la pianista veneçolana Gabriela Montero, el 21 de febrer, i un mes després va arribar l'espectacle de dansa, que va anar a càrrec de la Compañía Nacional de Danza, dirigida per José Carlos Martínez.

http://www.ara.ad/cultura/Serrat-comparteix-mig_0_1351665130.html?utm_medium=social&utm_source=facebook&utm_campaign=ara

domingo, abril 26, 2015

SERRAT EN SALTA Salta, Abril de 2015. AÑO XIV, Nº 420






SERRAT EN SALTA


Salta, Abril de 2015. AÑO XIV, Nº 420

SOLO FALTÓ PENÉLOPE...
Y fue el recital de Serrat en Salta… Algunos distraídos se lo perdieron (de tantos espectáculos que llegan a Salta), a otros no les alcanzó para comprar las entradas (muy caras) lo que no fue obstáculo para que el Teatro Provincial, la sala más grande de Salta estuviera colmada.

Gente de todas las edades (mayoría de más de cuarenta, claro), llegaba con sonrisa cómplice y cara de acariciar un sueño y se ubicaba en su asiento. Las instalaciones tan cómodas del teatro invitaban al relax hasta que uno se daba cuenta del calor que se sentía en las salas. Quizás así como en el sonido, también haya que pensar en un refuerzo de aires acondicionados. Y ya que estamos en lo técnico, el sonido en el recital de Serrat tuvo algunas fallas pero en líneas generales, estuvo acertado - se escuchaba correcto hasta en el pullman-, aunque que era sonido propio, no del teatro.

Una banda muy bien dirigida por Ricardo Miralles, el humor de Serrat, su poesía y su música encendieron los corazones y la piel y cada quien vivió su propio romance con Serrat, en una noche que fue pura emoción.

Unos minutos luego de lo acordado, se encendió el juego de luces que como un ramillete de líneas enredadas caía sobre el escenario y apareció el Nano…y allí, ya no se sintió calor, ni ruidos (salvo una insistente señora que gritaba por no escuchar, por los niños con hambre, por temas…) y solo se vibró con todo lo que el catalán y
su impresionante producción vino a ofrecer. Una mención aparte para la producción local, liderada por Violeta Aquino, que resultó impecable y respetuosa de la prensa y del público.

Cálido, locuaz, pronto se dio la comunión con el público y empezaron a sonar los temas con los que repasó la “Antología desordenada” que vino a presentar a Argentina. “De vez en cuando la
vida”, “Niño silvestre”, ”Cantares”, “Desamor”, “Para la libertad”,
“Romance de ” Curro, el Palmo”, “Mediterráneo”, así como
los temas en catalán. Luego llegaron los invitados especiales, Cesar Isella y Mariana Baraj, a quienes se los vio tan conmovidos como al público y que arrancaron ovaciones con sus intervenciones, en las individuales y en “Fiesta”

Muchas lágrimas del público en esta despedida de los escenarios argentinos. Por un lado, la certeza de que el Nano, ya tiene 71 años y viene de superar una enfermedad, asi que no sabemos cuando volverá.

Por el otro, el profundo agradecimiento interior de cada uno por esa intensidad, luminosa y potente que nos enciende el alma: la música de Serrat, una leyenda viva.( P.P.)


miércoles, abril 22, 2015

Cuando Joan Manuel Serrat hacía pop


Cuando Joan Manuel Serrat hacía pop

En la figura de Serrat cristaliza por primera vez en la música española la estrella pop y el artista crítico. Una exposición celebra su medio siglo como creador

Por Carles Gámez - 22 de abril de 2015


(Joan Manuel Serrat en su juventud © Tony Catany)

En 1971 Serrat culmina la ascensión a su Everest musical. El álbum Mediterráneo le corona como el príncipe del pop melódico. Todas las caras del mosaico serratiano: romántico, realista, crítico, irónico intelectual… Serrat ha roto las barreras entre el cantautor sofisticado y el artista popular. Solo han pasado siete años desde que asomara su rostro aniñado y de gesto serio en la portada de su primer disco bajo las huestes de la Nova Cançó. Cincuenta años después el músico celebra sus bodas de oro profesionales y es objeto de una gran exposición en el Centre Arts Santa Mònica de Barcelona. El itinerario de un creador que acabó sirviendo de guía de una nueva generación musical entre los fuegos fatuos de la cultura pop.

→ Serrat celebra sus 50 años sobre los escenarios

Entre 1967 y 1971 el cantante muda de aspirante a cantante folk –y discípulo raimoniano– al ídolo juvenil, el baladista sensible a la conquista del estatus de divo de la música popular española. La primera iconografía forjada por el diseñador Jordi Fornas en el sello Edigsa le ha revestido como chico de barrio que no desdeña cierto aire bohemio. Ahora las fotografías de Colita lo bañan en una atmosfera glamurosa y sexy. La portada del álbum Mediterráneo, mano a mano entre el retrato de Colita y el diseño gráfico de Enric Satué, rubrica su perfil de icono luminoso. A pesar de su evocación del viejo Mare Nostrum, la imagen del cantante en camiseta parece más cercana a los músicos de la Costa Oeste californiana en ese juego de transparencias soleadas y ensoñaciones hippies.


(La exposición recoge momentos de su vida a través de portadas de discos y revistas.)

Durante ese periodo Serrat ha vivido sobre una montaña rusa: profesionalización, Festival de Eurovisión con su agria polémica y ostracismo por parte de los medios oficiales franquistas, división bilingüista en la Nova Cançó, entrada en los circuitos comerciales, proyección internacional, giras maratonianas, debut cinematográfico, etc.Un Serrat en el ojo del huracán que no le ha impedido erigirse como uno de los máximos vendedores discos en España. Siete álbumes repartidos en catalán y en castellano, uno de ellos, un long play dedicado a los versos de un poeta republicano (Antonio Machado) que ha hecho saltar récords y ha convertido sus poemas en canciones pop, para escándalo de los más puristas. Creaciones como La tieta o Cançó de bressol señalan las primeras grandes cimas de la canción de autor en la “música ligera” española. Serrat realizaba su propio Like a rolling stone –el tema dylaniano de ruptura– y reescribía la lírica popular de la tradición Quintero-León-Quiroga siguiendo las formas de la chanson.

→ Las voces del pop español: Joan Manuel Serrat

Si Raimon ha servido de motor de arranque para una nueva sensibilidad musical, la conjunción del mito juvenil y el artista rebelde, Serrat actúa de motor turbo de esta nueva cartografía emocional. En una España hegemonizada por la figura del ídolo narcisista –Raphael– emerge una nueva generación de “trovadores de lo cotidiano”. Serrat es su mesías lírico. A partir de ese molde original se forma el nuevo collage serratiano: el juglar urbano, el divo pop y de consumo para adolescente, el icono antifranquista que canta a Miguel Hernández, la estrella mediática y portada de las revistas del corazón, el amante de bellas modelos de las noches de Bocaccio…


(El cantante en un partido de veteranos del Barça (izquierda) © Horacio Seguí)

Serrat juzgado en la portada de la revista Triunfo y bendecido en Mundo Joven, el Salut les Copains español. En Francia Jacques Brel puede hacer compatible las páginas de Le Nouvel Observateur y Elle. En España, el personaje Serrat pone en tela de juicio ciertos tabúes y ortodoxias. Para la reapertura del music hall El Molino del Paralelobarcelonés aparece en un sofisticado Alfa Romeo modelo años 30; a los pocos días, se encierra con otros intelectuales en el monasterio de Montserrat en protesta contra el juicio militar a unos militantes de ETA.

→ 40 años de Mediterráneo, la obra maestra de Serrat

Entre los años sesenta y setenta Serrat transforma la figura del ídolo juvenil redefinido con sus luces y sus sombras. Celebrado y contradictorio. Bajo el franquismo y un paisaje cultural en tensión, cristaliza por primera vez en la música española el cantante moderno, sofisticado y popular; el intérprete que no desdeña su imagen de estrella pop y al mismo tiempo su vocación de artista crítico.


La exposición Serrat. 50 anys de cançons estará en el Centre Arts Santa Mònica (Barcelona) del 2 de junio al 27 de julio.


Fotos de Movistar Arena







Serrat en el Movistar Arena






Serrat en Chile...






En este enlace pueden ver unas lindas fotografías de su visita al Colegio Artístico Sol del Illimani. (Chile)

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martes, abril 21, 2015

Joan Manuel Serrat fue nombrado Visita Ilustre de Santiago








Joan Manuel Serrat fue nombrado Visita Ilustre de Santiago

21.04.2015 

El cantautor español se reunió antes en La Moneda con la Presidenta Michelle Bachelet. Está de gira para celebrar sus 50 años de trayectoria.

Esta mañana la Presidenta Michelle Bachelet recibió al cantautor español Joan Manuel Serrat en una audiencia celebrada en La Moneda.

El encuentro se dio en el marco de la gira del artista para celebrar sus 50 años de trayectoria. Tendrá presentaciones en Santiago y Concepción.

Además, hoy fue distinguido como "Visita Ilustre de la municipalidad de Santiago".

La alcaldesa Carolina Tohá dijo que lo distinguieron porque "es una música que nos va a acompañar toda la vida".

Explicó que el premio "quiere decir que la ciudad valora tu presencia, agradece tu vínculo con el país y te rinde honor".

Por su parte, el artista agradeció el gesto y dijo que "ha sido un día muy hermoso".


Nostalgia e invitados: así es el show que trae Serrat para celebrar sus 50 años de historia




Nostalgia e invitados: así es el show que trae Serrat para celebrar sus 50 años de historia

El cantautor llegó ayer a Chile para su recital de mañana en Movistar Arena. El concierto de dos horas incluye clásicos remozados y temas en catalán.

por Andrés del Real - 21/04/2015 - 07:15

“Nano, Nano, Nano”. El cariñoso apodo que los argentinos escogieron para Joan Manuel Serrat es repetido como un mantra por las cerca de 3 mil personas que repletan el teatro Gran Rex de Buenos Aires, durante el primero de los doce conciertos que el catalán dio el mes pasado en la capital trasandina (ver video). Padres con hijos, grupos de mujeres mayores, calcetineras adolescentes: todos quieren un pedazo de Nano, y éste intenta responder con cortesía e ingenio cada uno de los gritos de admiración -y más de una propuesta amorosa- que recibe desde la platea.

El diálogo entre audiencia y trovador se repite durante las dos horas que dura la presentación de Antología desordenada, la gira basada en el disco cuádruple del mismo nombre lanzado en noviembre pasado, con el que Serrat inició las celebraciones de sus 50 años de trayectoria artística. El mismo tour que mañana a las 21.30 horas llegará al Movistar Arena -donde aún quedan las últimas entradas a la venta- y que luego pasará por Suractivo de Concepción antes de continuar por Europa. 

Si bien el paso por Chile de Serrat y sus 50 años será en dos grandes recintos, y no con muchas fechas en teatros más pequeños como hizo en Argentina, en escena el espectáculo mantendrá el formato. Allí, tal como en el álbum de estudio, el trovador presenta versiones remozadas de los mayores clásicos de su extenso catálogo, además de algunas piezas menos populares de su gusto personal. 

Y si en el registro de estudio reversionó estos temas acompañado de diversos artistas hispanoamericanos -desde Silvio Rodríguez a Calle 13-, en la actual gira lo hace sólo secundado por una sobria banda de cinco músicos, liderada por el experimentado pianista Ricardo Miralles -el histórico arreglista y director musical del catalán-, en la que prevalece la eficacia por sobre la pomposidad instrumental.

La austeridad también se traduce en la escenografía: un sencillo telón azul y un pequeño adorno de luces que de vez en cuando va cambiando de colores, es todo lo que acompaña al cantautor y su grupo. 

ALGO PERSONAL

De vez en cuando la vida, su emocionante himno de 1983, es el tema que Serrat escoge para abrir la noche frente al público argentino, y el que desata las primeras exclamaciones de júbilo desde la audiencia. Le siguen El carrusel del Furo, De cartón piedra, Algo personal y Hoy por ti, mañana por mí, además de dos piezas del catálogo más nostálgico y emotivo del cantautor: Mi niñez y Niño silvestre, antecedidas por un sentido llamado de atención del español hacia el abandono de niños en el planeta. 

No es la única frase que el músico lanza desde el escenario: entre canción y canción, aprovecha de rememorar viejas anécdotas de sus comienzos en la música, se burla de sus 71 años de edad y desclasifica una que otra historia personal en Argentina, uno de los primeros países que visitó junto con Chile.

Tras un segmento dedicado a su repertorio en catalán -que incluye Cançó de bressol, Paraules d’amor y Fa vint anys que tinc vint anys- Serrat continúa paseando por himnos como Para la libertad, Mediterráneo, Fiesta y Lucía, éstas dos últimas, interpretadas junto a los trasandinos Víctor Heredia y Celeste Carballo, los invitados sorpresa de la noche. Una idea que el cantante ha repetido en toda la gira, y que pretende replicar mañana en Santiago. 

Tras casi dos horas, y ante la insistencia de una fanaticada eufórica, el músico regresa al escenario para cerrar la velada con lo más popular de su discografía: Penélope, La mujer que yo quiero, Barquito de papel y Tu nombre me sabe a yerba, algunos de los temas que sostienen la leyenda de una de las más grandes figuras de la música en español.

Serrat entrando a La Moneda




SERRAT EN CHILE

Michelle Bachelet recibe a Joan Manuel Serrat



REDACCIÓN el 21/04/2015 

En el Salón de Audiencias del Palacio de La Moneda, la Presidenta de la República de Chile, Michelle Bachelet, se ha reunido hoy con Joan Manuel Serrat entre una intensa agenda del catalán que también incluyó una visita al colegio Sol del Inti-Illimani y el nombramiento de "Visita Ilustre de la Municipalidad" por parte de la alcaldesa de Santiago, Carolina Tohá.

Verena...te espero


domingo, abril 19, 2015

Crecer con Serrat - Revista Anfibia



Crecer con Serrat - Revista Anfibia

A 46 años de la primera vez que vino a la Argentina, Juan Manuel Serrat sigue siendo un fenómeno de masas: 40 mil personas en el Gran Rex, 80 mil en Tigre. Sus seguidores dicen que, como leer a Sartre, sus canciones están asociadas a ciertos valores y a la cultura política de los setenta. La cronista Natalí Schejtman visitó sus shows tratando de identificar la vinculación afectiva con esa nostalgia musical.

A mediados de los 80, Karina Milano esperaba junto a toda su familia para comer en Sorrento, un tradicional restaurante de Mar del Plata. Tenía quince años y poco apuro, cuando vio que por un costado de la fila entraba el cantante Joan Manuel Serrat. Ella lo había conocido gracias a su hermano mayor y le gustaba, sí, pero tampoco la hacía perder la cabeza. De hecho, pensaba que su hermano había exagerado un poco al haberlos hecho escuchar durante todo el camino de City Bell a Mar del Plata canciones del catalán. Sin inquietarse demasiado, la entonces adolescente pasó al salón, se acomodó, y observó cómo muchos de los comensales se acumulaban, acelerados, alrededor de la mesa del cantante. Ella se acercó también. Tímida, le habló y le pidió un autógrafo, pero no quiso importunarlo y actuó expeditiva, apurada. Cuando volvió a su mesa se dio cuenta de que le había faltado algo fundamental: no le había dado un beso.

—Los siguientes 18 años me lamenté por haber sido tan boluda. Después de verlo en el restaurante es como que me encandiló. Lo fui a ver al Super Domo de Mar del Plata y ahí escuché Pueblo Blanco, que es una canción que describe todo un pueblo y al final te das cuenta de que la está cantando un muerto. Yo nunca había escuchado algo así—dice Karina, hoy con 45 años, mientras espera, nerviosa, en las bambalinas del Teatro Argentino de La Plata, para sacarse una foto con Serrat. —A partir de ahí, todos esos años iba a verlo, pero nunca llegaba a estar ni cerca.

19-04-2015


El beso se convirtió en un objetivo. Ella y toda su familia escribieron a Sorpresa y media, el programa de Julián Weich que en los noventa y principios de dos mil televisaba y cumplía los “sueños” más concretos de la gente. Pero nada. Sorpresa y media llevaba a una señora a reencontrarse con su familia en España, montaba una fábrica de mermeladas en Tierra de Fuego, pero Serrat no aparecía. El programa terminaba un domingo en el que el cantante tocaba en el Teatro Argentino. Karina rogaba desde la tercera fila implorando que finalmente el programa hubiera elegido el suyo como último sueño del ciclo, hasta que el catalán apareció en escena. Ella decidió que no iba a esperar que la televisión le armara el set: “Nano, ¡un beso!”, le gritó como si le brotara del cuerpo. Serrat la miró desde el escenario y le pidió a un hombre de seguridad que la dejara pasar. Ya estaba ahí y él en vez de un beso en el cachete, le encajó un pico. Después del show, hubo un disco de regalo y una pequeña charla. Cuando volvió a su casa de City Bell su mamá se asustó: lloraba sin parar

Serrat propone 12 Gran Rex y las entradas se pulverizan, como si estuviera en el pico de popularidad. Es probable que su público –mayormente compuesto por gente de 50 o 60 años, pero no solamente- esté menos en el centro de los medios y las marcas que los adolescentes que hacen cola para ver a Rubius, el Youtuber del momento, y que entonces nadie mande a un camarógrafo a cubrir la escena. Pero los números son estruendosos. Además de los conciertos de Capital Federal, estuvo girando por el país con otros 14. A un recital gratuito que realizó en la estación de Tigre, fueron 80.000 personas. Y no es que haya habido una gran abstinencia. Sólo hace dos años y un poquito vino con Sabina en esa saga de shows a dúo y, antes, en 2010, Serrat solito también estuvo de visita con su habitual sucesión de conciertos masivos.

 Esos números, por supuesto, no son algo que suceda muy a menudo con un artista: ¿Cómo es que un español, que toca hace 50 años, sigue manteniéndose tan vigente en Argentina?

Gladys Nogueira, bibliotecaria y docente de Lanús de 60 años, está saliendo del Gran Rex junto a su marido y miles de personas más. Pide que le saquen una foto con el fondo de la puerta del teatro que tiene la imagen de Serrat ploteada sobre el vidrio. Es uno de los cientos shows que él dio en Argentina en toda su vida y debe ser algo así como la vez número 20 que ella lo ve en vivo, pero Gladys siente que Serrat le habló a quien ella es aquí y ahora. A su marido, Hugo, con la cámara de fotos colgada al cuello y todavía cierta expresión conmovida detrás de los anteojos, no le interesa especialmente hacer un análisis sociocultural sobre la relación entre la clase media argentina y Joan Manuel, pero ante la pregunta de por qué le gusta tanto y asiste tan religiosamente a sus conciertos, este analista de sistemas dice: “Crecí con él. Punto”.

Y Serrat también creció con y como su público. En cada uno de sus shows parece haber una especie de efecto Boyhood. La película de Richard Linklater contaba los avatares de una familia estadounidense de 2000 con un detalle de producción: fue filmada durante 12 años, cosa que le aporta a los personajes un extra de verosimilitud que viene de la mano de ver a los mismos actores cada vez más grandes, ajados, maduros. La familia ficcional compuesta por Serrat y su asiduo público argentino también se enfrenta, en esa cita que ocurre cada un número de años, al paso del tiempo, sus consecuencias emocionales y hasta los cambios físicos de ambas partes.



Gladys puede recordar con mucha facilidad la primera vez que supo de la existencia de Serrat. Es 1969, ella tiene 13 años y con su vecina de Lanús miran ansiosas Sábados Circulares porque ese día se presenta un hombre que hacía delirar a las jovencitas de la época… Sandro. Pero antes, Pipo Mancera quiere presentar a un nuevo talento catalán, que viene dando qué hablar en España.

Y aparece Serrat en polera y saco, en blanco y negro, con pelo largo y patillas, las cejas muy tupidas y algunos lunares que sólo exacerban su sensualidad romántica. Gladys, del otro lado de la pantalla, se enamora para siempre de sus canciones Tu nombre me sabe a hierba y Poema de amor. También escucha por primera vez la lengua catalana. Busca en las disquerías, radios, revistas, no mucho más. Muy pronto ya tiene colgadas en su cuarto las letras de sus canciones favoritas escritas a mano y algunos posters. Joan Manuel Serrat se va volviendo una celebridad y aparece en propagandas de jeans, películas y tapas de revistas. Ya en 1972 Manuel Vázquez Montalbán da cuenta de esto en el libro Serrat: “En Argentina había puesto el catalán de moda entre la juventud. Una canción suya como Adeu, Adeu… amor meu i sort incorporó al lenguaje de la juventud bonaerense la expresión ´Adeu´ para despedirse…”

Los abuelos de Gladys contribuyen a su fanatismo y le regalan el simple para su cumpleaños. Después viene el long play, y en el 71, el show en vivo en el Opera. Fueron tantos, que ahora no se acuerda con exactitud las fechas de los otros conciertos a los que fue en esa época. Lo que sí recuerda es que la vida cotidiana va cambiando y que eso también atraviesa a su ídolo popular, antifranquista y libertario: en 1972, por ejemplo, un show al que fue se suspendió por una amenaza de bomba.

El camino de un cantautor romántico de pueblo a un estandarte ideológico y transnacional incluye unos cuantos hitos. En 1968, un Serrat de 25 años había sido elegido como el representante de Televisión Española de Eurovisión, festival de música europeo con intenciones de disputarle mercado a los estadounidenses. Sus canciones eran románticas pero también hablaban de tipos humanos de pueblo y de cierto folklore de la posguerra española. Melancolía, capacidad de observación y mucha juventud lo hacían gozar de una fama incipiente en ascenso (al borde del 70 en el ranking de la española Mundo Joven iba primero él, seguido por Raphael y los Beatles). Serrat, contento por ir al Eurovisión, avisó un pequeño detalle: pensaba cantar la canción en catalán. TVE se negó y él renunció a la representación.

En una entrevista televisiva que dio en 1977, entre cigarrillo y cigarrillo, vuelve a este episodio:

-Todas las actitudes que yo haya podido tomar en mi vida han estado debidas a una cosa: yo soy un artista popular. Si esta popularidad me ha llegado, es debido a una gente, a un pueblo, que es el que escucha mis canciones, compra mis discos, me viene a ver al teatro. Cuando existen problemas que implican a toda esta gente me implican a mí. Por el hecho de que soy un artista popular no me inhibo, al contrario, debo estar mucho más el servicio de todas estas cosas.


El tono de ese Serrat todavía es algo virulento. Se nota que los ataques que recibió en ese momento –desde que había orquestado una campaña de prensa hasta que era anti español, sumándose a otros que ya lo habían atacado por cantar y grabar en castellano- todavía lo irritan. Después del affair Eurovisión, que lo ubicó en el panteón de los rebeldes de su época, fue prohibido por la dictadura de Franco, se encerró con otros intelectuales y se pronunció en contra del fusilamiento de etarras y tuvo que exiliarse durante 11 meses en México. Por esa época, había lanzado su disco Miguel Hernández, en el que musicalizaba la obra del poeta muerto en la cárcel como preso político de la guerra civil española. 

Pero puede que, aun con estos antecedentes, a alguno le surjan dudas sobre por qué es tan habitual que los periodistas le pregunten por la Argentina, con mayor o menor intención tomarle prueba de comprobación de lectura de diarios locales. Sólo por mencionar dos ejemplos recientes, hace unas semanas, Alfredo Leuco le pidió un descripción de cada presidente que había conocido desde 1983 en una entrevista para “Los Leuco”, y a fin del año pasado, 

Alejandro Fantino también rompía el hielo de “Animales sueltos” con preguntas sobre cómo había encontrado al país y su ciudad capital. Sucede que hay cuestiones estrictamente argentinas (y otras tantas Latinoamericanas) en la configuración del Serrat politizado que tanto horadó en la cultura progresista nacional. A comienzos de los años setenta Serrat ya era un asiduo visitante de la región y estaba muy al tanto del clima de países como Chile, Uruguay y México. El joven, todavía con pelo largo, se había involucrado en asuntos concretos: llegó a vincularse al FREJULI en 1972, durante la campaña de Cámpora. 

También compuso un tema, “La Montonera”, dedicado a una amiga suya asesinada por la Triple A que “Con esas manos de quererte tanto pintaba en las paredes ‘Luche y Vuelve’/ manchando de esperanzas y de cantos las veredas de aquel 69…”. Serrat nunca grabó oficialmente ese tema y apenas si lo cantó un par de veces en vivo, entre ellas, en un concierto en solidaridad con el pueblo argentino que se realizó en Madrid a fines de los setenta, como cuenta Juan José Salinas en una entrevista realizada en 1984 para El porteño. En los cinco tomos de La Voluntad, el fresco de la militancia de los sesenta y setenta a cargo de Martín Caparrós y Eduardo Anguita, Serrat sobrevuela con unos cuantos cameos que incluyen desde un concierto en Berisso hasta el pedido de ayuda económica en 1972 por parte de los familiares de presos políticos, a lo que el cantautor responde con una donación abultada



Aunque durante la dictadura sus canciones prácticamente se habían esfumado de las radios y la televisión, los vecinos de la cárcel de Devoto pudieron haber escuchado algunos conciertos que irradiaba el lugar menos pensado: la minúscula ventana de una celda. Del lado de adentro estaba Liliana Chiernajowsky haciendo escalerita humana con sus compañeras para vociferar su acto de rebeldía: cantar canciones, salir momentáneamente de la cárcel desparramando versos como “Para la libertad,/ sangro lucho y pervivo” o “Los muertos están en cautiverio / y no los dejan salir del cementerio”, dos canciones de Serrat modelo 71. 

Acaso sea esa una de las imágenes más frescas que Liliana, militante, ex constituyente y legisladora de la ciudad de Buenos Aires y comunicadora, guarda de sus años de presa política, entre 1974 y 1981. La música –mucha música, autores diversos- y las historias, como los relatos minuciosos de los sueños que soñaban en la cárcel y de películas que habían visto antes de caer, eran, para ella, una especie de fuga. Y las canciones de Serrat aparecían ahí, como un emblema. Nacida en Comodoro Rivadavia, Liliana se había mudado con su ex marido a Trelew en el 71, hasta que vino el intento de fuga y fusilamiento de los presos del penal de Rawson y se tuvieron que ir. Había conocido la obra del cantautor en esta época, mientras iban descubriendo a los poetas que marcaban el pulso cultural del momento. – Serrat tuvo que ver con una búsqueda todavía un poco antes que la búsqueda política y militante. 

Es especial para mi porque es de los setenta, es Miguel Hernández, es Machado, es García Lorca. Está asociado a momentos clave de mi vida y de mis hijas. Era todo un clima cultural anterior. Como leer a Sartre. Me parece que el fuerte de Serrat en esa época fue la confluencia con esos valores, con esa cultura política que estaba flotando en el ambiente- dice hoy, con una evocación fresca, como si recordar ese particular aspecto de los años más duros de su vida volviera a darle aire a su memoria. Serrat iba sumergiéndose en los suburbios clandestinos como una bandera y un refugio. A través de sus poemas llegó, incluso, a la Escuela de Mecánica de la Armada en 1978. La detenida desaparecida Elizabeth Marcuzzo acababa de ser madre y los militares le habían dicho que se iba, que la llevaban a Mar del Plata, de donde venía. 

Pero ella y su compañera Graciela Daleo sospechaban que el destino era otro y que no se iban a volver a ver. En la despedida, según narra La Voluntad, mientras constreñían las caras para evitar el llanto desconsolado, “Pati”, como llamaban a Elizabeth, le entregó a Graciela un pañuelo de seda que había bordado con los versos de De parto, que describían su embarazo en cautiverio: “Se le hinchan los pies, / el cuarto mes /le pesa en el vientre./ A esa muchacha en flor/ por donde anduvo el amor/ derramando simiente”. Graciela pudo entregarle ese pañuelo al hijo de Pati en 1990, cuando lo conoció. -





Eso también fue Serrat en ese momento: cada vez menos fogones y radios y más cárceles clandestinas o escuchas puertas adentro. Es difícil reconstruir su rebeldía hoy, cuando recibe un Grammy honorífico como Persona del año (2014) y un premio Azucena Villaflor (2013) de la mano de Cristina Fernández de Kirchner por su compromiso con los derechos humanos. Es decir, cuando estado y mercado celebran a una especie de Sarmiento, como alguna vez, hace muchos años, lo describió Alan Pauls en Rolling Stone, al compararlo con Sabina. Y también, cuando su mención o halago es uno de los lugares comunes que tiene a mano todo aquel que quiera mostrarse bien pensante, o como expresó Rodrigo Fresán en una nota del año 2000 en Radar (Página/12), cuando enumeraba a los múltiples Serrat que cabían en uno y se detenía en “El Nano beatificado a la hora de fundamentar los más rancios clichés supuestamente progres”. Pero en eso que se puede llamar vulgarmente cultura popular, motorizado en parte por canciones que siguen siendo elocuentes pero no oportunistas, flota todo lo que Serrat significó. Su popularidad, su presencia latinoamericana y su particular vínculo con la política argentina en los 70 es crucial para entender ese arraigo y esa especie de confianza perenne en el héroe que siempre “estuvo”. Por eso, entre otras cosas, es comprensible esa extremada atención que le dan sus propios seguidores a sus posicionamientos políticos. Por ejemplo, en el grupo de Facebook de fanáticos de Serrat que comparte Gladys con unos cuantos argentinos y catalanes se armó un debate cuando Serrat, hace unas semanas, fue a tocar a la estación de Tigre en un recital gratuito para el público y apareció en una foto con el candidato Sergio Massa. No debe haber tantos músicos extranjeros sometidos a ese tipo de auditoría. 

En una mini encuesta de inexistente rigor demográfico, de 15 Lucías nacidas entre 1983 y 1985, 12 respondieron que se llamaban así por la canción de Serrat, esa que habla de “la más bella historia de amor / que tuve y tendré”.

“Mi mamá me iba a poner Ana o Sofía, pero fue a ver un concierto embazada de mi y amó el nombre por la canción”, dice Lucía, de 29 años. “¡Sí, por Serrat! Zafé de Penélope”, dice otra Lucía. “Yo también… y conozco a varias” dice una tercera Lucía, la hija menor de Liliana Chiernajowsky. En 1984, después de haber salido en libertad y mientras procesaba como podía lo que le había sucedido además de la cárcel –la separación con su hija mayor, la desaparición de su hermano, la muerte de su padre- hizo un íntimo y no especialmente consciente homenaje al poeta “de los 70” y llamó a su hija de la democracia con el nombre de una canción de amor de Serrat. Un nombre que, por cierto, es corto y le encanta.

Entre todo el florecimiento y la cicatrización de esa época, el reencuentro de Serrat con el público argentino es otro capítulo en la mitología progresista argentina. En 1983 ingresan cientos de nuevos fans que quizás conocieron su obra con desfasaje de su publicación y bastante menos amargura. Después de casi nueve años de prohibición de su música, Joan Manuel Serrat volvió amplificado en su simbolismo para un público hambriento y desesperado que ahora lo asociaba directamente con la reconstrucción democrática.

Así lo cuenta Roberto en el foro de jmserrat.com, un sitio web enorme dedicado a brindar toda la información disponible sobre el cantante.

“Serrat era mi máximo ídolo, yo tenía 18 años y estaba terminando el colegio secundario. Me pasaba horas escuchando sus canciones, pero apenas si le conocía la cara. Un día se anuncia en el diario que se iban a poner en venta las entradas para 4 recitales en el Gran Rex (…) Llegué bastante antes de que se abran las boleterías, pero la cola era enorme, daba vuelta las esquinas y se metía en la calle Lavalle. (…) Por fin, llegó el día. Fui solo, el teatro se fue llenando y la ansiedad del público se sentía en el aire. Arrancan los acordes, salen los músicos, dos o tres minutos de música de introducción y aparece el Nano. El tarantan tara ta tan de Cantares, y los aplausos más sostenidos que se puedan imaginar. Él se deja aplaudir unos instantes e intenta empezar a cantar, pero es imposible. Lo intenta varias veces, pero el público de pie aplaude y sigue aplaudiendo, pasan varios minutos, quizás 5 o más, los corredores elevados que hay al costado del Gran Rex están colmados de fotógrafos de medios gráficos, dejan sus cámaras en el piso y se suman a los aplausos, lo desbordan también a Serrat que seguro esperaba un recibimiento grande, pero no esto. Finalmente empieza a cantar y yo empiezo a descubrir a mi ídolo”.





El clima era de apertura, aunque todavía no había democracia. El mismo día que Clarín titulaba en su tapa que “Se ha reestablecido el derecho a huelga”, 5 de junio de 1983, publicaba la celebratoria reseña del concierto. Para Serrat ese no fue un show más y así se lo explicaba a Mona Moncalvillo, un poco abrumado, afectado, en una entrevista en Humor: “De momento, lo que está pasando es como una madeja de emociones muy diferentes, de afectos, desilusiones, ilusiones, esperanzas… Todas estas situaciones necesitan reposo… (…) He llegado a un país que, evidentemente, está sufriendo angustias muy concretas que está volcando en mí, junto con toda la ternura y los afectos… Esto no lleva a una situación normal, ni permite -al menos a mí no me lo permite- situarme en una situación de equilibrio.”

Como los Gran Rex del “retorno” se agotaron en seguida, agregaron funciones en el Luna Park. En 1984, Serrat volvió al Luna y fue memorable. Ahí fue Gladys y también recuerda haber llorado mucho en ese show. Hugo, su marido, había hecho una cola sin precedentes en su vida para conseguir las entradas y cuando llegó el día, se acomodaron en la popular, exultantes. Entre los flashes emotivos de aquel día, suma un dato muy de la primaveral en ciernes: las hordas efervescentes, en su grado máximo de sensibilidad, habían descubierto entre el público la grisácea imagen de Bernardo Neustadt. Los insultos y los gritos alborotados lograron echarlo del estadio.

Era otro Serrat y era otro el contexto que los tenía a todos estremecidos: las canciones más representativas de los setenta como Pueblo Blanco, una canción lúgubre que llegaba a preguntarse “Por qué nace la gente / si nacer o morir es indiferente”, compartían lugar con su repertorio optimista. Por ejemplo:

“Prefiero volar a correr,/hacer a pensar;

amar a querer,/tomar a pedir,

antes que nada soy

partidario de vivir”

(Cada loco con su tema, 1983).




Los locales, cada vez más, fueron haciendo de él un ídolo sensible y atractivo, informado y rebelde dentro del sistema. Clarin lo recibe como un mesías, con una tapa de suplemento dominical dedicada a su bienvenida con textos de León Gieco, Mercedes Sosa y Eladia Blazquez. A año siguiente, ya en democracia, vuelve a presentarse en otra seguidilla de shows memorables.

El Serrat de los 80 canta una canción que se mete en la escena familiar y resuena especialmente en una sociedad que está cambiando, una canción de un varón dedicada a los hijos: Esos locos bajitos, que entre sus versos dice este tipo de cosas:


“Nada ni nadie puede impedir que sufran,

que las agujas avancen en el reloj.

Que decidan por ellos

que se equivoquen.

Que crezcan y que un día

nos digan adiós”.

Aun al día de hoy, cuando es ya uno de sus himnos, la performance resulta íntimamente pirotécnica: la canción construye una especie de burbuja sentimental entre el músico y su público, lejos de todo. Una mujer en un palco que apenas pasa los 60 y fue al concierto con su hija de 30 lo mira embobada y los ojos de las dos se ponen vidriosos, pensando en quién sabe qué, pero seguro algo extremadamente significativo. Y él canta una canción que habrá cantado miles de veces pero pareciera que cuando la canta ratifica palabra por palabra lo que escribió hace más de treinta años, y a su modo, como anfitrión experimentado, se emociona, se entrega al aura general que tiene intensidad y privacidad, así estemos en un Gran Rex con 3300 personas.

Eso es lo que puede pasar en un show de Serrat, esa vinculación afectiva también existe: ¿Cómo extrañarse de que alguien quiera vivir esa experiencia sensible cada 2, 3 o 5 años?

-¡¡¡¡Te amoooooo!!!!- le grita una mujer desenfrenada desde el pullman.

-Bueno, yo también. No me gusta que lo hagas tan público. A fin de cuentas, soy un hombre casado- contesta él con media sonrisa, y haciendo el gestito manual para que baje un poco la voz.

-¡Mi hijo nació un 27 de diciembre como vos!- le dice otra, cuyo grito viene de más lejos, tal vez el primer o segundo piso.

-Es que sí… – pelotea Joan Manuel como si no le resultara un comentario de lo más absurdo- Es un buen día para nacer-. Y agarra la guitarra con parsimonia para comenzar su próxima canción.




A Sandro las mujeres le tiraban bombachas, pero mientras Serrat avanza con su antología de “unas que sepamos todos”, que incluye temas como Mediterráneo o Cantares, el público le va dejando cartas, alguna foto o pintura enmarcada o misteriosos regalitos en bolsitas prolijas de papel madera. Él agarra todo, y después de exagerar el esfuerzo que hace para agacharse a recoger la bolsita, pide: “¿Podrían darme todo junto así me agacho una vez?”. Carcajadas. En esas casi tres horas de show él es una estrella, está claro, pero también está en el mismo lugar que su público a la hora de enfrentar una verdad: que en 71 años pasa de todo. Y mucho queda. 

De eso habla especialmente en este show, en el que festeja los 50 años de escenarios: su supervivencia juvenil al whisky Smugler, un brebaje alcohólico de cuestionables consecuencias hepáticas, las visitas al mítico local porteño Caño 14 en los años 70, los amigos que ya no están y el epifánico descubrimiento de los chinchulines. Serrat mira al maestro Ricard Miralles: “Te acordás, Maestro, en 1969, lo que fue venir a Buenos Aires” y él asiente con una sonrisa pícara que dura unos segundos, para después volver su cabeza a las teclas, cosa de no robar protagonismo. Por supuesto que se acuerda Miralles, pianista y director artístico de Serrat desde esa época aunque con algunas intermitencias, su infaltable socio en la construcción de su sonido. Fue un impacto enorme. 

Tenían veintitantos, salían al teatro Regina a ver a Piazzolla siempre que podían y querían conocerlo todo. Abajo del escenario, el Maestro es un gran conversador, que puede ir del recuerdo de cuando conoció a “Juan Manuel” gracias a Pi de la Serra a una opinión tajante en contra de Puerto Madero. Sentado en el lobby de un hotel bien céntrico, esa zona que le encanta, está más que dispuesto a hablar del público argentino, al que conoce muy bien: no sólo trabaja intensamente con Serrat, sino que lo hizo durante 12 años con Alberto Cortez. –La gente aquí se siente muy partícipe. Veo las caras de la primera fila y realmente están participando y miran con mucha atención, explica, como si todavía lo asombrara esa propensión local a cierta mitificación. Lo que no le asombra tanto es el vínculo tan aferrado de los argentinos con su “jefe”. Entre otras cosas, porque Serrat lo viene trabajando. –Todo lo que dice arriba del escenario es verdad. Él se siente un poco de aquí. Además de ser un artista de muchísima calidad, a él lo mueve la comunicación con la gente. Hay gente que no le da importancia a eso, dicen ´si se interesan, ya se interesarán´, pero él quiere comunicarse con la gente.


En una entrevista reciente al dominical de El periódico, Serrat pidió disculpas a los hijos por cuánto sus padres los habían atormentado con su música y este tipo de frases: “Escucha esto, esto sí que está bien, esto es música y no esa mierda que tú escuchas”. Es simpático el comentario. 

Y tiene algo de cierto. En la entrega del Grammy honorífico, los cantantes jóvenes como Natalia Jimenez, Pablo Alboran o Debi Nova decían que Serrat los llevaban directo a su casa familiar de la infancia, que él era el “héroe” de sus padres y que por eso era tan emocionante acompañarlo en la ceremonia. Los chicos estos ya entraron en la rueda y les toca una parte del efecto Boyhood. Porque es cierto que hay una buena cantidad de canciones del repertorio de Serrat dedicados a los momentos de una vida, como Mi niñez, Si la muerte pisa mi huerto, Llegar a viejo, Señora, etc… 

Pero más allá del contenido literal, están las apropiaciones: lo que cada uno hizo con esas canciones tan tremendamente escuchadas. Serrat hasta tiene una teoría sobre cómo el amor hacia él es en cierta forma un amor a uno mismo, como le explicaba hace unos años en un diario español: “Dicen que aman las canciones cuando lo que aman es lo que esas canciones les resucitan. Yo compongo en función de lo que la vida me dicta en cada momento y eso conforma la banda de sonido de los demás y la mía propia”. Es que Serrat no es sólo el emblema ideológico, un hombre maduro con el sex appeal intacto, el comprometido del 70, el rebelde partidario de vivir del 80, ni el que se queja con gracia de que sus cintura no está para agacharse una y otra vez: es también el botón que activa la memoria involuntaria, el que va y viene del presente al pasado, no sólo de su vida, sino de la de cualquier persona que “creció con él”, como Hugo, y que considera a sus canciones la música de algunos hechos fundamentales de su vida: la cárcel, el amor, su infancia, la vuelta de la democracia o los hijos, que quizás se llaman Lucía. La expresión de la gente que sale del teatro es apacible. Hablan. 

Comparan si está cantando mejor o peor que en Boca, en Ferro, en Atlanta; conversan de a grupitos sobre alguna canción y cuánto honor le hizo (o no) el artista invitado a cantarla a dúo; se apuran porque les cierra el estacionamiento o discuten si ir hasta Guerrín o quedarse en Las Cuartetas. Acaban de vivir un momento de intensidad suficiente para que no les saque el apetito. Acaban de estar en una especie de sesión que, con sus canciones, quizás los haya hecho pensar en sí mismos. Justamente por eso también, parecen considerarlo un interlocutor con el que tienen algún tipo de compromiso. Será hasta la próxima. 


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